Sierra Nevada 96, un sueño hecho realidad que cumple un cuarto de siglo

Un 11 de febrero de hace 25 años, el Rey Juan Carlos I inauguraba los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino tras un largo camino y un aplazamiento en 1995 por la escasez de precipitaciones

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Miles de espectadores abarrotan las gradas para presenciar uno de los descensos de los Mundiales | Fotos y vídeo: Archivo Sierra Nevada 96
Miguel López RiveraMiguel López Rivera
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Sierra Nevada es el epicentro de multitud de calendarios deportivos de nieve y alta montaña a lo largo del año. La estación de esquí ha acogido recientemente la X Sierra Nevada Snow Running y antes eventos de mucho calado como la Universiada de Invierno 2015 o los Mundiales de Snowboard y Freestyle Ski en 2017. Pero ninguna de estas citas se puede comparar con la dimensión que tuvieron los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino de 1996, como recuerda el vídeo que acompaña a este reportaje.

Por repercusión internacional, importancia a nivel deportivo, cobertura mediática, inversión total o capacidad transformadora tanto de la propia estación como de la capital y el resto de la provincia -por citar sólo algunas variables-, Sierra Nevada 1996 ha sido y todavía es el mayor evento deportivo que se ha organizado nunca en Granada.

Este jueves 11 de febrero de 2021 se cumplen 25 años de la ceremonia de inauguración en el Nuevo Los Cármenes: que por aquel entonces sí que era nuevo, pues se construyó precisamente para los Mundiales. Una fecha que ya suena lejana en el tiempo, pero que merece la pena recordar habida cuenta de que aquella cita histórica cambió para siempre la fisonomía de la que hoy es considerada la mejor estación de esquí de España.

Había que buscar un impulso para Granada, que se había quedado atrás en multitud de aspectos, y los noventa parecían una década propicia para ello. Por un lado, España todavía saboreaba el dulce regusto que dejó Barcelona 92, candidatura que culminaba otro sueño histórico, el de la Ciudad Condal por organizar unos Juegos Olímpicos. De otro lado, también en 1992 Sevilla había completado con la Expo su no menos ambiciosa carrera a través de los tiempos por posicionarse como una ciudad en la que confluyen las culturas.

La ceremonia inaugural contó con una pléyade de artistas granadinos.

MONTREUX 1990: EL LUGAR Y EL MOMENTO ADECUADOS

Andalucía y deporte eran los dos conceptos que ligaban a lo anterior y que iba a heredar lo que en principio estaba llamado a ser Sierra Nevada 1995. Incluso la mascota, Cecilio, despertó una simpatía similar a la de Curro en Sevilla o Cobi en Barcelona. El camino no fue fácil. La candidatura granadina ya había hecho un primer intento frustrado por organizar los Campeonatos del Mundo de 1993, que finalmente volaron a Morioka, en Japón, tras dos votaciones ajustadas y una tercera en la que la estación nipona se impuso claramente a la española por 53 votos a 26. Así, esta era la segunda vez que Sierra Nevada optaba a organizar unos Mundiales de Esquí.

En esta ocasión, la cita con la historia tenía como punto de encuentro el Palacio de Congresos de Montreux (Suiza). Los rivales, las estaciones de Val Gardena (Italia), Garmisch (Alemania), Laax (Suiza), Mont Blanc (Francia) y Borovets (Bulgaria). Desde la primera votación, Sierra Nevada se erigió en favorita con 34 votos por los 19 de Garmisch y con la eliminación de Borovets. En la segunda, la candidatura granadina volvió a ser la más votada con 47 sufragios por los 23 de Val Gardena y con el ‘adiós’ al sueño de la de Mont Blanc. Sólo hizo falta una vuelta más, en la que Sierra Nevada obtuvo la mayoría absoluta de 56 votos, seguida de Val Gardena (26), Garmisch (10) y Laax (8). El genial medallista olímpico Francisco ‘Paquito’ Fernández Ochoa, asesor de la organización y uno de los artífices del sueño, realizó un emotivo discurso de tres minutos con despedida final en varios idiomas.

UN JARRO DE AGUA HELADA

La expedición volvió de Suiza entre parabienes y felicitaciones. Quien les iba a decir que, después de tanto esfuerzo y sacrificio para conseguir los Mundiales, éstos iban a terminar suspendiéndose por la falta de nieve. “El Comité Organizador Sierra Nevada 95 y la Federación Internacional de Esquí (FIS) llegan a la conclusión de que, por causas de fuerza mayor, los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino no pueden celebrarse en febrero de 1995 en Sierra Nevada”, aseguraba Gianfranco Kasper.

