La mayoría de lagunas de Sierra Nevada ven reducido su caudal de forma drástica por la sequía

En la de la Caldera, entre otras, su columna de agua ha descendido progresivamente debido a la falta de precipitaciones y al aumento de temperaturas por el cambio global

Laguna de la Caldera, Sierra Nevada - Foto Alejandro Lara
La Laguna de la Caldera tiene muy poca agua este verano | Foto: Alejandro Lara
María José Ramírez
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El descenso de precipitaciones y el aumento de las temperaturas como efectos del cambio global están afectando a todas las lagunas de Sierra Nevada y una de las más perjudicadas es, sin duda, la Laguna de la Caldera, una laguna cerrada que está situada en la cara sur de Sierra Nevada, en la cabecera de la cuenca del río Poqueira. Esto ha llamado la atención de muchos senderistas que han transitado ya por la zona este verano, especialmente los que suelen hacer sus rutas por allí en época estival, ya que les ha impactado la imagen de la laguna casi vacía. Desde que el Parque Nacional de Sierra Nevada tiene registros, la columna de agua de la Laguna de la Caldera “ha ido descendiendo progresivamente, aunque sí que es verdad que en años anteriores ya se habían registrado situaciones parecidas como efecto de otros años de sequía”, asegura a GranadaDigital el director del Parque Nacional de Sierra Nevada, Francisco Muñoz.

No solo la Laguna de la Caldera ha visto reducido su caudal de forma drástica, también otras lagunas de alta montaña en Sierra Nevada como la Laguna del Veleta o la Laguna de las Yeguas, cuya situación también ha llamado la atención de muchos senderistas, que lamentan la poca cantidad de agua que tienen este verano. Acostumbrados a disfrutar durante sus rutas de la belleza que aportan estas lagunas en los valles en mitad de la montaña y también de los neveros, lamentan que este verano todo ha cambiado.

Las lagunas de Sierra Nevada son calificadas por los científicos como verdaderos oasis glaciares. El director del Parque Natural explica que son “unos singulares ecosistemas heredados de las glaciaciones y que se forman como acúmulo del agua del deshielo en los circos glaciales. Dichos ecosistemas pueden reflejar con rapidez los efectos producidos por el cambio global, como se ha podido comprobar en algunas lagunas, pero en otras estos cambios no están siendo tan evidentes a corto plazo, como, por ejemplo, en la Laguna Larga, donde la columna de agua ha tenido pocos cambios”.

Lo que sí ha afectado a todas las lagunas de Sierra Nevada ha sido la llegada de polvo procedente del Sáhara, que ha provocado diversos cambios en estos singulares ecosistemas. “Uno de ellos es el aumento de nutrientes, principalmente calcio, nitrógeno y fósforo, influyendo en los delicados ciclos biogeoquímicos. Otro de los efectos que el polvo sahariano ha tenido en las lagunas de Sierra Nevada ha sido el incremento de la turbidez del agua por la presencia de partículas en suspensión, limitando la entrada de luz y favoreciendo un enfriamiento del agua en las zonas más profundas de las lagunas. Todos estos cambios pueden influir en las comunidades de plancton que en ellas habitan”, detalla el director del Parque Nacional de Sierra Nevada.

En este macizo montañoso, el de mayor altitud de toda Europa occidental tras los Alpes, se contabilizan alrededor de 74 lagunas y lagunillos en los distintos valles. Las lagunas, en líneas generales, tienen un tamaño de entre 10 y 50 metros, con una profundidad menor de ocho metros, mientras que los lagunillos son pequeñas lagunas, que por su tamaño podrían incluso ser clasificadas como charcas. Los lagunillos tienen un tamaño inferior a diez metros y una profundidad muy somera, por lo general, menos de un metro.

Varias lagunas de Sierra Nevada mantienen agua durante todo el verano. Algunas de las más importantes son la mencionada Laguna de la Caldera, Aguas Verdes y Río Seco. Todas ellas están situadas en la vertiente sur de Sierra Nevada. “Por el contrario, tenemos Laguna Larga, una de las más profundas y con mayor extensión, que forma parte de la cuenca del río Genil”, apunta el director del Parque Nacional, quien también destaca el conjunto de siete lagunas, con la Laguna Hondera, la Laguna del Borreguil o la Laguna de la Mosca, que es una de las más emblemáticas de Sierra Nevada por la belleza de la zona en la que se encuentra enclavada, en la base del pico Mulhacén.

El cambio climático provoca que el futuro de estos ecosistemas acuáticos de alta montaña, tal y como se conocen hoy en día, sea “incierto” debido a “sus limitadas posibilidades de adaptación a los efectos del cambio global”, como remarca Francisco Muñoz. “Se ven amenazados por la alteración de las condiciones climáticas que han hecho de ellos puntos calientes con gran número de especies relictas, especies en retroceso limitadas a un espacio pequeño. La previsible disminución de la precipitación podría ser determinante para ríos y lagunas, viéndose reducidos sus caudales de forma drástica, aún más teniendo en cuenta que nos encontramos en latitudes con una clara influencia mediterránea”, añade.