Martes, 13 de Noviembre de 2018

            

Actuar ante personas tóxicas para que no nos lesionen emocionalmente y amenacen la salud

Imagen ilustrativa
Joan Carles March @joancmarch


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Es preferible perder la relación con una persona tóxica que perder la Salud.

Vivimos en tiempos con un grado alto de toxicidad. La toxicidad puede hacer perder de vista la percepción que uno tiene de la realidad y de sí mismo, o bien llegar a fatigar de tal modo que dejemos de velar por nuestros intereses y necesidades.

Las personas tóxicas no solo lesionan a los demás emocionalmente, también son una amenaza para la salud. Asimismo, algo que se ve con frecuencia es el hecho de que cuando el comportamiento tóxico se arraiga en un entorno, la mayoría de sus miembros acaban aplicando conductas dañinas y cínicas.

Las personas tóxicas comparten toda una serie de habilidades y modos de hacer y actuar, pero no por ello tienen por qué resultar tóxicas para todo el mundo. Desde el momento en que frenamos a aquella persona, ya pierde toxicidad. Hay diversas clases de personas tóxicas de las que es importante escapar, ya que pueden absorber tu energía y dejarte bajo mínimos. Así encontramos a:

• Aquellas personas (cotillas) obsesionadas con conocer la vida privada de los demás.
• Aquellas personas que siempre están a la defensiva y se niegan en rotundo a asumir la responsabilidad de sus malas decisiones y que contagian el drama y agotan la energía ajena.
• Las que se comportan como narcisistas conversacionales, personas que hablan mucho y constantemente de sí mismas, pero que no muestran ningún interés en escuchar y aprender de los demás o saber cuál es su estado de ánimo.
• Las que hacen de vampiros emocionales, que se caracterizan por el pesimismo y la cosmovisión negativa. Tras la interacción con ellos, el resto de interlocutores se sienten fatigados, apáticos y agotados.
• Las que se inventan personajes, cuya verdadera personalidad no coincide con la depurada imagen exterior que ofrecen. Estas personas actúan como espejos que reflejan la luz de los demás.
• Los “que todo lo saben” o personas que, en lugar de escuchar y dar voz a otras, se creen poseedoras de la verdad absoluta y quieren asesorar constantemente e imponer su visión sobre el mundo.
• Las personas que se comportan como envidiosas o gente tóxica que necesita minimizar las fortalezas y logros ajenos para sentirse mejor, no saben apreciar el trabajo duro ni son capaces de alegrarse por otros. Habitualmente desean y envidian toda clase de atributos positivos en los demás.
• Las que actúan como condescendientes y minimizadores de problemas, que siempre recuerdan a los demás que están siendo excesivamente sensibles o preocupados y les insta a “tranquilizarse“. Suelen tenerse a sí mismos por adultos racionales, infantilizan los sentimientos ajenos y no ayudan, menospreciando los problemas y mostrando total indolencia e indiferencia ante las otras personas.

La forma en la que podemos manejar a las personas tóxicas dice mucho de nuestras habilidades. No nos dejemos avasallar, sepamos poner límites y seamos conscientes del impacto que esas dinámicas desgastantes tienen en la propia salud. Así, uno de los mejores regalos que podemos hacernos es aprender a neutralizar y gestionar todas las estrategias que aplica este tipo de perfil.

Por todo ello, una de las cuestiones a tener en cuenta es utilizar las palabras de forma adecuada para que no nos ganen. Ante ello, es fundamental no utilizar PALABRAS en formato de virus y/o bacterias que nos hacen daño.

Virus del tipo: acusaciones, amenazas y exigencias.

Bacterias como juicios, menosprecios, ironía, etiquetas y generalizaciones.

Ante ello, hay que saber utilizar antivirus y antibióticos del tipo:

Utilizar el condicional
Hablar en positivo
Usar el me parece que, creo que, en mi opinión,…
Utilizar: Me gustaría o no me gustaría
Explicar el por qué o el para qué de las cosas

Al mismo tiempo, es importante saber utilizar palabras mágicas como fácil, útil, nuevo, solución, salud y evitar palabras trágicas (obligación, difícil, lejano,…).

Y la utilización de estas palabras trágicas o de virus y bacterias y por tanto de comportamientos tóxicos abundan en el trabajo, sobre todo en aquellos entornos laborales donde la desconfianza, la competición, las envidias, la frustración y esos daños personales que atentan a todo el bienestar de la organización están muy activos.

También aparecen estos comportamientos en el ámbito familiar.

