Una sociedad o una organización enferma es aquella donde decir la verdad es “peligroso”

La toxicidad puede hacer perder de vista la percepción que uno tiene de la realidad y de sí mismo

mentira
Algunas personas limitan sus verdades por miedo a las represalias | Foto: Archivo
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Estos días leía en twitter a @josepmavazquez que decía: Me aburre el discurso/pensamiento único. De mayor quiero Twittear sin ser políticamente correcto, sin miedo a sus repercusiones. Y @chuchencio seguía: ¿Y si nos imaginamos que ya ‘somos mayores’ y liamos #aquiYahora un hilo sin miedo a sus repercusiones y dejando lo políticamente correcto a un lado? ¿Igual salía algo chulo?. Y estás últimas semanas me encuentro a jefes/as que quieren controlar quien habla en las mesas redondas de instituciones que no tiene nada que ver con la suya, intentando vetar a algunas personas que intervienen. O medios de comunicación que rompen dinámicas de programas semanales de la noche al día sin explicar ni decir nada para quitar de en medio a algunas personas. O directores de programas que te recomiendan que no toques algún tema porque le puede generar problemas. Todas esas cosas me hacen decir que estamos en una sociedad enferma con organizaciones enfermas, con políticos que en lugar de buscar soluciones, buscan cerrar bocas y ante todo esto digo que decir la verdad puede ser peligroso.

Hay quien tiene miedo a que alguna gente hable y diga verdades que no le pueden gustar e intenta por todos sus medios, hacer que estas voces callen o sean calladas. Y es que estamos en una sociedad en algunos aspectos enferma, donde decir la verdad puede ser peligroso. También hay que decir que las mentiras que ponen encima de la mesa alguna gente para hacer callar las que no le convienen, pueden unir mucho a gente mediocre.

Por otra parte, ante estas situaciones, algunas personas limitan sus verdades por miedo a las represalias, por lo que dejan de decir las cosas que sienten y piensan por miedo a las repercusiones que puedan tener en la vida y en el trabajo.

¡Cuánto liderazgo humilde nos hace falta! Cuánto liderazgo de servicio nos hace falta! Y es que éste tipo de liderazgo ofrece, sin duda, una alternativa al egoísmo. En un/a líder, esto significa aceptar que no tenemos todas las respuestas y que es importante elegir y recompensar a las personas que pueden aportar sus propias fortalezas e ideas. Al retroceder y hacer espacio para que los miembros de su equipo contribuyan de manera significativa, los líderes humildes sacan lo mejor de los demás y fomentan una cultura de crecimiento. Hacen un esfuerzo por conectarse con su equipo en lugar de simplemente tratarlos como un medio para lograr un fin. Y ante ello, ese ego y esa falta de humildad, a algunos/as les hace utilizar “sus” medios regañando, vetando y creyéndose por encima de los demás, dando lecciones al resto, sin pensar que a lo mejor lo que tiene que hacer es pedir perdón. Es la toxicidad o mediocridad existente hoy en día.

La toxicidad puede hacer perder de vista la percepción que uno tiene de la realidad y de sí mismo. Estas personas tóxicas son las que se comportan como narcisistas conversacionales, personas que hablan mucho y constantemente de sí mismas, pero que no muestran ningún interés en escuchar y aprender de los demás. Cuanta falta hace la escucha!

La realidad es que creo y pienso que es buena y necesaria la discrepancia y el confrontar ideas siempre desde el respeto. El problema es que a veces la falta de humildad de algunos, junto a cierto ego les hace encumbrarse en una posición de prepotencia. Y claro el ego de algunos y la falta de respeto no les permite pensar que quien está delante a veces no concuerda con sus ideas. Son esos que consideramos responsables tóxicos. Cuanta mediocridad nos abruma hoy en día!

