El éxodo de Deifontes a la vendimia francesa: "Somos los que más gente enviamos de Granada"

Sandra Fajardo, una joven de 33 años natural del municipio, afronta su decimonoveno seguido viajando al país vecino: "España está cada vez peor"

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Así se prepara Sandra Fajardo, una vecina de Deifontes que parte a la vendimia francesa por decimonoveno año consecutivo | Fotos y vídeo: Celia Pérez
Miguel López Rivera
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La entrada a Deifontes desde la carretera que conecta con la Autovía de Sierra Nevada está repleta de carteles que dan la bienvenida al visitante. También hay murales. Uno de ellos recuerda el hermanamiento de este municipio con la comuna francesa de Vidauban, hacia donde cada año desde hace décadas se produce un éxodo masivo de vecinos del pueblo para hacer la vendimia. "En Deifontes hemos ido todos alguna vez", resume un concejal del mismo equipo de Gobierno del Ayuntamiento. "Nosotros somos los que más gente enviamos de toda Granada", añade Sandra Fajardo, una joven de 33 años natural de esta localidad, donde reside. Esas dos realidades quizás expliquen la sensación de vacío que se respira nada más penetrar sus calles pese al hecho de que acaben de terminar las fiestas patronales.

Sandra es una de las 4.000 personas de la provincia de Granada que, según las estimaciones de UGT, se desplazarán a la vendimia francesa entre este mes de agosto y septiembre. La cifra de temporeros del campo que harán esta particular campaña ha aumentado este año en más de un 33% respecto al pasado, cuando unos 3.000 trabajadores empacaron las maletas y salieron rumbo al país vecino. Su historia es una más de las muchas que cada verano encuentran un desahogo económico al cruzar los Pirineos. Pueblos como Montejícar, Zújar, Moclín, Iznalloz o Guadahortuna cuentan con numerosas cuadrillas, aunque no todos parten a la misma vez, pues los trabajos de talla, desfollonado o recogida varían en función de la zona de Francia a la que se acuda.

A la que actualmente va Sandra es la ya mencionada de Vidauban y también a Le Luc, dos pueblecitos a unos 40 minutos de la turística Saint-Tropez, por lo que cogerá carretera y manta en una fecha aún por determinar, pero antes de septiembre. "Me he pasado unos 13 o 14 años yendo a un pueblo a unas tres horas de Lyon. Desde hace dos o tres, adonde voy es Le Luc y Vidauban, a 40 minutos de Saint-Tropez porque esta expedición la organiza un miembro de mi familia. Gracias a Dios, de ahí no nos ha hecho falta movernos mucho", explica la joven, quien lamenta la falta de oportunidades en España. Aquí, dice, ha trabajado sólo dos veces como administrativa en el consultorio médico de Deifontes y limpiando el colegio del municipio, y eso gracias a que tiene un grado medio de FP en Gestión Administrativa. "Intenté hacer el grado superior, pero empezó el Covid y no pude. Me dedico a lo que puedo".

Esa precariedad es la que le llevó con 14 años a embarcarse por primera vez en la aventura de la vendimia francesa. Un trabajo como temporera que en su familia ha ido pasando de generación en generación: "Mis padres estaban acostumbrados de toda la vida. Ellos me empezaron a enseñar. Mis abuelos también se han ido y mi familia proviene del campo. Tal y como está España, nos hemos acostumbrado a eso". "Yo me voy todos los años porque no me queda más remedio. En España por más que busques no encuentras, y lo que encuentras no vale la pena. No tengo otra cosa. Vivo sola, no tengo niños ni cargos, pero aun así tengo que vivir. En Francia siempre vas a ganar más que en España, que cada vez está cada vez peor y no encuentras nada por ningún sitio. Claro que me gustaría quedarme en mi pueblo, pero cuando no tienes otra cosa, tienes que echar mano de Francia porque sabes que siempre va a estar ahí", reitera.

