Té para todo/s

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Hojas de té verde | Foto: Wikipedia
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Con el capitulo anterior, cuando desmontaba/ratificaba los mitos de la puntualidad y del tiempo como tema recurrente en la sociedad inglesa, ni siquiera aludí a su querencia por el té, porque entendía que este producto-símbolo tenía entidad propia. Hoy cierro esta particular trilogía que pasa a llamarse PTT (Puntualidad, Tiempo y Té) con su amor por esta infusión.

Uno se percata de que el té es imprescindible en la cesta de la compra de cualquier familia británica cuando acude a cualquier supermercado y se encuentra al menos un pasillo lleno de variedades de té: verde, rojo, negro, blanco, de menta… Si no eres de los que experimenta, vete a por el English Breakfast Tea. Es la apuesta más segura y la más consumida. Que se llame breakfast no significa que se toma sólo en los desayunos o ni siquiera a las 5 en tacitas doradas con el meñique alzado en salones interminables, como conocemos de las películas. No, cualquier lugar y hora es buena y en taza. Porque siempre hay un argumento para hacerlo.

Y aquí reside su poder: que sirve para todo. Que tienes frío, té para entrar en calor; que pasas calor, para que te regule la temperatura corporal; que estás resfriado, para ayudar a la descongestión; que estás cansado, te despejará; que estás despejado, te relajará; que estás estresado, te aliviará… y así casi con cualquier cosa. Es lo primero que te ofrecen cuando vas de visita a una casa, está presente en las reuniones de trabajo e incluso en los menús en los hospitales. Recuerdo el día que nos estábamos mudando y mientras trasladábamos muebles el vecino de al lado salió presuroso de su casa a darnos la bienvenida y, por supuesto, a ofrecernos té. Otro sentido más: té para sobrellevar una mudanza.

Esta predilección no es nueva. Hay un capítulo en la historia denominado el Motín del Té que tuvo lugar en 1773 en Boston que es considerado un precedente de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Y todo se desató cuando un grupo de colonos arrojó al mar la carga de té de tres buques británicos. No descarten que el Brexit esté solo bloqueado por la salvaguarda irlandesa, puede que también porque ven peligrar la entrada del té por las fronteras inglesas. Eso sí que sería una debacle mundial.

Que se tome mucho no significa que no haya un ritual -ahora no se sirve en bandejas de plata- adaptado a los tiempos actuales. Para empezar es imprescindible tener una kettle o calentador de agua. No se creen que en España podamos vivir sin este electrodoméstico. Allí en cada hogar hay al menos uno de media. Pero, ¿dónde calentáis el agua?, preguntan incrédulos. «En el microondas o en una olla», responde uno dubitativo. Tampoco hay que desmerecer las virtudes de la kettle, un aparato que hierve el agua en cuestión de minutos pulsando un botón, pero tampoco la mitifiquemos. Para mí, por ejemplo, el lavavajillas tiene mucho más mérito. Algo que te deja los platos impolutos sin preguntar por el nivel de suciedad. Eso a veces roza lo milagroso.

Sigamos con el ritual, por ejemplo aplicado en la oficina. A uno le apetece un té y lo primero que hace es preguntar que quién se apunta. Siempre habrá candidatos aunque haya interesados que se acaben de terminar el que tienen encima de la mesa. Hervir el agua en la kettle y verter en las tazas con las bolsitas de té en el fondo. Siempre hay cajas de tamaño industrial de esta infusión en los trabajos. Forma parte junto con el material de oficina del presupuesto anual de una empresa.

Detallo los pasos porque es no es tan fácil como pueda parecer. Se echa el agua, pero nunca se llena hasta el borde. Hay dos corrientes: con leche o sin leche. Como en el flamenco, la primera significa la pureza y la segunda, la modernidad. La bolsita no ha dejarse una eternidad porque te dirán que está oscuro y fuerte, pero tampoco ha de retirarse anticipadamente porque terminará claro e insulso. El espacio dejado anteriormente por el agua es para los ‘modernos’ de la leche. Ojo, no más de un dedo. Menos, no mezclará bien con el agua; más te acusarán de hacer tazas ‘milky’ (lechosas). Su té perfecto se consigue con mucha práctica, pero eso no es un problema aquí: hay muchas oportunidades a lo largo del día.

Es habitual que si el de al lado ha preparado el té con anterioridad, el siguiente te toque a tí. A veces ya ni se pregunta al personal, preparas té para todos y sirves. Si no estás a su ritmo, una taza se pisará a otra. Yo he visto como el replicante de la película Blade Runner «cosas que ustedes no creerían»: acumular filas de hasta tres recipientes inconclusos en escritorios de aquellos que no están a nivel competitivo. Porque para estar en su Premier League no es solo cuestión de ingerir, sino también de aliviar. Ahí va otra propiedad mágica del té.



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