Una crisis en un vaso de agua

Pleno del Ayuntamiento de Granada del mes de diciembre
Sebastián Pérez y Luis Salvador en un pleno en el Ayuntamiento de Granada | Foto: Antonio L. Juárez
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Siete días después del portazo que dio Sebastián Pérez el pasado viernes, muchas interrogantes continúan abiertas y solo la perezosa situación que atraviesa a este inane Ayuntamiento podría explicar cómo tal anormalidad se va normalizando poco a poco y hasta podría instalarse y extenderse por más días y semanas, meses y… ¿años?

Pues por qué no. Total, si la actual corporación, el gobierno local más bien cabría decir, son compañeros de la inacción y la rutina, qué más da si Pérez se va o se queda, continúa en el PP o se pasa al grupo mixto. En este escenario, el propio alcalde, Luis Salvador, tampoco se da prisa en aclarar la persona que resultará presidente de la comisión de contratos. Salvador niega la crisis y hasta empiezo a pensar que lleva razón… Si a él no le preocupa…

La comisión de contratos y su presidente, la madre de todas las tensiones o la gota que colmó el vaso. Concejales y exconcejales de este mandato y el anterior, no populares todos, habían oído en días anteriores y en conversación informal con Sebastián Pérez un “espérate al viernes” pronunciado por el ahora expresidente del PP provincial cuyo alcance no supieron decodificar aunque pronto interpretarían en toda su crudeza la mañana del último pleno. Ese emplazamiento al viernes del pleno con el que Pérez envidaba bien podía significar que había decidido pasar a la acción, reforzar su presencia en el Ayuntamiento, ejercer como primer teniente de alcalde que va descontando días de cara al ecuador del mandato e imponer entre los concejales del PP su ahora bien conocida postura sobre la comisión de contratación. Eso o, tal vez, que cuando la frase fue pronunciada Sebastián Pérez ya sabía de las presiones ejercidas desde Madrid y Sevilla sobre los ediles populares -algunos las niegan- que fructificarían finalmente en la soledad de su oposición a transigir de nuevo ante Vox.

La salida de Pérez, en todo caso, supone un eslabón más en esta cadena de despropósitos que favorece el ‘envenenado’ resultado electoral, imposible de reajustar por la aritmética (Por favor, no elucubren ni especulen otra vez con la cantinela de una moción de censura que no va a haber: la aritmética sigue siendo la misma y ni el PP o Vox favorecerían un alcalde de la izquierda ni PSOE y Podemos van a hacer alcalde a un popular). Si ante un trámite como la presidencia de una comisión a Pérez no lo siguió nadie, imaginemos a año y medio vista con quién podía contar el otrora presidente provincial del PP a la hora de poner sobre la mesa el así llamado ‘2+2’, del que el candidato frustrado había hecho religión. Sin que nadie de su partido o de las direcciones regional o nacional haya alzado la voz para apoyarlo. Y en esas cábalas, Pérez decidió irse. De la presidencia provincial. Del Ayuntamiento sabemos, porque así lo dijo, que mantendrá su sacrosanta acta electoral, que le corresponde por derecho. Aunque es de imaginar la incomodidad que supone su presencia entre un grupo de afines hasta anteayer pero a los que ahora acusa de plegarse a presiones externas a Granada. Tampoco sabemos si el ‘agente naranja’ instalado en la planta noble del caserón de Plaza del Carmen madura despojarle de las competencias que hasta ahora ostentaba Pérez, entre ellas la primera lugartenencia, toda vez que son competencias delegadas por la alcaldía que pueden ser revocadas por la sola firma de un decreto.

En fin, Sebastián Pérez pasa a la segunda fila en un Ayuntamiento que no podrá presidir. El hombre que quería ser alcalde, la máxima ilusión de un granadino en política, -paradojas difíciles de entender- esa ilusión ilusionante que esta recóndita columna mira con agrado y en positivo pero que parecía atraer más críticas que simpatías. También sale del organigrama y la dirigencia del PP provincial, el partido al que dedicó su vida política y donde se han dado mucha prisa en consagrar su sustituto. A expensas de lo que establezcan los estatutos del PP para este tipo de situaciones, una de las cabezas mejor amuebladas entre la política y los populares granadinos, Santiago Pérez, ha dicho que sería momento para que hable la militancia.

Y, en definitiva, el portazo de despedida permitió entrever lo que ya sabíamos: que hubo trueque y julepe a la hora de decidir alcaldes y en trilero juego salió ninguneada Granada, moneda al azar rendida en beneficio de intereses murcianos y malagueños, por más que reputados analistas se empeñasen por aquellos días en negar la evidencia ahora evidenciada. Dando por hecho que la salida de Pérez no altera el epicentro político en la planta noble del Ayuntamiento y resignados a esta hueca rutina municipal hasta 2023, es momento de abrir aunque sea solo por esbozo el melón de la candidatura municipal del PP a la alcaldía de Granada. ¿Ha sonado la hora de César Díaz? ¿Se decide Marifrán Carazo a jugar sus bazas? Faltan tres años para saberlo.



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