Todo el año es carnaval electoral

Papeletas en un colegio electoral de Galicia en las elecciones generales de 2019.
Papeletas en un colegio electoral en las últimas generales de 2019 | Foto: GD
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Acabamos de superar un 2019 en el que fuimos convocados dos veces a las urnas. Elecciones generales adelantadas en el contexto de una situación de inestabilidad política palpable, un escenario de dos bloques compactos que se traduce en resultados por todos conocidos que hacen dificultoso el encaje para la formación de gobierno, con resultante de un ejecutivo en minoría y problemáticos apoyos parlamentarios que proyectan sobre el futuro dudas razonables sobre el cumplimiento íntegro de la legislatura.

Apenas entrados en 2020, dos autonomías de las de mayor peso político en España, el País Vasco y Galicia, han convocado a sus ciudadanos a las urnas y en las próximas semanas, cuando se le antoje a su antojadizo presidente Torra, los catalanes también votarán. Así lo ha anunciado, aunque sin precisar fecha el ‘muy honorable’ supremacista que preside la Generalitat de Cataluña. Ya dijimos aquí alguna vez que si en Cádiz todo el año es carnaval, en esta España, autonómica y nuestra, todo el año es elecciones.

¿Muchas elecciones? Pues, al parecer, hay algunos que creen que son pocas y que todavía caben más. Ahí está, sin ir más lejos, uno de nuestros heraldos, don José Antonio Montilla, socialista, diputado en el Congreso por la circunscripción de Granada -cuya lista encabezó- y, para más señas, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y Asuntos Constitucionales. Además, catedrático de Derecho Constitucional. Nada menos. A don José Antonio le hacían una entrevista este domingo pasado en ‘Granada Hoy’ y de su lectura encontramos a un político más socialista que secretario de Estado que está muy preocupado, pero que muy preocupado con la situación en el Ayuntamiento de Granada. Tan preocupado está que aboga por la habilitación de “algún mecanismo”, eso sí: “excepcional”, que permita “convocar elecciones municipales a mitad de mandato”.

Tiene suerte el bueno de don José Antonio con que sus explosivas declaraciones se hayan quedado en el ámbito de la provincia de Granada. Los vicios imperecederos de nuestra prensa provincial, esa ‘ley de hierro periodística granadina’ que ignora el debate por parte del resto de los medios informativos locales sencillamente porque es otro el que abre ese debate, ha actuado una vez más y, así, ni emisoras ni diarios ni agencias de prensa han difundido la idea de Montilla más allá de los límites granadinos, ahorrándole al secretario de Estado el bochorno que abundar en los pormenores de su inquietud. Se nota, leyendo entre líneas, que nuestro flamante secretario de Estado se expresa con incomodidad tan pronto como su entrevistadora, Lola Quero, intenta abundar en el engendro y, en su inquietud, trata de salir del jardín en el que acaba de meterse él solito apuntando a la Ley de Bases, que contempla -dice el catedrático- “una posibilidad muy muy excepcional” (el duplicado es suyo) que “ampliándola un poco” (sic) para situaciones “como la de Granada”, que Montilla juzga “de absoluta ingobernabilidad”, desemboca en la traca final, eso sí expresada en condicional con un matiz de duda: “a lo mejor podría valer”.

En realidad, a don Juan Antonio le habían preguntado por las declaraciones de Sebastián Pérez y el ‘cambalache’ de alcaldías protagonizado por PP y Cs, una valoración política en la que el socialista granadino se remonta hasta 1979, un ‘trapicheo’ análogo en el que el PSOE de entonces salió beneficiado pero que ahora, para Montilla, representa “lo más grave que ha ocurrido en Granada desde 1979”. Han leído bien: grave lo de ahora, pero ¿grave también lo de 1979? ¡Hombre, don Juan Antonio, para que exista un Judas tiene que haber alguien le dé las 30 monedas! Que el reconocimiento expreso de que Granada ha sido moneda de cambio es un hecho “grave” es compartido por esta recóndita columna, aunque no estaría yo tan de acuerdo con el consecuente augurio de Montilla, que cree que sus artífices “lo pagarán caro” porque los ciudadanos no perdonarán “un desprecio tan grande a la propia ciudad”. Mire usted, señor secretario de Estado, a su propio partido y de nuevo a 1979, porque entonces -es decir, en las siguientes elecciones municipales, 1983- los sevillanos perdonaron al PSOE “un desprecio tan grande a la propia ciudad” de Sevilla, utilizada como cambalache para mantener otras alcaldías andaluzas.

Pero es que a Montilla, entrevistado en coincidencia con la campaña que ha emprendido el PSOE una vez constatado el cambalache, le ha traicionado el otro yo de su militancia socialista y en su afán por sumarse a esa machacona campaña que nos repetirán hasta la saciedad en los próximos tres años, preguntado por las opciones que maneja el PSOE para un hipotético vuelco en la alcaldía de Granada es cuando el hombre se interna por la senda tenebrosa de las elecciones anticipadas también en los ayuntamientos. Lo cual iba a ser una gozada, no digan que no: ¡elecciones todos los días! Del Cabo de Gata al de Finisterre, de Algeciras a Estambul, en los recónditos pueblos de la España vaciada o en las que tienden a convertirse en un bar continuo y perpetuo…. ¡venga! Elecciones con su correspondiente campaña electoral. Y Granada como ‘propgrama piloto’ de la serie. En cuanto Montilla o cualquier otro socialista o de otros partidos, por qué no, percibiesen una situación de ingobernabilidad en los muchos municipios que la Rosa de los Vientos permite en España, allí que se presenta con las urnas y ¡elecciones a mitad de mandato! (Aunque aún falta que Montilla nos explique qué organismo, del Estado o interautonómico, la UEFA con el VAR o hasta la ONU -vaya usted a saber- calibraría la situación hasta proclamar la “ingobernabilidad absoluta” y esa duplicada aplicación “muy muy excepcional” de las elecciones anticipadas).

Por fortuna, recuperado de su obnubilación momentánea, el lunes -o el martes- Montilla -que no venía de Cádiz- regresó a Madrid yreflexionando durante el viaje constató que la correlación de fuerzas en el Ayuntamiento de Granada es -a fin de cuentas- tan inestable para formar y ejercer gobierno como la que presenta ese gobierno de Pedro Sánchez que lo ha hecho a él secretario de Estado de Relaciones con las Cortes. Y que, incluso, el propio Francisco Cuenca, socialista él, gozó en el anterior mandato de menos apoyos que los que ahora tiene Luis Salvador, de Cs. Cómo sepan pilotar el escenario adverso es el mérito o demérito de cada gobierno municipal y su alcalde. Y son los ciudadanos los que juzgan y deciden, llegado el momento y no antes, la continuidad o renovación del alcalde.





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