Tato Rébora: “Mi intención es recuperar La Tertulia como lugar de encuentro”

El fundador del mítico local habla sobre sus experiencias, nuevos proyectos y la capacidad del tango para resistir ante la adversidad

Reportaje LA Tertulia Carlos Gijon_-9
Tato Rébora atesora muchos y valiosos recuerdos en La Tertulia | Foto y vídeo: Carlos Gijón
Pablo Domínguez Calderón
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Horacio Rébora, Tato, partió de Argentina tras el Golpe de Estado de 1976. Entonces, su destino fue Suecia y no Granada. En el país nórdico, nos cuenta, era asiduo de un bar-librería del que, además, hizo un dibujo que todavía guarda. En él aparece una puerta de madera abierta, situada al lado de una ventana que ilumina los anaqueles colocados frente a una pequeña barra. En el primer plano, hay un libro abierto y, en las mesas, dos siluetas solitarias y acomodadas, como si esperaran algo o a alguien.

Lo que Tato no sabía es, que para que para llenar ese espacio, para vitalizarlo, debía partir a Granada. En primer lugar, le puso un nombre, 'La Tertulia', le dio una geografía, la Calle Pintor López Mezquita y, a partir de entonces, artistas y escritores harían el resto: el pintor Juan Vida le dio color; Miguel Ríos, Carlos Cano, Paco Ibáñez, Enrique Morente, música; García Montero, Javier Egea, Benedetti, poesía; Juan Carlos Rodríguez y Mariano Maresca, intelectualidad; y algunos cantantes, como Osvaldo Jiménez, las grandes noches de tango, entre otros.

La Tertulia cumplió durante el confinamiento cuarenta años.  Tato es esa alma latina e idealista que consigue perpetuar su bar como un espacio único. Además, es el organizador del Festival Internacional de Tango, que el próximo mes de mayo tendrá su trigésimo tercera edición.

Comenzamos con un verso de García Montero: la misma noche cálida de rostros conocidos. Habla de la nocturnidad y la camaradería, ¿cómo era esa calidez de la Tertulia?

La Tertulia, en la primera época, fue un lugar de encuentro. Yo no era totalmente consciente de ello; casi nadie lo era, aunque en realidad todos eran un poco más conscientes que yo. Digamos, que yo era un paracaidista y los demás eran gente de Granada. En aquel entonces, se dieron cita mucha gente ya reconocida en la ciudad, de los cuales, muchos tendrían una alta proyección a nivel internacional diez o quince años después. Fue un lugar realmente fecundo. Sin embargo, la cultura en Granada se fragmentó y, con ello, se debilitó. Diría más, se degradó.

De hecho, una de las cosas que yo postulo es la necesidad de que se vuelvan a encontrar todas las distintas áreas del arte y el saber, que es lo que ocurrió durante los primeros diez años en la Tertulia. En este lugar, como dices, había mucha calidez y armonía; también interacción, preguntas, grandes preguntas; algunas se respondían con osadía, otras se dejaban como “interrogantes picando”, como inquietudes depositadas en el ambiente. Siempre resalto las grandes preguntas que hacía Enrique Morente. Él levantaba el nivel de las conversaciones.

Que la Tertulia sea un lugar de encuentro va a ser mi proyecto cuando se reabra, quizá en septiembre o en octubre. Quiero que vuelvan a estar mezclados los distintos ámbitos culturales de la ciudad.

Leí que dijo, sobre sus nuevos proyectos, que si bien estamos acostumbrados a que la cultura divulgue lo complicado, usted pretendía “complicar lo vulgar”, ¿a qué se refería?

Esa es una referencia a una ilusión que todavía no he concretado. Quería y quiero hacer un encuentro sobre los bares. No existe un estudio sobre los bares. Sin embargo, si vamos a la Biblioteca de Andalucía y pedimos un ensayo sobre vajillas precolombinas, por ejemplo, te sacan tres o cuatro libros. El bar, su historia, su influencia en la economía, en la psicología… es una materia de investigación extraordinaria.

Este sería un típico proyecto para, ya no facilitar lo complicado, sino para complicar una cosa tan aparentemente vulgar como un bar.

Hablando del bar, es curioso cómo aquí se desarrolló tanto la poesía, más que el medio universitario. Llegó a conformarse un movimiento, 'La otra sentimentalidad'

Era una época en la que había una gran vitalidad intelectual. Reconozcamos que el conocimiento académico, es decir, el universitario, se desarrolla sin baches, sin huecos, pero con menos osadía y creatividad. Eso fue lo que ocurrió en La Tertulia, era un ambiente intelectual. Como diría Juan Carlos Rodríguez, un espacio libre y vacío; vacío de prejuicios. Y eso se había logrado.

