Vuelven los Cero, vuelve la leyenda

La banda granadina edita este viernes el single de adelanto de 'La otra vida', su primer disco en estudio desde 1995

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091, en un concierto de su gira 'Maniobra de resurrección' | Foto: GD
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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Este viernes 13 de septiembre se podrá escuchar una nueva canción de 091. Vengo a terminar lo que empecé, título de nombre muy significativo es el single de adelanto del nuevo álbum de la que es, con total seguridad, la banda de rock con más seguidores en Granada. Ese largo, que verá la luz el 18 de octubre, se titulará La otra vida. Otro nombre que, teniendo en cuenta la historia del grupo, tampoco parece puesto al azar.

Con los Cero, que así los llaman sus acérrimos seguidores, regresa la leyenda. La de una formación que nunca vendió cantidades ingentes de discos ni llenó grandes recintos, pero que fue y es la más carismática de cuantas han salido de Granada. Mucho más que La Guardia, aunque éstos sí despacharan sus buenos miles de copias cuando dieron el pelotazo con Mil calles llevan hacia ti o Cuando brille el sol, y también por encima de Lagartija Nick, pese a que éstos puedan tener más predicamento entre un público más underground.

Es probable que su ascensión a ese (ficticio) trono haya tenido mucho que ver con el paso del tiempo. 091 editaron en su momento siete discos en estudio, se despidieron con un octavo en directo al que llamaron Último concierto y desaparecieron del mapa en 1996.  Después, su líder, José Ignacio García Lapido, inició una carrera en solitario sólida y coherente, mientras que el otro pilar principal de la banda, el cantante José Antonio García, se embarcó en diversos proyectos con desigual fortuna. El batería Tacho González, el otro componente que resistía desde los comienzos, prefirió centrarse en el cine.

La ausencia, conforme fue haciéndose más prolongada, alimentó más y más la leyenda. Se les empezó a echar de menos paulatinamente, no sólo en Granada sino también en el resto de España. Esas guitarras y ese sonido tan potente, notaron muchos, valían su peso en oro.

Oyeron cantos de sirena muy a menudo, pero siempre los desatendieron. En una ocasión, Lapido vino a decir que el nombre del directo con el que se marcharon era ciertamente el más adecuado. Que sería el último concierto, vamos.

El retorno

Sin embargo, cambiaron de opinión y volvieron. Desde fuera se puede especular mucho sobre los motivos, que realmente sólo conocen de verdad los propios componentes de la banda. Puestos a elucubrar, no es descabellado suponer que se vieron con sitio, que les hizo ilusión volver a tocar juntos y ante (bastante) gente que les esperaba ansiosa. Tiene que ser un subidón saber que te aguardan dos noches con todo el aforo vendido en Madrid, que tus entradas se colocan en Bilbao, Barcelona, Sevilla y otros lugares donde en su momento no llegaste a triunfar. Porque los Cero, hay que volver a insistir, fueron más un grupo de culto que de ventas.

Los más tiquismiquis echaron en falta que afrontaran esa gira sin ningún tema nuevo que defender; que no optaran, como hicieron por ejemplo Los Enemigos, por editar primero un disco y volver después a decirle a la gente: pues así hemos evolucionado y de esto vamos ahora. En cualquier caso, no cabe duda de que esa Maniobra de resurrección fue todo un éxito. Y el disco que recogió los mejores momentos en directo de la misma, también. Su nombre, ahora sí, estaba en casi todas partes. Si eso no era el triunfo definitivo, se le acercaba bastante.

Todo lo que vino antes (sí, es un juego de palabras con el título de uno de sus elepés, Todo lo que vendrá después), se podía ver sin ira y con agrado, pero sobre todo desde una posición más elevada. La producción de Joe Strummer, líder de The Clash, en Más de cien lobos (1986), la salida del bajista original, Antonio Arias, para formar Lagartija Nick (aunque luego volvería de manera efímera al grupo, para marcharse otra vez, ya definitivamente), la colaboración con el Flamin’ Groovies Chris Wilson, los cambios de compañía discográfica forzados por la incomprensión de una industria que, salvo excepciones, no te cuida si no das dividendos… Momentos álgidos y bajones que ahora se contemplan con una perspectiva más adecuada, la que siempre da el tiempo. Que pasa para todos, ojo. Los que vuelven son unos tipos que ya han rebasado los cincuenta años. Que están en la cara B, como dijo alguien. Aunque se conservan bien, eso sí.

¿Qué pueden ofrecer 091 en su regreso? Fácil es presagiar que más de lo mismo. Y que no se entienda esto de manera peyorativa. Más de lo mismo es, precisamente, lo que le piden sus fieles, que a lo mejor dicen que son incondicionales pero que puede que torcieran el gesto si, de buenas a primeras, su grupo de siempre se pasara al funk. Género, por otra parte, absolutamente respetable.

Lapido, autor de los temas, ha sido siempre y sigue siendo un brillante compositor y uno de los mejores letristas del rock en español. Se ha distinguido, además, por ser un músico con las ideas muy claras y muy precisas. De piñón fijo, o casi. Le gusta más que nada el formato de dos guitarras, bajo y batería. El clásico, el de toda la vida. Un buen músico dijo de él que lo que siempre le distinguió de los demás, de todos esos a los que en los ochenta les dio por empuñar una guitarra, que no fueron pocos, fue que él hacía las mejores canciones. Si sigue en forma, todo irá bien.

 



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