Una exposición aborda el regreso a España del granadino José Guerrero en los años 60

'José Guerrero. Pelegrinaje (1966-1969)', coproducida por el Centro Guerrero y la Fundación Juan March, reúne 26 obras de madurez del pintor

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Un momento de la inauguración de la muestra | Autor: Gabinete
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El Centro José Guerrero de la Diputación de Granada arranca su segunda exposición del año con una muestra monográfica que aborda el retorno temporal a España del pintor granadino con su familia en 1966, casi veinte años después de establecerse en Nueva York. Se trata de un periodo breve, de tan solo tres años, pero que resultó muy fructífero para Guerrero, que alcanzó entonces una madurez determinante para el resto de su obra.

La nueva muestra del Centro Guerrero, que podrá visitarse hasta el 26 de mayo, toma el título de uno de los óleos que se exhiben: ‘Pelegrinaje’ (1969), que remite al poema lorquiano ‘Los peregrinitos’ y al propio peregrinar del artista entre los dos continentes. La exposición aborda el estudio de los años del regreso temporal del pintor con su familia a España, veinte años después de que abandonara su país y se estableciese en Nueva York “persiguiendo la modernidad”.

El presidente de la Diputación de Granada, José Entrena, ha recordado que “ésta es la última muestra que se inaugura dentro del mandato de la actual corporación y durante estos cuatro años, creo que hemos contribuido a consolidar institucionalmente el primer centro de arte contemporáneo de la provincia, que es una referencia no sólo regional sino nacional, una de las joyas de la cultura de esta provincia, que desde la Diputación tenemos intención de seguir protegiendo y cuidando”.

Entrena ha destacado el doble valor del centro como un “recurso educativo fundamental” porque “han sido miles los escolares de todos los pueblos de la provincia los que se han beneficiado de alguno de los programas del Centro y poder conocer de primera mano el arte y la creación más actual” y además, el Centro Guerrero ha demostrado ser también un “importante recurso para el turismo cultural y un importante atractivo turístico con un enorme potencial”.

El presidente de la Diputación ha hecho balance de las principales exposiciones –una treintena- y del resto de actividades del museo –talleres, conferencias, conciertos, etc.- y ha agradecido expresamente la labor desarrollada durante los últimos cuatro años por la diputada delegada de Cultura y Memoria Histórica y Democrática, Fátima Gómez, el equipo del centro, con su director a la cabeza, y la estrecha colaboración de la familia del pintor y de las instituciones que forman la comisión paritaria.

Por su parte, el director del Centro Guerrero y comisario de la muestra, Paco Baena, ha indicado que “más allá de la colección permanente del pintor que atesora la Diputación, el centro inició en 2001 una línea de trabajo para completar la trayectoria artística de José Guerrero, a través de una serie de “catas temporales” como han sido las exposiciones dedicadas a “Guerrero-De Kooning”, “Fosforescencias”, “Los años primeros” o “The Presence of Black”, y a la que ahora se suma “José Guerrero. Pelegrinaje (1966-1969)”.

Por último, Inés Vallejo, comisaria de la muestra por parte de la Fundación Juan March, que ha coproducido la exposición, ha señalado que “la etapa vital que aborda esta exposición es un periodo breve, pero muy intenso y fructífero, que es considerado clave para toda la producción posterior del pintor y que le sirvió para ordenar su pintura”.

Vallejo ha confesado que “esta muestra está ligada a los proyectos que la Fundación Juan March pone en marcha para estudiar a los artistas que forman parte de su colección y a los dos museos que gestiona: el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y el Museu Fundación Juan March de Palma, que recibirán la exposición en junio y en octubre, respectivamente”.

El retorno de José Guerrero a España se produjo, en parte, por la desorientación provocada por el cambio de paradigma que causó en la escena artística estadounidense la irrupción del “pop art”. Guerrero vino en busca de sus raíces; con las ideas cada vez más claras, se aferró firmemente a unos principios que obtuvieron aprobación y reconocimiento en un entorno favorable. Las obras de esta etapa reflejan esta autoafirmación, y a la vez exploran nuevos territorios formales. Avanzan hacia la feliz síntesis de la expresión con la voluntad de orden que se estaba imponiendo en un ambiente impregnado de la sensibilidad que acompañaba al minimalismo.

Dos hechos clave convencieron a José Guerrero de la conveniencia de su vuelta a España: la apertura de la galería de Juana Mordó en Madrid en 1964 y el encuentro con Fernando Zóbel, que inauguraría el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca en 1966. Y tres lugares, tres atmósferas, fueron decisivos en esos años: Madrid, Nerja –donde adquirió y rehabilitó un modesto cortijo–, y Cuenca –donde se integró en la comunidad de artistas en torno al museo–.

La segunda mitad de los sesenta había “enfriado” la gestualidad anterior y detenido el predominio de la acción. Guerrero toma nota y extrae una lección favorable para él. Además, el reencuentro con los paisajes de la infancia y el enfrentamiento con la memoria de su cultura de origen le permitieron dar fin al ciclo de su inmersión plena en el expresionismo abstracto con la inclusión de nuevas referencias.

 



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