Impresiones, sugerencias y otras reflexiones sobre 'Federico, en carne viva', drama de José Moreno Arenas

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José Moreno Arenas a la izquierda, acompañado de Francisco Velasco Rey, a la derecha | Foto: Gabinete
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Desde un principio podemos decir que el título de la obra es acertado en cuanto a carga dramática del mismo, es significativo que la aposición calificativa sobre Federico insiste en el concepto de metateatro, por la paradoja de unir la muerte con la vida y cuanto menos con un sentido místico o alegórico que encarna y trasciende una vida sobrevenida o abordada fuera de lo que representa a modo de hipálage, de un sufrimiento o dolor que procede de una herida vital que no coincide con la verdad de su testimonio, o sea, de lo que realmente siente Federico. Como novedad significativa, pues parte de un texto inusitado, fuera del presentismo que recoge tanto de la hermenéutica de nuestro presente como de nuestro pasado histórico. Por lo que se le podría valorar como genial –se oía entre las ovaciones del público– el quehacer de un dramaturgo que arriesga con valentía al interpretar de modo diferente a como nos tienen acostumbrados los cánones institucionales.

Sobran razones, por ello, para plantearnos que el dramaturgo interactúa con su obra de modo magistral y comprometido, como en su día hizo José Sanchis Sinisterra con ¡Ay, Carmela!, obra en la que los personajes optan por sobrevivir o morir con dignidad; y ahora José Moreno da un paso más, porque se confronta esa misma actitud pero entre actores, personajes y creador. Así, podemos afirmar que José Moreno recoge la huella del teatro del compromiso de los años 50 de Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre, en el que se analizan los fracasos y miserias, la rebeldía, para despertar la conciencia o el alma dormida, como diría Antonio Machado. Con empatía Moreno lo lleva a nuestros días para desenmascarar el mundo de las apariencias, de la desafección crítica o desinformación, de la hipocresía social que recuerda a su paisano y amigo el granadino José Martín Recuerda, de un teatro realista de los años 60. Por otra parte, lo conducirá a finales de los 60 y principios de los 70, al nuevo teatro vanguardista y experimental, que apunta y señala la deshumanización de la sociedad, en la línea de José Ruibal, Manuel Martínez Mediero y Fernando Arrabal, entre otros.

En este sentido, incorpora el efecto de extrañamiento y de inmersión cuando introduce en el drama al espectador, antecedentes que sirven a nuestro autor alboloteño para dar rienda suelta a su creatividad y repensar a Lorca de modo diferente, entre una confrontación entre la ficción y la realidad de otra realidad a la que nos tienen acostumbrados las versiones académicas o de los estudiosos críticos de un ente institucional. Por tanto, se podría decir que la temática recupera el mensaje del texto, una temática que nos replantea reflexiones sobre nuestro poeta dramaturgo universal en torno a posibles diagnósticos psicológicos o psicopatológicos por la imposibilidad de tolerar otra realidad dolorosa lorquiana o como refugio en sus delirios para no aceptar la trágica realidad incomprendida de su vida, tras una contingente interpretación de su muerte simbólica en vida, al no conseguir retener a su amor, el rubio de Albacete, Juan Ramírez de Lucas, cuando su destino trágico le apremia.

Así pues, si de algo estamos seguros, es de que Moreno Arenas interpreta el deseo y el teatro a través de un lenguaje y paralenguaje de un juego de máscaras, en el que se yuxtaponen una ficción y una realidad contrapuestas, con una simbiosis de identidades en devenir y superpuestas en dirección hacia la libertad y la dignidad quijotesca del amor, frente al fracaso y el desencanto existencial de una literatura que reflexiona sobre el proceso creativo dentro de la obra, como ya hizo en su día Unamuno. Pero es una apuesta contundente y actual por una metaficción sobre la creación literaria, que nos sirve gracias a su hermenéutica para desmontar mitos sobre Lorca.

Por último, habría que señalar el efecto de la catarsis, cuyo tratamiento varía desde la sátira mordaz a una reflexión irónica, o con acertados tonos humorísticos paródicos/paranoicos por la actitud ante la crueldad de la línea roja que separa y sobrepasa la vida y muerte de Lorca.

