Viernes, 20 enero, 2017

24 horas en Punta Umbría



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Este verano recibí una invitación de mi buen amigo y compañero de promoción D. Francisco Peinado, Presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Huelva para formar parte del Comité de Honor de las IV Jornadas Farmacéuticas Andaluzas. Con un título extraordinariamente sugerente: “La Farmacia de Punta a Cabo” que nos recuerda lo extenso de la autonomía andaluza, este evento se ha desarrollado durante los pasados días 20 y 21 de marzo.

Cuatro horas de viaje en coche separan Granada de Huelva, cuatro horas que fueron muy entretenidas tanto a la ida como a la vuelta. El primer desplazamiento conversando con D. Alberto Ramos-Cormenzana profesor jubilado. Para mí representa la experiencia de un brillante recorrido profesional como científico farmacéutico culminado con el cargo que actualmente ostenta, la Presidencia de la Academia Iberoamericana de Farmacia. El retorno, con un joven farmacéutico, D. Miguel Ángel Espinosa responsable de relaciones institucionales de Lilly. Hablamos sobre el funcionamiento de una multinacional farmacéutica de productos innovadores. El coche convertido en entretenida aula. Curioso contraste entre veteranía y juventud. Escuché atentamente las maneras de proceder de una ilustre academia y de una moderna multinacional. Ambas enriquecedoras.

Hotel Barceló: un entorno atractivo por el paisaje de las playas de Punta Umbría y un sol radiante que nos acompañó durante las jornadas.

Y bien, ¿cuál es mi apreciación en relación a lo que allí se ha debatido? Pues desde una posición de farmacéutica, pero sin estar al frente de una farmacia comunitaria, he aprendido y me he sorprendido.

Hasta la fecha solo había participado en congresos científicos y en los últimos años alguno docente. Es el primer congreso profesional al que asisto. Me ha llamado poderosamente la atención introducirme en un mundo nuevo, el del a empresa. He comprendido que la profesión de farmacéutico comunitario tiene dos vertientes: la primera como profesional de la salud (aunque la profesión farmacéutica ha estado tradicionalmente condenada a justificar su interés sanitario) y la segunda como empresario. Una empresa tiene que ser sostenible o al menos solvente y actualmente la disminución del precio del medicamento es una tendencia mundial. En relación a esto se ha llamado la atención sobre una perversidad del lenguaje ¿por qué se habla de “Gasto Farmacéutico” y no de “Coste de la prestación sanitaria”?

He aprendido mucho escuchando a mis colegas farmacéuticos. He aprendido, que forman una profesión que está bien formada e informada. Durante las intervenciones fueron varias las referencias al futbol. Confieso que estoy orgullosa de ser seguidora del Atlético de Madrid y su eslogan creo que podríamos aplicarlo actualmente a la profesión farmacéutica: “La fuerza del equipo el valor del sacrificio”. Eso es lo que he apreciado durante estas jornadas, un gran equipo. Grandes profesionales preocupados por dar los mejores servicios al paciente. He comprobado que los distintos eslabones de la cadena del medicamento, Industria, Distribución y Comercialización gozan de unas fluidas relaciones. Existe una excelente sintonía entre ellos; tienen objetivos comunes y caminan en una misma dirección. En relación al “valor del sacrificio” todo está dicho. El sacrificio que desde hace unos años vienen realizando al soportar heroicamente los sucesivos decretos que les han supuesto una reducción del 27%.

Efectivamente no estamos en el mejor escenario y la profesión farmacéutica viene padeciendo la presión de la actual situación económica. Pero ello ha traído, aunque parezca mentira, algo bueno. Ha generado un gran debate sobre la profesión. Esta situación ha servido para mirar hacia dentro y hacer una profunda reflexión. Tenemos que hacer una reconversión.

Como dice la sabiduría popular que encierra el refranero “No hay mal que por bien no venga”. Recordemos cómo se comercializó la penicilina. Es evidente que una guerra solo trae negativas consecuencias. Pues bien, se dice que la penicilina fue uno de los pocos beneficios de la Segunda Guerra Mundial. De no ser por la necesidad urgente de un agente curativo, no se hubiera dedicado tanto empeño, esfuerzo y dinero a su investigación. Tan solo 13 años después de su descubrimiento ya estaba comercializada. Todo un record.

La reconversión ha comenzado. Algo está cambiando, algo puede cambiar. Ahora hablamos de cartera de servicios, de atención farmacéutica de seguimiento farmacoterapeutico. Ahora queremos poner como objetivo final, no solo el producto, sino el paciente.

La farmacia actual no goza de buena salud. Durante los debates de estas jornadas se ha realizado el diagnóstico. Ahora nos toca poner un atinado tratamiento tras el cual estoy segura de que saldremos fortalecidos.

Efectivamente, aunque hace unos días llegó la primavera, llueve fuera y con la que está cayendo es difícil tener optimismo. Pero no vamos a quedarnos de brazos cruzados esperando a que escampe, vamos a aprender a trabajar bajo la lluvia y cuando definitivamente salga el sol la profesión farmacéutica será imparable.

Goethe decía que lo importante no es dónde estamos, sino hacia donde nos dirigimos y creo que vamos por el buen camino. Creo que la farmacia debe ir hacia una labor asistencial y esa tendencia es ya creciente en todo el mundo, especialmente en Europa. Tenemos que tender a ser pieza clave el Sistema Nacional de Salud y hacer posible un seguimiento farmacoterapeutico necesario, eficaz y rentable.

Personalmente me quiero alinear por los que caminan hacia esta farmacia asistencial y, en la medida de mis posibilidades, trataré de infundir en los futuros farmacéuticos que están en las aulas que deben seguir ese sendero. Creo en proyectos grandes e ilusionantes y este es uno de ellos, cambiar la farmacia y hacer una profesión que genere confianza en el paciente.

En tan solo 24 horas en Punta Umbría he encontrado respuestas y he encontrado amigos. Entre todos vamos a conseguir ese nuevo modelo de farmacia al que aspiramos.

 

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