Un amputado consigue sentir en tiempo real con una mano biónica

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Nueve años después de un accidente que le provocó la pérdida de su mano izquierda, Dennis Aabo Sorensen, de Dinamarca, se ha convertido en el primer amputado en el mundo en sentir en tiempo real con una prótesis de mano sensorial mejorada que está conectada quirúrgicamente a los nervios en el brazo superior.

Silvestro Micera y su equipo de la Escuela Superior Santa Anna (SSSA), en Italia, han desarrollado una retroalimentación sensorial revolucionaria que ha permitido a S’rensen sentir de nuevo durante la manipulación de objetos.

Un prototipo de esta tecnología biónica se puso a prueba en febrero de 2013 durante un ensayo clínico en Roma, bajo la supervisión de Paolo Maria Rossini en el Hospital Gemelli (Italia). El estudio, que se publica este miércoles en ‘Science Translational Medicine’, representa una colaboración llamada ‘Lifehand 2’ entre varias universidades y hospitales europeos.

«La retroalimentación sensorial fue increíble –describe el paciente, de 36 años–. Podía sentir cosas que no había sido capaz de sentir en más de nueve años» En un entorno de laboratorio con los ojos vendados y tapones para los oídos, S’rensen fue capaz de detectar la intensidad con la que estaba agarrando las cosas, así como la forma y la consistencia de los diferentes objetos que cogió con su prótesis. «Cuando cogí un objeto, podía sentir si era blando o duro, redondo o cuadrado», relata.

Micera y su equipo mejoraron la mano artificial con sensores que detectan información del tacto gracias a la medición de la tensión en los tendones artificiales que controlan el movimiento del dedo y llevando esta medición a una corriente eléctrica. Pero esta señal eléctrica era demasiado gruesa para extenderse por el sistema nervioso.

Por ello, mediante algoritmos informáticos, los científicos transformaron la señal eléctrica en un impulso que los nervios sensoriales pueden interpretar. El sentido del tacto se logró mediante el envío digital de la señal refinada a través de cables en cuatro electrodos que se implantaron quirúrgicamente en lo que queda de los nervios del brazo superior de Sorensen.



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