El Granada se queda a cero en Cartagonova (0-0)

El conjunto rojiblanco empata frente al Cartagena en un encuentro sin goles ni fútbol, pero en el que los dos equipos tuvieron ocasiones para ajusticiar a su rival

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Uzuni lamenta una ocasión fallida frente al Cartagena | Foto: LaLiga
Chema Ruiz España
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La visita del Granada a Cartagonova pudo ser poco menos que el circo de los horrores rojiblancos, extremadamente frágil en un inicio terrible, pero el conjunto nazarí se recompuso e, incluso, mostró clemencia en fases de asedio sin pulcritud. No hubo goles ni tampoco fútbol, aunque sí ocasiones para que todos se sintieran tan indulgentes como perdonados en una tarde, por momentos, de bostezos, que se ha saldado con un insípido empate. El Cartagena pudo condenar en un arranque diabólico y en un tramo final de desconexión en el cuadro nazarí. Los visitantes, arropados por su hinchada, se purgaron sobre la marcha y lograron disponer de oportunidades claras para anotar, faltos de acierto ante el marco rival. El resultado no contenta a nadie y prolonga el maleficio del plantel de Aitor Karanka lejos de su feudo, donde se desdibuja, no gana y ni siquiera marca desde verano.

El duelo fue por etapas y la primera casi deja al Granada en la cuneta. No fueron tantas las bajas en los nazaríes como el comienzo de la semana auguraba, protector Karanka con sus pupilos, en especial ante la presencia de la prensa en su fortaleza. Pepe recogió el premio a su constancia y la oportunidad de reclamar mayor protagonismo, expeditivo e impetuoso en el lateral diestro, y Ricard se fue a la banda contraria, punzante a pie cambiado. Volvieron Petrovic y su vigor a la medular rojiblanca, recuperado el serbio de sus problemas musculares, para escoltar junto a Bodiger a Melendo en un carril central perdido. Arriba, el tridente inamovible. El técnico rojiblanco tiene claro quiénes son los componentes de su once favorito, tal vez con alguna duda atrás, e intenta moverlo lo mínimo posible, pero la ausencia de experimentos no significó un show de la mejor versión granadinista, sino un encuentro ceniciento del equipo pese a ser productivo en oportunidades.

Al Cartagena apenas le bastó un minuto para infundir temor con su disfraz de revelación de la categoría, con permiso del Burgos, completamente desnortado el Granada. El conjunto dirigido por Luis Miguel Carrión disfruta con el balón y sabe hacer que los partidos se jueguen como lo desea. Alcalá comprobó la eficacia del calentamiento de Raúl Fernández con un remate picado en un córner, nada más comenzar. Después, De Blasis levantó la mirada y encontró un desorden esperpéntico en la zaga nazarí. Se desmarcó Sadiku, que no tuvo reparo en aprovechar el regalo y dribló al guardameta rojiblanco con un autopase, pero le faltó velocidad para llegar al remate antes de que Ricard le estorbara. El portero rojiblanco aún tendría que escupir otro disparo antes de los diez primeros minutos, de Jansson después de que los locales movieran la acción de un costado a otro con facilidad.

El inicio vaticinaba una noche terrorífica para el cuadro de Karanka, ausente hasta entonces. Calero se animó en una carrera hacia el interior, falto de puntería al golpear, mientras el Granada se desintegraba. Puertas se intercambió el perfil un par de veces con Uzuni, pero no hubo un atisbo de réplica hasta que los nazaríes entendieron que había que elevar un puntito la contundencia en los duelos, entorpecer el ritmo local y echar la pelota al suelo. En la intermitencia, entre faltas, se encontró el conjunto rojiblanco, que se fue recomponiendo sin brillantez alguna. Asomó por primera vez Uzuni, a quien se le fue un sutil y acrobático intento de vaselina tras un centro de Callejón. Puertas, oportunista, se encontró un balón muerto tras un intento de Calero por cazar un pase de Ricard, pero su tiro a la media vuelta se marchó desviado. Bodiger finalizó seguidamente un contragolpe guiado por el almeriense con un disparo carente de inquina.