La forma en que manejamos adecuadamente a las personas tóxicas responde a una serie de factores:

El primero es la asunción simple y evidente de que todo comportamiento tóxico carece de lógica.
En segundo lugar, la exposición continua a esta serie de dinámicas afecta a nuestra salud cerebral. Experimentamos mayor estrés, ansiedad, agotamiento y problemas para concentrarnos y pensar con claridad. Cuando en nuestro entorno habita una persona tóxica vivimos en constante amenaza. Ante ello, es más importante buscar soluciones que centrarse en el comportamiento tóxico. En cuanto algo les inquieta o les molesta reaccionan al instante.

Hay que poner límites, barreras de protección. Para ello hay que dejarle claro a la persona en cuestión que sus actos tienen consecuencias. Que no todo es permisible, que ciertas conductas duelen y crean malos entornos. Debemos dejarles claro de forma temprana cuáles son nuestras líneas rojas, esas que no vamos a permitir que sobrepasen.

 

 

ADECUADO CONTROL EMOCIONAL

Hay que ser plenamente conscientes de nuestros estados emocionales. Si experimentamos desgaste o agotamiento emocional hay que gestionar esa situación. Lo primero, entender que nadie tiene por qué arrebatarnos la alegría o la calma. Lo segundo, no dar excesiva relevancia en nuestra vida a quien sencillamente, no se gana su puesto en ella. Puesto que nunca es posible poner distancia física lo mejor es poner distancia emocional, abrir nuestro paraguas y protegernos.

Es muy recomendable ser capaces de entender por lo que puede estar pasando la persona tóxica. Tal vez tras ese rostro y esas dinámicas agotadoras haya un perfil con una depresión encubierta. Alguien con baja autoestima o con problemas personales.

Podemos tener a una o varias personas tóxicas a nuestro alrededor. Podemos incluso manejarlas con efectividad. Sin embargo, hay algo que no hay que perder de vista: la propia salud. De ahí que debamos dar prioridad a nuestra alimentación, tiempos de descanso y ocio.
Aprender a desconectar.

Un ambiente laboral saludable produce satisfacción, bienestar y buenas relaciones entre los compañeros. Sin embargo, no siempre suelen darse estas circunstancias. A veces puede que en nuestro lugar de trabajo nos sintamos frustrados, cansados y desmotivados e incluso, que ni siquiera tengamos ganas de ir, ya sea por un compañero, un jefe o incluso por la atmósfera que se respira allí en general. Un ambiente laboral tóxico puede llegar a tener consecuencias muy negativas sobre nosotros.

Si tenemos en cuenta que cualquier empresa u organización es un hervidero de emociones no es raro pensar que los conflictos y las diferencias existan. El problema no es que se originen sino cómo se gestionan y hasta dónde pueden llegar. De esta manera, un ambiente laboral tóxico se distingue por tratos despectivos, actitudes agresivas y demasiado competitivas y hasta por comportamientos malhumorados y manipuladores. Aprender a detectar si en nuestro lugar de trabajo se desprende toxicidad nos servirá de gran ayuda para protegernos e impedir que nos impregnemos de ella.

Algunas de las características más comunes de este tipo de entornos son:

1. Absentismo

2. Maltrato por parte de los superiores

3. Mala comunicación

4. Poca protección al empleado

Por lo general, todas estas políticas generan una gran incomodidad entre los empleados y un ambiente laboral tóxico.

Y en ese entorno, los 7 consejos que pueden ayudarnos para que sepamos qué debemos hacer si tenemos a nuestro lado a una persona tóxica:

1. Tomar distancia y huir de esas personas.

2. Establecer límites

3. Buscar una solución

4. Demostrarle que el problema es suyo, no nuestro

5. Respirar

6. Usar técnicas que nos ayuden a relajarnos

7. Observar nuestros pensamientos para no caer en un entorno tóxico

 

Y todo ello, teniendo en cuenta que cada persona es diferente, así que la única forma universal que hay de ayudar es escuchar.

Y escuchar ayuda a saber que la felicidad “es” el camino. ¡la felicidad es un trayecto, no un destino!

Intentarlo es la clave porque las personas tóxicas no pueden ganar.


Comments

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  1. Coincide todo lo descrito con el contexto y desarrollo del “quemado” o “burnout” o desgaste profesional y a veces asicuado mobbing o acoso moral laboral. Un saludo

  2. Para mí la principal clave es ser conscientes de que el problema lo tiene la persona tóxica. Cuando tomas distancia de los hechos, y te centras en “su problema”, no te importa tanto lo que te dicen.
    Entonces, incluso puedes ayudarle con su problema.