Aquellas palabras del entonces secretario general y actual presidente de la FIS cayeron como un jarro de agua helada -probablemente toda la que faltó en aquel 1995- sobre los granadinos. Pero de las cenizas de esa misma frase resurgió el ave fénix de la ilusión cuando el propio Kasper -en compañía de Jerónimo Páez, consejero delegado de Sierra Nevada 95- anunció la ‘nueva buena nueva’: “El Comité Organizador es declarado oficialmente preparado para celebrarlos en febrero de 1996, con mejoras y nuevas instalaciones en las áreas de esquí. La FIS y el Comité Organizador os invitan a los Mundiales de Esquí Alpino de 1996, aquí en Sierra Nevada“.

La culpable de tan precipitado sobresalto fue una sequía sin precedentes que incluso obligó a Emasagra a cortar el suministro en la capital para asegurar el abastecimiento. Una tromba de agua en la Nochevieja de 1994 no sólo no se transformó en nieve en la alta montaña, sino que para colmo arrasó la poca que quedaba. A medida que se acercaba la fecha elegida para la ceremonia inaugural, el 29 de enero de 1995, la desesperación cundía cada vez más. Y hasta el punto que el 17 de enero más de 1.500 vecinos de Monachil, municipio que alberga la estación, sacaron en procesión extraordinaria a San Antón, patrón del pueblo al que se le presuponen habilidades para cambiar el propio curso de la naturaleza. Increíblemente, esa tarde comenzó a nevar, pero no lo suficiente, y los peores augurios terminaron confirmándose.

Gianfranco Kasper (izquierda) anuncia el aplazamiento de los Mundiales junto a Jerónimo Páez.

LA NEGOCIACIÓN A TRES BANDAS DE JERÓNIMO PÁEZ

Fue en 1925 cuando al Duque San Pedro de Galatino se le ocurrió invitar a un grupo de amigos madrileños para que compitieran en las entonces vírgenes cumbres de Sierra Nevada. Una idea que desembocó en la I Semana Deportiva. Y de aquella nieve-polvo el creciente alud y la posterior avalancha de lo que hoy es la estación. A lo largo de la historia, varios han sido los nombres propios claves para su consolidación. En el éxito de Sierra Nevada 96 hay varios, pero sin duda el más importante es el de Jerónimo Páez, autor intelectual y ejecutor del proyecto. Él era el consejero delegado de aquellos Campeonatos del Mundo y el hombre que hizo posible que, por primera vez en la historia, la FIS decidiera aplazar una cita de tal calado.

Tres fueron las bazas que jugó para evitar lo que habría terminado siendo un desastre: por una parte pidió ayuda al Rey Juan Carlos I, su amigo personal. En segundo término negoció personalmente con Gianfranco Kasper, poniendo en valor el esfuerzo en inversión de la organización, y por último insinuó a la FIS que las deudas contraídas con este mismo organismo podrían no llegar a pagarse si no se celebraban los Mundiales, ya que Sierra Nevada se vería atada de pies y manos al no obtener el beneficio previsto a consecuencia de tan importante evento deportivo.

En la primera jugada tenía de su lado nada más y nada menos que a la Casa Real. Juan Carlos I no sólo era íntimo amigo de Jerónimo Páez, sino que estaba absolutamente convencido de la oportunidad que para Sierra Nevada y la imagen de España en el exterior significaba organizar los Campeonatos del Mundo. El entonces jefe del Estado se puso rápidamente en contacto con Juan Antonio Samaranch, a la sazón presidente del Comité Olímpico Internacional, quien intercedió a través de Marc Hodler. Éste no sólo era presidente de la FIS, sino también vicepresidente del COI y, por ende, hombre de confianza de Samaranch.

El Rey Juan Carlos I saluda a Marc Hodler en presencia de Juan Antonio Samaranch.

Paralelamente, Jerónimo Páez mantuvo un contacto permanente con Gianfranco Kasper. Páez subrayó los esfuerzos del Comité Organizador y el volumen de inversión llevado a cabo por el Gobierno de España y la Junta de Andalucía. El propio Kasper reconoció en varios momentos el enorme despliegue y esfuerzo de la candidatura, hasta el punto de entender el aplazamiento como una merecida segunda oportunidad a los que probablemente eran hasta la fecha los Campeonatos del Mundo que más capacidad transformadora sobre su territorio iban a tener.