La embestida, aun sin continuidad, fue un punto de giro que sirvió a los nazaríes para sorprender al Cartagena, fallón en torno a la divisoria del campo. Mitigaron el amenazante arranque local y equilibraron tanto las fuerzas que los dos conjuntos terminaron por anularse, atenazados entre sí. Los bostezos se fueron contagiando en la grada en el tramo postrero del primer acto, denso y competido el encuentro, subsanadas las fisuras rojiblancas.

Karanka debió de apelar en el descanso a la garra de sus pupilos, o tal vez llevar a cabo una suerte de ritual chamánico que avivara su espíritu, pues el conjunto rojiblanco regresó de los vestuarios dispuesto a romper la igualdad inicial, eléctrico arriba, pero se dejó las balas en casa. Pudo haber quien, al ver esta reanudación, creyera que disfrutaría de un duelo mucho más vistoso -alerta de spoiler: no sucedió así-. Se internó Petrovic en el área y Callejón remató de forma defectuosa contra Mikel Rico. El colegiado señaló penalti por mano, pero el VAR le rectificó y anuló la pena máxima. El motrileño se inventó después un giro para prolongar hacia Puertas, que corría hacia la línea de fondo. El almeriense estudió la distribución de hombres en el área y halló el camino hacia Uzuni, que impactó con el interior para acariciar el poste. Sus goles parecen solo reservados para deleitar en Los Cármenes. Se cambiaron los roles más tarde, pero el de Benahadux no llegó al pase de la muerte del albanés, tenso al segundo palo. 

El ímpetu rojiblanco, sin embargo, fue circunstancial, disuelto como un azucarillo en el café en pocos minutos para adentrarse en otra fase de apatía compartida. Karanka agitó el árbol con la entrada de Jorge Molina, en sustitución de un Antonio Puertas que pareció aquejado de algunas molestias, y, sobre todo, con el ingreso de Bryan Zaragoza, experto en revolucionar encuentros, con lo que su equipo volvió a acechar el marco rival. Se escapó el joven recreativista, descarado y desequilibrante, antes de asistir a Callejón, que, cuando los más de 500 aficionados nazaríes alzaban los puños para festejar la diana, en una posición clarísima y con Aarón casi vencido, mandó el balón a las nubes.

Lejos de la alegría que pudo regalar a su hinchada, lo que el Granada entregó al sector bajo del fondo de Cartagonova que se tiñó de rojiblanco fueron unos últimos compases de sufrimiento, en los que rozó un nuevo naufragio. Ofreció su melancolía como trato al Cartagena y casi paga el truco por su falta de acierto. Ortuño remató al poste un córner no forzado por el cuadro local y, después, obligó a Raúl Fernández a palmear. Los nazaríes, al final, respiraron con cierto alivio, con un punto amargo en una tarde de nubarrones, en la que el único haz de luz fue el regreso de Carlos Neva. El equipo, sin mostrar una idea de juego, perdonó, fue perdonado y continúa su maleficio, ni siquiera roto con el viaje de su afición. Cuando sale de Los Cármenes, sigue siendo depresivo.

Ficha técnica:

FC Cartagena: Aarón Escandell; Iván Calero, Pedro Alcalá, Datkovic, Jairo Izquierdo (Farru, 85’); Mikel Rico, Musto (Tejera, 70’); Borja Valle (Jaime Romero, 85’), De Blasis, Jansson (Franchu Feullasier, 55’); y Sadiku (Ortuño, 70’).

Granada CF: Raúl Fernández; Pepe (Carlos Neva, 73’), Víctor Díaz (Ignasi Miquel, 79’), Miguel Rubio, Ricard; Bodiger, Petrovic; Puertas (Jorge Molina, 65’), Melendo (Bryan Zaragoza, 79’), Uzuni; y Callejón.

Árbitro: Francisco José Hernández Maeso, del comité extremeño. Amonestó a los locales Musto y Fanchu Feullasier.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la 13ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el Estadio Municipal Cartagonova, ante 10.561 espectadores. Algo más de medio millar de aficionados fueron granadinistas desplazados.