Otro comentario a destacar podría ser la preocupación de abrir ventanas de aire fresco gracias al poder de su lenguaje sugerente, que pone en valor la cercanía con la actualidad, con un guiño para reclamar la autonomía propia hacia el amor como un canto a la libertad para elegir y decidir sobre lo que podríamos pensar que quiere el autor de Fuente Vaqueros. Dicho de otro modo, se trata de una propuesta de abordar la interpretación de la lectura de Lorca y, por tanto, de su vida como metáfora de la condición humana, es decir, la soledad en el sentido de la incomprensión.

En definitiva, solo me faltaría decir que, dado el ingente campo de interpretación que despierta la obra lorquiana, me atrevo a afirmar que la que hace el dramaturgo objeto de esta crítica supone una espléndida aproximación, y renovada en un panorama o mapa actual con múltiples tendencias que demandan reinventarse por una obra y autor tan vivos como cada uno pueda ver si se quiere comprender algo nuevo y fluyente. Si el lenguaje literario es plurisignificativo y holístico, por cuanto exige del espectador o lector una lectura más atenta, reflexiva y actitud abierta, aquí lo ha conseguido sin lugar a dudas por interpretar y compartir sentimientos e ideas que nuestros dramaturgos intentan transmitir de un modo único, por su capacidad interpretativa y porque sus personajes se convierten en símbolos de ideas, preocupaciones y comportamientos para que aprendamos a pensar por nosotros mismos, a no dejarnos llevar por lo que piensen otros sobre deleznables comportamientos humanos, puestos en tela de juicio. De tal modo que lo ideológico pierde su papel frente a lo artístico y humanístico con conciencia de desafío a lo establecido, que caracteriza a un autor a caballo entre la figura de un autor clásico y la de un creador de arte por el arte, conjugando a la perfección la forma y fondo ante un nuevo contenido. Juzguen ustedes.

Vestuario acorde, escenografía adaptada, música, movimientos de los actores, iluminación adecuada, dirección y puesta en escena…; en un análisis de conjunto habría que destacar que todo se conjuga al logro de una tensión dramática conseguida en el espectador de principio a fin, a través de momentos culminantes, lo cual contribuye a que se mantenga la atención y el interés incrementado hasta el desenlace, de modo que se adecúa o se pone en marcha perfectamente el conflicto, ajustado a un tratamiento del tiempo en armonía a la representación, acción y tiempo aludido. Respecto al diálogo y monólogo, hacen que la acción avance adecuadamente y manejen el juego escénico, realzando el dramatismo y la emoción connotativa de lo que trasciende, en un clímax de gradación acorde al carácter trágico y metafórico de la acción teatral, sugiriendo a veces tanto o más como lo que se dice; véase, por ejemplo, en las breves intervenciones y actuaciones de María Josefa y Buster Keaton, que contribuyen a la esencialización escénica junto con el simbolismo que añaden los objetos; obsérvese, por ejemplo, en la alcantarilla, el pozo y el manuscrito. Recursos caracterizadores que reúnen peculiaridades manteniendo lo imprescindible; por ejemplo, personajes provistos de individualidad en la platea, que con su excelencia hacen partícipe de modo implícito al espectador. Quizá desde la empatía de buscar el lado más humano y menos teatral, pero más dramático, para conocer la verdad y libertad de la función poética o literaria en un contrapunto y simbiosis excelentes, fundamental para la comprensión de la obra.

Obra: Federico, en carne viva
Autor: José Moreno Arenas
Compañía: Karma Teatro
Director: Miguel Cegarra
Intérpretes: José Carlos Pérez Moreno, Ana Ibáñez, Rosana Carrasco y Marina Miranda
Escenografía: YaniPi
Iluminación: Pilar Velasco / Israel Si
Vestuario: Lola Piña
Modista: Isabel
Coordinación vestuario: M.ª Dolores Rodríguez
Arreglos musicales: Manuel Martínez
Producción: Karma Teatro
Lugar: Auditorio José Martín Recuerda (Almuñécar, Granada)
Fecha: 16 de mayo de 2024