Miércoles, 18 enero, 2017

Agraft exige un plan ferroviario integral a medio plazo que articule el desarrollo de la economía granadina

"Lo que se plantee a partir de ahora debe basarse en estrictos y rigurosos criterios de funcionalidad y mejora del tráfico ferroviario, sin obviar la eficiencia energética, la seguridad y la intermodalidad", asegura la asociación.

Foto: Álex Cámara
Gabinete


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“La Asociación Granadina de Amigos del Ferrocarril y del Tranvía (Agraft) solicita a las instituciones, partidos políticos y fuerzas sociales granadinas que dejen de confrontar con el ferrocarril y trabajen para elaborar un Plan Ferroviario Integral que recoja las demandas en materia de infraestructuras ferroviarias de la provincia de Granada para los próximos 25 años.

La sociedad granadina sólo se está preocupando de la llegada de la alta velocidad pero está obviando por completo de este debate a los servicios de cercanías y media distancia, así como a las mercancías y las terminales intermodales de transporte. Mientras se espera la llegada de la alta velocidad, el tren normal y sus instalaciones se están desmantelando porque los ciudadanos han sido expulsados del ferrocarril hacia el transporte por carretera. Estamos ante la segunda muerte del tren. Y como se siga confrontando con el paso por Loja o la integración en Granada, la incorporación a la moderna red ferroviaria tendrá nefastas consecuencias como ya las tuvo en su origen la tardía incorporación del ferrocarril en el Sureste Andaluz. Es hora de agarrar lo que ofrezca el Ministerio de Fomento, generar demanda de uso ferroviario y así poder seguir reclamando continuas mejoras futuras.

Los granadinos y sus políticos siguen infectados del virus ave: un modelo de transporte ferroviario basado en una serie de corredores exclusivos de Alta Velocidad, que en nada están justificados atendiendo a los tráficos de viajeros que soportan, pero que ha establecido una endiablada espiral de agravios territoriales por tener un Ave en doble vía, construir grandes estaciones y realizar soterramientos a modo de grandes operaciones urbanísticas generadoras de suculentas plusvalías inmobiliarias. Se observa una relación amor-odio entre el tren y la ciudad: se le quiere, se le desea pero se le esconde al llegar a la ciudad sin sopesar si es realmente necesario o si existen razones técnicas o económicas que los justifiquen. La Agraft ya está vacunada contra el virus, pero es muy resistente de combatir, sobre todo por la tozudez de quienes lo llevan inoculado, unos de los síntomas más acentuados.

Si hasta ahora ha imperado este modelo, lo que se plantee a partir de ahora debe basarse en estrictos y rigurosos criterios de funcionalidad y mejora del tráfico ferroviario, sin obviar la eficiencia energética, la seguridad y la intermodalidad. Por tanto, se trata de hacer más con los escasos recursos disponibles.

La Agraft se ha caracterizado desde su constitución por su independencia y la suma de voluntades en torno al ferrocarril en Granada. Por ello, ha formado parte en todos aquellos foros de participación en donde ha sido requerida, escuchada y respetada. Esta modesta asociación ha planteado propuestas y ha solicitado trabajo serio y riguroso. La respuesta siempre ha sido la misma: banderas, pancartas y movilizaciones, claro de no más de 200 participantes. Y es que el tren ya ha dejado de estar entre las prioridades de los granadinos”.

 

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