Es cierto que con el fenómeno que ocurrió posteriormente, de la posmodernidad, y con la presencia cada vez mayor, en el posfranquismo, de la universidad, esta fue subsumiendo y transformando los intelectuales en catedráticos; para el triunfo de ellos y para la pérdida intelectual de las ciudades. Que me perdone la universidad.

Luis García Montero y Javier Egea, en el manifiesto con el que homenajearon a Rafael Alberti ('El manifiesto albertista'), hablaban de las virginales inquietudes, ¿qué tiene la Tertulia para seguir atrayendo jóvenes vocaciones?

Es una buena pregunta. Hay que responderla de esta manera: lo cierto es que la Tertulia convoca a la juventud. Sin embargo, la juventud que se convocó en 1980, cuando yo llegué a Granada, era producto de esa época. La actual es otra. No eran los mismos motivos por lo que se reunían los de aquella y por los que lo hace esta. Curiosamente, ahora se reúnen los poetas jóvenes y, otras veces, se forman ambientes teatrales, lo que ya es una cultura fragmentada. En la primera época se unían de diferentes ámbitos. Había flamencos, periodistas, actores de teatro, músicos de Jazz, de otros géneros…. Ojalá que ahora, después de la pandemia, retomemos esa promiscuidad. Sería muy fecundo y daría un crecimiento indudable a la vida cultural de Granada.

¿Nos relacionamos ahora de la misma forma que entonces? ¿Influyen las redes sociales?

Lo más honesto que te podría decir sería un honesto “no sé”. Aunque puedo señalar que la fragmentación del mundo cultural es previa a las redes sociales, creo que tiene que ver más con la posmodernidad. Incluso, diría que es posible que las redes sociales estén actuando en sentido inverso. Sería una cuestión a observar.

Se dice que la pandemia y el confinamiento nos han hecho reflexionar sobre nuestras experiencias, ¿qué momentos, de los aquí vividos, ha tenido más presente?

Yo pasé el Covid. Me sucedió eso de tener recuerdos, incluso te diría, sueños, con un sentido de realidad que no parecían sueños. Lo consulté y parece ser que fue una cosa vulgar en los que pasamos el Covid más o menos grave. Durante la pandemia, la Tertulia cumplió sus cuarenta años. Teníamos preparada una programación de un mes absolutamente ambiciosa, intensa, como lo hicimos también a los treinta años. Obviamente, se suspendió; lo que fue un motivo para estimular mi memoria de todo lo que hemos vivido aquí. Está lleno de anécdotas. Se me agolpan a la cabeza muchas, no sé cuál pudiera ser más grafica. Cualquiera que yo podría elegir, reflejaría una época. Si yo dijese hoy que hemos estado con Enrique Morente, Luis García Montero, Ángel González y Paco Ibáñez en esa mesa hasta la siete de la mañana, iba preso. No me animaría ni a contarlo. En aquella época eso ocurría y estábamos tranquilos bebiendo y salíamos abrazados con todo el cuerpo alcoholizado y felices... Quiero decirte, ese tipo de anécdotas surgían y no eran especiales, eran muy frecuentes.

Antes ha nombrado la posmodernidad, ¿en qué han cambiado los jóvenes con ambiciones poéticas?

Hablando específicamente del ambiente literario, he de decir que hay muchos más poetas hoy que en aquella época. Debería cumplirse aquello de que cuando la base de la pirámide es más ancha, la cúspide es más alta. Creo que no sucede eso. Aunque sí hay muchos poetas que yo creo que son buenos y van a ir deslumbrando. La cantidad de gente que lee poesía en público es inmensa; mientras que en aquella primera época, se leía cuando estaba mucho más depurada. Ahora, digamos, la poesía sobre un escenario se ve como un fenómeno de catarsis personal, más que como un ejercicio de hacer público un esfuerzo personal de depuración inspirativa, estética y lírica de un poema. Se elaboran muy rápido y se leen más rápido aún.

Habrá que ver qué queda de este fenómeno, que no es único de Granada ni de la Tertulia. Es un hecho que parece que está unido por una gran red de vasos comunicantes… Cuando viajo a Argentina encuentro cosas parecidas. Igual que el botellón, ¿no? Creemos que lo hemos inventado aquí y surgió simultáneamente en muchos lugares; es lo que podemos llamar “las épocas”.

