Las cinco comidas típicas para hacer en Semana Santa

Todas las recetas, elaboradas con ingredientes sencillos, no tienen carne por la tradición de la Cuaresma

Receta - Moira Nazzari en Pixabay
El el caso de los postres, la mayoría lleva en sus ingredientes huevos, leches, harina, azúcar o miel | Foto: Pixabay
Milena Díaz Rodríguez
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Además de las procesiones y espiritualidad que marcan la Semana Santa, estas fechas también cuentan con una gastronomía especial, con platos típicos que pasan de generación en generación. Todos tienen algo en común: no llevan carne por la herencia de la tradición de Cuaresma.

Son muchas las personas que evitan comer carne y la vigilia ha potencializado la imaginación de cocineros y pasteleros, lo que ofreció un largo listado de comidas típicas y ricas que siempre están en las mesas de los hogares y restaurantes españoles durante esta época del año. 

Para seguir con la tradición, traemos cinco platos típicos de Semana Santa que no puedes dejar de probar. 

1. La sopa de ajo

La sopa de ajo o sopa castellana es un resquicio de las épocas de escasez y una de las recetas que surgieron de la necesidad de aprovechar todo (huesos, verduras secas o pan duro, por ejemplo) para llenar el estómago.  

Aunque tenga origen, aparentemente, en Castilla, la receta de este plato típico ganó infinitas variedades regionales. Tradicionalmente, la sopa de ajo está basada en un caldo preparado con pan duro de hogaza, ajos y agua enriquecida con jamón o huesos (la versión habitual) y, además, también se le suele añadir pimentón y huevo. A lo largo del territorio español, hay diferencias en la hora de prepararla, en Andalucía, por ejemplo, se añade coliflor al agua de cocción y se omite el pimentón, además de cocinarse durante más tiempo para que espese.

2. Los buñuelos de viento 

Como no se permitía comer carne durante la Cuaresma, se desarrollaron muchos postres elaborados con huevos, leches, harina, azúcar o miel, ya que el ayuno de este periodo solo dejaba tomar una comida al día y se necesitaba energía para aguantar las jornadas laborales. 

Entre estas recetas surgieron los buñuelos de viento, que pueden ser encontrados durante todo el año, pero son especialmente frecuentes en la Semana Santa. Su preparación es sencilla y lleva ingredientes que solemos tener a disposición en nuestras casas: harina, agua, aceite, leche, azúcar, levadura, huevos, una pizca de sal y mantequilla. 

Para hacerlos, basta mezclar la harina con la levadura mientras ponemos un cuarto de litro de agua con la mantequilla, la corteza de un limón y sal para hervir en una olla. Luego, añadimos la harina para tener una masa espesa, que quedará fuera del fuego por cinco minutos. A continuación, sumamos cuatro huevos (uno en uno) a la masa, hacemos bolitas y los freímos en aceite caliente. Por fin, las ponemos en un papel absorbente y se pasa por el azúcar. Se pueden comer solos o rellenarlos de nata o de crema pastelera.

3. El potaje de vigilia 

Esta es una de las recetas que más se hace durante los días de Semana Santa y suele estar presente en todas las celebraciones familiares en estas fechas. Su principal ingrediente es el bacalao en salazón pero, como cualquier potaje, se trata de un guiso que se hace partiendo de un sofrito. Se empapa con un caldo y se cuecen las legumbres hasta tenerlas en su punto, luego se añade el pescado.  

Así, junto al bacalao, se tiene los garbanzos y espinacas o en su variante alubias blancas, cebollas, dientes de ajo, rebanada de pan, sal, pimentón y aceite de oliva. Es importante decir que tanto los garbanzos como las alubias deben ser dejados previamente en remojo para que se cocinen más fácilmente. 

4. Las torrijas 

Sin duda, las torrijas es uno de los primeros postres que vienen a la cabeza cuando pensamos en Semana Santa. Este dulce tiene una historia curiosa y milenaria, pero sigue entre los favoritos de mucha gente en estas fechas. En su origen, la tenían como un plato especialmente destinado a las mujeres parturientas, por ser una receta hecha con ingredientes sencillos (y baratos), además de ser calórica, ideal para darles energía.   

Así, aunque existan variaciones de acuerdo con las ciudades de España, las torrijas son un postre basado en una rodaja de pan empapada en leche y rebozada en huevo que se fríe y se puede acompañar de lo que más nos guste. 

Los ingredientes  necesarios para hacer este dulce son una barra de pan duro, leche, huevos, limón, ramitas de canela, aceite de oliva, canela molida y azúcar. La preparación también es muy sencilla y comienza hirviendo la leche con una rama de canela y la corteza del limón. Cuando esté hirviendo, se retira y se pasa por un colador. El pan se corta en rodajas gorditas y se empapan en la leche (cuando esté fría) hasta cubrirlas por completo. Cuando las rebanadas de pan estén bien empapadas, se retiran y se pasan por el huevo batido y se fríen en aceite abundante. Antes de servir, se escurren bien en papel absorbente y se rebozan bien en una mezcla de azúcar y canela.

5. Las patatas viudas 

Llevan el término 'viudas' en el nombre por la ausencia de carne y son más un ejemplo de cómo con pocos ingredientes se puede lograr una receta deliciosa y barata. La clave de su preparación está en el punto de las patatas, que deben estar cocidas pero no deshechas, además del caldo tener una consistencia más espesa. 

Entre los ingredientes están las patatas, pimiento, cebolla, dientes de ajo, pimentón, aceite, sal y una hoja de laurel. Así como sus componentes, las patatas viudas no suelen tener una preparación complicada. Se comienza pelando a las patatas y troceando de forma irregular. En una cazuela, se rehoga el pimiento, la cebolla y el ajo, se añaden las patatas y luego el pimentón y la sal. Se cubre con agua dejándolas cocer con una hoja de laurel (para que tenga más sabor) aproximadamente unos 40 minutos. Al final, se puede poner un poco más de pimentón y aceite antes de servir.