Salario en la vendimia francesa

Desde UGT señalan que el salario que deben percibir los vendimiadores dependerá de la categoría profesional en la que hayan sido contratados: cortador, vaciador o porteador y del departamento francés en el que trabajen. Este salario se establece en las distintas comisiones mixtas, lo que equivaldría a los convenios colectivos. Pero nunca podrá ser inferior al salario mínimo interprofesional de crecimiento (SMIC), el cual se fija en 11,52 euros/hora para 2023. También se destaca que en Francia, la jornada laboral es de 35 horas semanales, y que, al superarlas, se cobran horas extraordinarias. Con más de 35 horas, y hasta 43 horas a la semana, una mejora del 25%; con más de 43 horas a la semana, una mejora del 50%.

Pero para Sandra, la vendimia "a veces merece la pena y otras veces no". "Normalmente te sueles traer de 1.000 a 1.400 euros. Depende un poco de las horas y de cómo esté la cosecha ese año. Sí que noto que este año se va más gente. Lo notas a partir de mayo", sostiene. Y es que los periodos de expediciones a lo largo del año se dividen en tres en función del estado de la vid. Desde enero hasta el quinto mes del año se desarrolla la talla de la viña. Entre entonces y julio, el desfollonado, y en agosto y septiembre, la recogida. "Yo, con esta, ya me habré ido tres veces este año", sintetiza lacónicamente.

En el caso del contrato de vendimia, UGT destaca que la legislación francesa prevé la exoneración de las cuotas de enfermedad y jubilación del asalariado. Esto supone un incremento salarial del 12,25%, sin que se pierdan los derechos de jubilación y seguridad social. Sobre las distintas coberturas sociales, Sandra subraya que incluso "estamos asegurados para cobrar el paro". "Te aseguran hasta el último día. A nadie le pagan más que a mí. Sí le pueden pagar un poquito más a los encargados", agrega antes de recordar que "de allí no nos vamos hasta que no se acaba la uva". "El año pasado llegamos el 13 de octubre y nos fuimos el 21 de agosto. A última hora salió un cortijo nuevo y ya lo aprovechamos. En total, de media, un mes y diez días, más o menos", calcula.

Preparativos, día a día en Francia y añoranza

Mientras la protagonista de esta historia relata los entresijos del desplazamiento que está a punto de afrontar, prepara la maleta con algunas de las prendas que no pueden faltar. Lo de llevar embutidos y chacinas, asevera, ya no es tan habitual como antes, aunque hay quien lo sigue haciendo: "La gente cada vez se lleva menos comida. Entre mi hermano y yo sí que nos llevamos algunos embutidos, sobres de sopa, aceite de oliva, geles de baño o tomate frito, pero nada más". "Depende de la temporada en la que vayas, te sueles llevar un poco de más comida o de menos, y normalmente ropa. De más invierno, de más verano, impermeables, botas de agua, guantes para trabajar, gorra, riñonera... Cosas así", enumera.

El día a día lo califica de "muy sencillo y superaburrido" porque "te levantas a las cuatro de la mañana, te vas a trabajar y hasta las tres o cuatro de la tarde no llegas a tu casa. Te das una ducha rápida, comes algo caliente y para las nueve estás acostado. Allí no tienes tampoco mucha vida". Y preguntada sobre qué es lo que más echa de menos, su respuesta inmediata es "la gente". Comenta Sandra que "la simpatía y la amabilidad" cambia mucho de un país a otro". "España es muy diferente a Francia y echo muchas cosas de menos de España cuando me voy. Los franceses son como más cerrados, antipáticos y malpensados de los españoles", opina. E incluso considera que "les hacen a veces racismo a los españoles porque piensan mal de ellos". "Esa es una cosa que echas de menos de España. Y luego, lógicamente, tu casa y la comodidad de tu casa", apostilla. ¿Y algo más? Sí. "Hasta la televisión".