Y ante ello nos preguntamos: ¿Por qué estas situaciones causan el miedo a expresarnos ante responsables tóxicos que quieren vetar? Para analizar la razón de por qué no decimos lo que pensamos, es necesario entender sus causas, para después plantear estrategias de acción. Las principales causas de no decir lo que pensamos son al menos tres:

Sentir que nos van a rechazar
Anticipar que vamos a hacer el ridículo
No creer en el valor de lo que pensamos
Estas 3 causas se resumen en una: miedo.

Seguramente, a veces tofo esto pasa porque tenemos un/a jefe/á tóxico/a. Los jefes tóxicos no solo son capaces de cosechar el miedo en cualquier rincón, sino que también pueden favorecer la aparición del estrés y de trastornos relacionados con la salud mental. ¿Lo peor? Quedarnos callados y darle la razón hasta en lo inverosímil no va a hacer que la situación mejore: probablemente deberemos enfrentarnos a él/élla –con cabeza y empatía–.

Y una nueva pregunta: ¿Cómo afecta nuestra salud un jefe tóxico? Primero, reduciendo los niveles de satisfacción laboral. Además, un jefe narcisista aumenta las posibilidades de sufrir depresión. Y es que este tipo de malos líderes con bajos niveles de empatía pueden crear un ambiente que genere acoso laboral. Son capaces, además, de elevar el estrés y reducir sus niveles de productividad. Concretamente, los jefes que tienen fuertes cambios de humor son los que generan mayor tensión dentro del espacio laboral. Y en un estudio sueco, se vio que los/as trabajadores/as que calificaban de manera insatisfactoria a sus jefes tenían un 20% más de posibilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares en la siguiente década.

Una tercera pregunta: ¿Qué hacemos si tenemos un jefe tóxico? Afrontar la situación y tratar de abordar el conflicto de una manera empática con él o ella, dejando las emociones fuera de la sala de reuniones antes de iniciar la conversación, puede ser una buena solución. Y si NO funciona, entonces, es básico ponerse al 100% en el trabajo con el objetivo de presentar mejores resultados y ver cómo reacciona. Y lo más efectivo es darse cuenta de que la disciplina es la mejor herramienta para obtener mejores resultados en el trabajo, siempre y cuando sea aplicada a través de la amabilidad y la compasión.

Junto a todo ello, también tenemos que aprender a persuadir, para poder conquistar con nuestros mensajes de verdad, sabiendo que:

1. Persuadir no es manipular.

2. Persuadir a las personas persuasibles

3. Tener en cuenta la situación de oportunidad.

4. Interés en ser persuadido.

5. La reprocidad obliga.

6. Persistencia.

7. Felicitación

8. Establecer expectativas.

9. No dar nada por sentado.

10. Crear escasez.

11. Crear urgencia.

12. Apoyarse en imágenes.

13. Decir la verdad.

14. Construir una buena relación.

15. Flexibilidad.

16. Transferir energía.

17. Comunicar con claridad.

18. Estar preparado.

19. Mantener la calma.

20. Ser moderado.

21. Confianza.

Ante todo esto, dice el gran Cajal que para ser «relativamente dichoso”: “No contestes jamás a invectivas e insultos groseros y aparta inexorablemente de tu trato a los malintencionados y envidiosos”. Y además vale la pena leer algunas reflexiones que dice la filósofa Marina Garcés: “Creo más en la confianza que en la esperanza, más en las convicciones que en las expectativas. Un presente que ha recibido una sacudida tan grande nos pide compromiso, confianza, convicciones, no estar dispuesto a pagar cualquier precio por salir de aquí. Y todo esto son exigencias de presente y de futuro. Esto es lo que nos debe guiar. El deseo de no dejarnos entristecer, amansar y domesticar están, pero se deben cuidar y acompañar”. Amén

Probablemente hay que decir cómo decía el recién fallecido Joan Margarit, la libertad es una librería. Leamos para entender que es lo que es importante y necesario decir. Sin miedos por favor. Sin coacciones, por favor. Gracias







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