Un viernes de carrito y bolsa atípico

Los supermercados registran imagenes insólitas a las puertas del primer fin de semana completo de cuarentena por el coronavirus

COLLAGE ENCUESTA COMPRAS COVID19 - Dani B
Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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Un hombre enfila Ribera del Beiro a paso cadente. En su mano, una bolsa de tela de una conocida cadena de supermercados. Se cruza con una joven cargada hasta los topes de patatas, pan, pescado, carne, verduras, refrescos y yogures. Todo en un carrito de la compra. La imagen se repite una y otra vez como en aquella película de Harold Ramis protagonizada por Bill Murray, de nombre Atrapado en el tiempo, pero que todo el mundo conoce como El día de la marmota.

Poco a poco, los granadinos se acostumbran a su nueva realidad. Salir, sí; pero solo para lo realmente imprescindible. Sin excusas ni pretextos, pues cada vez cala más hondo la idea de que la amenaza a la vuelta de la esquina no lleva uniforme policial, sino ADN o ARN en busca de la otra proteína.

La provincia encara su primer fin de semana completo de aislamiento por el Covid-19, una situación nunca antes vivida que deja imágenes singulares pese a compartir un denominador común con lo conocido hasta ahora: y es que el viernes es día de supermercado.

Y en los accesos a las grandes superficies, las estampas llaman casi más la atención por lo que se ve fuera que por lo que hay dentro. Gente guardando cola en la puerta para evitar grandes aglomeraciones, efectivos de seguridad privada en la puerta controlando dichas filas, dispensadores de alcohol desinfectante a la entrada de las tiendas o metros de distancia entre usuarios.

No todo el mundo cumple con las medidas de seguridad establecidas. O al menos así lo denuncia María, una joven gaditana que estudia en Granada. “Hay veces que la gente pasa y te rozan las prendas de vestir”, explica sin apenas tiempo para soltar las bolsas.

No es la única, algunos otros clientes se quejan de la misma situación. Otros, como Atila, de origen rumano, recuerdan la importancia de salir únicamente para lo imprescindible. “En mi casa compramos de forma espaciada, no queremos tener que estar entrando y saliendo constantemente”, cuenta.

Mientras se forma una cola de cuatro personas para no congestionar el interior del local, el guarda de seguridad pide distancia entre quienes integran la fila. El mediodía se aproxima y los granadinos regresar a sus casas para volver al estado natural de confinamiento. Eso sí, con provisiones para varias jornadas.

“Compramos acumulando un poco, no queremos tener que estar viniendo con frecuencia, sino para que nos dure la compra cuatro o cinco días, pero tengo confianza en que no habrá desabastecimiento”, afirma Julio. “Algún caprichito cae, aunque es verdad que preferimos ir a lo seguro”, apostilla Esther.

Casi todos coinciden, los productos de limpieza e higiene cuesta encontrarlos, aunque no se percibe desabastecimiento. Por suerte, la histeria de los primeros días ha pasado. Ahora se mantiene un orden que debe ser el principio del fin. Un proceso inevitable que, tarde o temprano, tendrá que dibujar en el horizonte la luz al final del túnel. Y entonces un viernes volverá a ser un viernes y el reloj dejará de marcar las seis en punto de un 2 de febrero.



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