The Stems traen lo mejor de los ochenta a Granada

La banda australiana demuestra oficio y sabiduría en su potente y contundente concierto en la sala Planta Baja

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The Stems, durante su concierto en la sala Planta Baja | Foto: GD
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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Vamos a ver: los ochenta, musicalmente, están sobrevalorados. Muchos cuarentones y cincuentones los recuerdan porque fue la época de sus primeros escarceos, sus clandestinas salidas nocturnas y tal. Pero ¿es que nadie se acuerda de lo dañinos que fueron Spandau Ballet? ¿Acaso alguien sigue reivindicando a engendros como Kajagoogoo? Y mejor será no mencionar ningún ejemplo nacional, que hay gente muy susceptible.

Por fortuna, esa segunda Época Prodigiosa (La primera fue la de los sesenta, que también tiene su criba) alumbró a gente como The Stems, que este lunes 2 de diciembre, en la sala Planta Baja de Granada, supo poner los puntos sobre las íes y constatar que, por suerte, aquella no fue una década perdida.

El cuarteto liderado por Dom Mariani tiene clase, eso es innegable. Es verdad que, escuchada a sólo dos metros, la voz de su guitarrista acompañante se parece terriblemente a la de un grillo mojado, pero también que gana conforme el oyente se aleja del escenario. Cuestión de acústica. Respecto a los demás músicos, bastará decir que el batería es un tipo que no alardea de ello, y eso siempre es una buena noticia. En cuanto al bajista, ejem, este que escribe no es capaz de decir nada negativo de un tiparraco de dos metros por dos que podría cascar una nuez con una mano sin pestañear mientras pregunta qué está pasando por ahí. Toca bien, dejémoslo ahí.

Durante una hora y media , bis incluido, The Stems mezclaron con criterio rock garajero con power-pop melodioso y la jugada le salió bien. Los casi 150 espectadores que se pasaron por el Planta (alguna vez habrá que reivindicar esta sala frente a otras mucho más cutres pero mejor valoradas) pasaron un buen rato escuchando canciones que probablemente nunca habían oído antes pero que, en fin, sonaban bien.

En ese tránsito entre la melodía y el ruido transcurrió a grandes rasgos el bolo. Que, como casi todos los bolos, tuvo sus altibajos. Lo que pasa es que los perros viejos como The Stems saben qué hacer en esos casos. Su estrategia fue recurrir primero a The Byrds y en concreto a su Feel a whole lot better (les salió mejor que a The Flamin´ Groovies cuando vinieron a Granada, todo hay que decirlo), y luego, ya en los estertores, a los seminales The Standells.

Todo fue bien recibido. No se le pueden ni deben hacer ascos a lo que ofrece una banda honrada, experimentada y que suple su escasa producción propia (apenas dos discos, seguramente no por su culpa) con esas ganas y esa profesionalidad.



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