Una sociedad secularizada

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Los jóvenes no creyentes superan en número a los que sí lo son, según un estudio de 2017 | Autor: Archivo GD
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En el arco de unos treinta años, el número de matrimonios religiosos se ha reducido en España, desde el 76 por ciento que representaban en 1996 (tres de cada cuatro bodas) hasta el 27 por ciento actual, es decir una de cada cuatro. (Por el contrario, los funerales siguen siendo abrumadoramente religiosos, pero este dato daría para otro tipo de reflexión). No es el de las bodas el único indicador que apunta a la vertiginosa secularización de la sociedad española, según un estudio sobre el laicismo de reciente publicación, elaborado por la fundación Ferrer i Guàrdia, cuyos resultados referidos a 2017 hemos conocido la pasada semana.

Y va a más, porque los jóvenes que no creen en Dios ni practican religión llegaron en el 2017 al 53,5 por ciento, superando por primera vez a los que sí creen. Más genéricamente, en el conjunto de la población, uno de cada cuatro españoles no es religioso. Las cifras de este proceso, iniciado a partir de los ochenta, han entrado en fase de estancamiento en cuanto a las capas de edades mayores y medias, pero continúa creciendo entre los jóvenes, si bien su peso en la población española es ahora menor que hace treinta años.

Por una de esas piruetas de la casualidad, los contenidos del estudio fueron a conocerse el mismo día en que la candidata del PP a la presidencia de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lanzaba su peregrina propuesta de reconocer a un embrión como persona y, por tanto, como un miembro más de la familia. Una propuesta que solo puede ser entendida como un guiño al electorado ultracatólico, dentro de la misma pendiente electoral ultraderechizante por la que se deslizan los populares, sobre todo desde la irrupción de Vox (aunque, justo es decirlo, otros líderes del PP, los de Valencia y Galicia, la formularon con antelación).

No sabemos los pormenores que conforman en detalle la propuesta de la candidata, entre otras cosas porque la propia Ayuso se quedó sorprendidísima cuando se le pidió que concretase. Así, quedamos a la espera de saber si los plazos para el reconocimiento de la persona cuentan desde la ‘faena’ (ustedes ya me entienden, que estamos en horario de protección infantil) o una vez que el predíctor confirma o cuando la primera ecografía o….

Si traigo a esta recóndita columna y pongo en relación la propuesta de la señora Ayuso y los resultados del estudio, es más bien por lo que a mí me resulta una contradicción: mientras la influencia de la religión y la religiosidad decrece a ritmo palpable entre los españoles, por el lado de la derecha política los partidos que se mueven en ese espectro del mercado electoral no pueden prescindir de un continuo cortejar a la Iglesia en sus postulados, ritos, ceremonias y demás.

En este contexto, para mí que el elemento diferenciador entre las derechas de cualquier país europeo y la derecha española reside precisamente ahí: en la desmesurada influencia de la Iglesia en la actuación política de los partidos de derechas. Es así como pueden entenderse aquellas movilizaciones masivas, con los obispos a la cabeza de la manifestación, contra el Gobierno de Zapatero. Precisamente, en el país que más dinero de toda Europa da a la Iglesia.
Es una apreciación que, con todo, enlaza con cierta lógica: el espectro de españoles que se declaran católicos y practicantes, que creen en Dios, conecta y representa precisamente el perfil tipo del votante del PP. Resulta consecuente, por tanto, que los populares mantengan esa postura de fidelización entre esa apreciable franja de votantes.
Pero es que los números cantan: no es solo la inversión en la proporción de los matrimonios civiles y religiosos: los niños nacidos de padres no casados, que en 1990 representaban el 9 por ciento, hoy llegan hasta el 44. Frente al 18 por ciento de alumnos españoles está matriculado en un centro privado o concertado de confesión religiosa, el 68 por ciento asiste a la escuela pública y el 14 restante se adscribe a una privada concertada laica.
Pero es que incluso en las cuestiones en las que la Iglesia ha presentado batalla encarnizada los postulados de los obispos chocan con lo que apuntan los propios consultados que declaran su fe y militancia católica: respecto al aborto son más los ateos y no creyentes que se muestran a favor, el 79 y el 72 por ciento, pero es que hasta cuatro de cada diez católicos y el 26 por ciento de creyentes de otras religiones también lo aceptan, unos porcentajes que se repiten en la valoración de la igualdad del derecho a la adopción para las parejas homosexuales.
Con la frialdad de estos datos, estos días asistimos a los desfiles procesionales, que forman parte de la oferta turística de una ciudad en época de minivacaciones. Imaginar, por tanto, que las hermandades en la calle son una manifestación de fe sería una afirmación sin ningún crédito. Baste como ejemplo, esa muestra dionisíaca de la ‘Madrugá’ sevillana, más aorde al ‘dios Baco’, probablemente el momento en que más se bebe de todo el año en todas las ciudades de Europa.
No podíamos imaginar en la transición que, pasados los años serían más los ‘roucos’ que los ‘tarancones’. Pero en la jerarquía católica aquellos ganan por goleada. Ese ‘aquellos’ apunta a los obispos que se manifestaban en defensa de la familia pero se quedaron mudos ante el sufrimiento de miles y miles de familias en lo más duro de la crisis. Dicho con todo el respeto y reconocimiento a muchos, muchísmos curas que conociendo los efectos de aquellos años se volcaron en sus barrios y parroquias en apoyo de quienes lo necesitaban. Esa Iglesia de los párrocos es una; la otra es la de la jerarquía. Y esa de la jerarquía es la que explica por qué en España hemos asistido a ese proceso rapidísimo de secularización en costumbres y hábitos sociales, aunque se mantengan ciertos ritos que si despojamos de su fachada cada día tienen menos relación con la religiosidad.
Con estas líneas no pretenden privar de su derecho a expresas opiniones y difundir sus postulados tanto a los obispos, la jerarquía en particular, o sacerdotes y cualquier ciudadano en general que practica la religión y mantiene su fe católica. Tienen todo su derecho a expresar opiniones y postulados con respecto a cualquier tema, sea aborto, matrimonio homosexual, educación, etcétera. Pero teniendo en cuenta que sus opiniones y dogmas solo obligan a quienes se sientan concernidos por su fe.



Comentarios

Un comentario en “Una sociedad secularizada

  1. Avatar

    Jose Luis Entrala

    Simplemente…AMEN

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