Pero el consejero delegado de Sierra Nevada 95 se guardaba un último ‘as’ bajo la manga para convencer a Kasper. Ya no es que Sierra Nevada y Granada se jugaran mucho en aquella cita, sino que también estaba en riesgo la propia estabilidad económica de la FIS. Si el evento no se aplazaba un año, la estación no podía asegurar el retorno de deuda contraída con la Federación Internacional de Esquí. Y eso ya eran palabras mayores. Pero a pesar de que las pérdidas se estimaban en 1.500 millones de pesetas de la época, Páez fue mucho más allá y se comprometió a hacer todavía más mejoras en el área esquiable e instalar más cañones de nieve. Ante todo aquello, Kasper sólo pudo reconocer el día del aplazamiento que desde 1970, cuando asumió responsabilidades en la FIS, “nunca había visto un Comité que haya trabajado con tanto esfuerzo ni haya invertido tanto dinero”.

LAS CIFRAS DE LOS MUNDIALES

A pesar de las reservas italianas, pues los siguientes Mundiales se celebrarían en Sestriere sólo un año después, Sierra Nevada 1996 echó a andar nuevamente apenas un día después del aplazamiento. Juan Carlos I se reunió con los trabajadores, el Comité Organizador y los 1.000 voluntarios en un carpa habilitada a tal efecto en la estación. Allí pidió optimismo para hacer posible el sueño al año siguiente con un motivador discurso en presencia de los ministros Josep Borrell y Suárez Pertierra; pero también junto al presidente de la Junta en aquel momento, Manuel Chaves, y el entonces alcalde Jesús Quero; así como Juan Antonio Samaranch y Marc Hodler.

Y así las cosas, el mismo Rey Juan Carlos inauguró los Campeonatos del Mundo el 11 de febrero. Y con ellos prosiguió el particular Show must go on de Granada ante el mundo. Durante dos semanas, Sierra Nevada estuvo en los objetivos de los más de 1.496 medios de comunicación acreditados. Además, se emitieron otras 1.763 credenciales para el Comité Organizador, 1.254 para técnicos, 48 para la FIS, 3.711 para patrocinadores, 938 para equipos, 4.039 para invitados y otras 4.016 para vehículos. Sólo en la estación de esquí, la inversión ascendió a 50.000 millones de las antiguas pesetas (unos 300 millones de euros), lo que actualizado al valor actual del dinero serían unos de 477 millones de euros. Pero la cuantía total en infraestructuras y modernización de la ciudad y la provincia fue de 159.552.600.000 pesetas: 959 millones de euros de la época y unos 1.567 ‘kilos’ de la actualidad. El 17 de febrero se batió un récord en la estación de esquí granadina, cuando unas 45.000 personas abarrotaron las pistas.

Las 50 delegaciones nacionales, los trabajadores un millar de voluntarios hicieron posible el evento.

Sierra Nevada cambió para siempre. Tanto que hoy no sería ni la sombra de lo que es si aquellos Mundiales no se hubieran llegado a celebrar. Se ampliaron pistas y remontes hasta una capacidad de 25.000 esquiadores, se triplicaron las plazas hoteleras en una Plaza de Andalucía con ocho edificios nuevos, mejoraron los viales de comunicación, se remodeló y amplió el Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CARD) y, en general, se llevó a cabo una profunda mejora urbanística y medioambiental. Pero por encima de todo se actuó sobre tres ejes sin los cuales Sierra Nevada no sería hoy la mejor estación de España y una de las punteras de Europa: la construcción del parking de 2.800 plazas bajo la Plaza de Andalucía, que ya se ha quedado pequeño; la introducción de los sistemas de producción de nieve, los famosos cañones, y la unión de Pradollano y Borreguiles a través de la pista del El Río, ensanchada 60 metros sobre el río Monachil.