Sobre la Argentina, ayer se cumplieron cuarentaicinco años desde que la Junta Militar derrocara el gobierno de María Estela Martínez de Perón. El golpe de estado marcó su venida a Europa, ¿nunca decidió volver y realizar sus proyectos allí?

Cuando se produjo la democracia, estaba haciendo un reportaje de la Universidad de Córdoba, en Argentina. Conté la experiencia de la Tertulia. Yo estaba recién llegado y un grupo de amigos grande estaban haciéndome una bienvenida. Les puse la voz de Benedetti recitando aquí y, en fin, algunas grabaciones de aquella entrevista. Cuando llego, me dicen, “tenemos que hacer la Tertulia de Córdoba”. De hecho, hicimos una Tertulia que ojalá tuviésemos el espacio aquí que logramos tener allá. Era un lugar con sala de teatro, espacios para hacer escultura, pintura, habitaciones de reunión más conspirativas y chiquitas. Aquello fue una experiencia, aunque menos importante, con todo, de la que ocurrió aquí. Duró cuatro años, que no es poco, pero no son los 41 de la Tertulia de Granada; que ha transitado épocas importantes y distintas y creo que ha influenciado a la ciudad como no logró hacerlo aquella otra Tertulia de Córdoba. Yo viajaba mucho, iba y venía, lo que me ayudó a recuperar el pulso de aquel país del que me había ido.

Prepara el trigésimo tercer Festival Internacional de Tango. ¿Cómo ha llegado este festival a convertirse en una cita obligada en la agenda granadina?

Pues eso afirma, de alguna manera, la hipótesis que yo tengo sobre el tango, algo que ocurre en el jazz también. Es una cultura sobre todo urbana, más que una cultura nacional que represente a Argentina. El tango ha ido desarrollándose al ritmo de la evolución, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, aunque podría ser al ritmo de cualquier ciudad. Es decir, que la historia del tango relata la evolución urbana de las ciudades; tanto en la transformación de sus letras y música, como de su danza.

Ahora que dedicamos el Festival de Tango a Astor Piazzolla, yo suelo decir – un concepto que gustaba al gran autor Horacio Ferrer – que, así como el tango de la primera época representaba al peatón caminando por el barrio o la ciudad, la época de Piazzolla – que ya ocupa los últimos treinta años, prácticamente – representa el desplazamiento en automóvil; una música que se podría usar como una cámara subjetiva que entra en una gran ciudad. Algo para lo que no servía el tango de compás de la primera época.

¿Qué tiene que decir el tango en tiempos de pandemia?

El tango es un género del que se dijo, y yo creo que es cierto, que se suele desarrollar con más intensidad en la adversidad que en los momentos, digamos, prósperos; con lo cual, yo no tengo más que esperanza de que se estén llevando a cabo – y en algunos casos, me consta – creaciones importantes, o que bien, van a ocurrir después. Vamos a tener un nuevo impulso, creo, en el género del tango, producto del estímulo que significa la pandemia. Ya no solo en las letras, también en la búsqueda de formas musicales, e incluso en lo coreográfico. Será un nuevo impulso de libertad creativa.

Para terminar, quisiera requerir de otro verso, esta vez, de Jaime Gil de Biedma: noches memorables, de rara comunión. ¿Volverán?

Bueno, aquí está de testigo Osvaldo Jiménez (lo señala tras la cámara) que era el artífice de las noches de tango de los martes en la Tertulia. Yo estoy seguro que con la vuelta tras la pandemia continuaremos y Osvaldo seguirá siendo el cantante más fino en la interpretación del repertorio de Carlos Gardel; el primer revolucionario del Tango antes de Piazzolla.

Yo voy a hacer una propuesta, que no sé si está basada en el conocimiento profundo de la realidad, pero pienso, ¿qué me gustaría que me propusieran a mí? Luego espero que las aves de mi mismo plumaje sean convocadas con esa intención. Voy a tratar de recuperar la Tertulia como lugar de encuentro. No solamente literario, principalmente como lugar de actuación. Pretendo hacer actuaciones muy cortas, que la gente pueda venir a charlar y a constatar lo que han pasado durante estos, prácticamente, dos años; más o menos encerrados y sin noches de placer, sin noches etílicas. Es importante, también, beber para que aparezcan las frases inconfesables.