En Granada capital y el resto de la provincia se completaron las autovías a Bailén, Málaga y Baza-Puerto Lumbreras; el nuevo acceso a Sierra Nevada (A-395) o la hoy congestionada Ronda Sur y los túneles del Serrallo. Eso a nivel de carreteras. Pero los Mundiales de Esquí también sirvieron para remodelar el Aeropuerto de Granada, abrir un nuevo servicio de Urgencias en el Hospital de Traumatología, reformar el Palacio de Carlos V y La Chumbera o completar el encauzamiento del río Genil, que inauguró el propio Rey de España el día de su gran discurso posterior al aplazamiento, cuando también dio entrada al servicio de noticias en árabe de la Agencia Efe en Granada. Y, por supuesto, para actualizar el catálogo de instalaciones deportivas de la capital. El Complejo Deportivo Núñez Blanca fue el entrante y el Nuevo Los Cármenes el plato fuerte. El ‘coliseo del Zaidín’ se levantó en sólo diez meses para ser inaugurado el 16 de mayo de 1995, acogió la ceremonia de apertura de los Mundiales con 10.000 espectadores y actualmente permite al Granada CF pasear su nombre y el de toda la ciudad por Europa. En el evento trabajaron 2.000 personas, colaboraron más de 60 empresas y contó con la inestimable y desinteresada ayuda de 1.000 voluntarios.

UNA ‘TOMBA’ DE TALENTO

En lo estrictamente deportivo, el nombre propio de los Mundiales fue el del italiano Alberto Tomba. El esquiador de San Lazzaro di Savena -Bolonia- aterrizó en Granada envuelto en una gran polémica que él mismo alimentó asegurando que esquiar en Sierra Nevada era como hacerlo en África. Salida de tono que le costó una sonora pitada a la delegación transalpina durante la ceremonia inaugural. Por el contrario, Bosnia-Herzegovina, recién salida de la guerra contra Yugoslavia, se llevó los vítores de Los Cármenes. Al llegar, Tomba matizó sus palabras y, en un tono mucho más conciliador, afirmó que sólo había querido expresar que la estación granadina se encontraba en una latitud muy baja. De Granada se marchó diciendo que se sentía español y que la de Sierra Nevada era la mejor pista de gigante sobre la que había competido.

Sea como fuere, lo cierto es que el italiano ofreció un espectáculo incuestionable y al que era imposible ponerle ningún ‘pero’. Ni siquiera el de sus declaraciones. El slalom gigante le dio su primera medalla de oro en un descenso eléctrico convertido en la alegoría perfecta de una bajada sobre dos tablas de esquí. El slalom masculino le dio su segunda medalla de oro. Para colgarse la presea tuvo que arriesgar en la segunda manga, demostrando la pasta de la que están hechos los campeones y la sangre fría y el talento oculto de los mejores cuando las cosas se ponen tiesas.

El italiano Alberto Tomba (centro), en el podio junto a Urs Kälin y Michael von Grünigen (derecha).

Italia fue el país más laureado de Sierra Nevada 1996 con cuatro metales de oro. A lo más alto del podio subieron además esquiadores de la delegación sueca en dos ocasiones; así como los de Austria, Noruega, Estados Unidos y Luxemburgo en una. El slalom gigante femenino también se lo adjudicó la delegación transalpina gracias a la genial Deborah Compagnoni. El otro metal dorado tricolore lo conquistó también una mujer: Isolde Kostner en el supergigante. La plata de Kristian Ghedina en el descenso masculino permitió a la delegación italiana acabar Sierra Nevada 1996 con más preseas totales (5) que ninguna otra, junto a Suiza, que se alzó con tres platas y dos bronces.

Televisión Española realizó un despliegue de medios sin igual. Emitió las pruebas en directo y también la ceremonia inaugural, que contó con la Dama de Baza, los leones de la Alhambra, la Tarasca, García Lorca y su luna, el ballet de Mario Maya, Enrique y Estrella Morente o Miguel Ríos. Un espectáculo de fuegos artificiales, luces, rayos láser y una escenografía a la altura de unos Juegos Olímpicos completaron la puesta de largo. En la de clausura resonó por toda la estación de esquí el “Gracias, Sierra Nevada, hasta siempre” de Luis Vaquero, que agradecía el esfuerzo de tantas personas por haber logrado aquello que en Europa consideraban quimérico. En el imaginario colectivo, los nombres de Manolo Santaella -el gran comunicador de los Mundiales, que falleció en enero de 2008 de un infarto-; Paco Fernández Ochoa, a quien un cáncer linfático se lo llevó en 2006; Jerónimo Páez y los centenares de personas de dentro y fuera de Granada que sembraron la semilla que ha permitido a Sierra Nevada seguir siendo, 25 años después, una estación referente en Europa. El recuerdo y la gratitud de aquellos días sí que son indelebles.

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