Se suicidó, no lo pudimos prevenir ni evitar y después de sentirnos fatal, lo hablamos, nos ayudamos, apoyamos y lo trabajamos

El suicidio, un problema de salud pública que necesita mucha más acción y prevención 

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Una muerte cada 40 segundos. Casi un millón de personas en un año. 10 personas al día mueren por suicidio en España. El suicidio es la segunda causa de defunción entre las personas de entre 15 y 29 años. El 75% de los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medios. La mortalidad por suicidio es superior a la mortalidad total causada por las guerras y los homicidios. Los plaguicidas, el ahorcamiento y las armas de fuego son los métodos más habituales empleados en el mundo. El 14% de las llamadas al Teléfono de la Esperanza se relacionan con la prevención suicida. Es la principal causa de muerte no natural de España (que es de 7,91 suicidios por cada 100.000 habitantes), con Galicia (11,29). Asturias (10,6) y Canarias (9,06).

Las víctimas por suicidio duplican a los de accidentes de tráfico en España. Se trata de un tema que sigue siendo tabú. Y es que el suicidio es un tema tabú. El estigma social y el miedo al efecto imitación ocultan el tema, dificultando más su prevención. Tan grande es el tabú, que se incluye en el secreto familiar. Muchos ni siquiera pronuncian la palabra y quienes lo hacen, lo hacen en voz baja. El suicidio no tiene nada que ver con la cobardía o la valentía, sino con el sufrimiento y la desesperanza.
Es necesario informar para desmitificar. Es necesario escuchar en vez de juzgar. Queremos que se informe sobre el suicidio pero no de cualquier manera, que sea de forma responsable y adecuada para que ayude a prevenir esta conducta. Ni valientes ni cobardes, las personas que cometen un suicidio sufren muchísimo y quieren acabar con ese sufrimiento. Detrás de un intento de suicidio existe desesperación y sufrimiento. Hablar de suicidio es hablar de dolor. No es una huida fácil o egoísta, es la percepción de que es la única salida al sufrimiento. Dejemos atrás la culpa y el estigma. Debemos prevenirlo teniendo presente cómo influye la situación social y política. El suicidio se puede prevenir con intervenciones oportunas, basadas en la evidencia. Una información responsable y adecuada ayuda a prevenir la conducta suicida. Tratar este tema con naturalidad y rigor contribuye a salvar vidas. Llama la atención que en el Día Internacional para la Prevención del Suicidio, sobre un problema de salud pública, «sigue sin hablarse». El estigma, como dicen los compañeros de #FFPaciente, sigue marcando la vivencia del problema.
Además de tener una alta tasas de suicidios, el sistema sanitario sigue «dando la espalda» a una realidad que es necesario abordar de una forma importante y profunda. Y algo que es fundamental: «Que se hable del suicidio y se deje de tratar como un tabú».
Y eso es lo que hicimos en mi institución. HABLAR. Y mucho. Lo cuento aquí para poder segur hablándolo. Él se suicidó. Fue un domingo por la tarde. Nos enteramos un lunes por la mañana. Llamaron a algunos de la casa y les dijeron que había tenido un accidente. Más tarde, llamaron a la institución, me pasaron el teléfono en un entorno de mucha tensión, donde nos habíamos congregado unos cuantos trabajadores y un familiar me dijo: “Se ha matado”. La verdad que así no lo dije. Había demasiada tensión. Solo dije que se había muerto. Y con dos compañeros nos fuimos hacia la sala del Instituto de Medicina Legal. En el viaje llamamos a una forense que nos comentó lo que, al parecer, había pasado. Llegamos al centro y la tensión era muchísimo mayor. Por un lado, había una cuestión familiar. Por otro, el propio hecho de la muerte. Un drama.
Así, después de un buen rato, volvimos a la institución y al explicar lo que había pasado mucha gente expresó con las lágrimas, con la ausencia, con la culpa…. El sentimiento que tenían ante su muerte. Él era una persona encantadora, servicial y buena gente. Siempre estaba pendiente de los temas y a pesar de ello, de la buena valoración que teníamos de él sus compañeros, ese domingo dijo que se había acabado.
El funeral fue un espacio muy emocionante con todos los compañeros arropando a su familia y a nosotros mismos. A partir de ahí, empezamos a trabajar en varias líneas:
A. Reuniones con grupos de trabajadores para ver necesidades individuales o grupales ante el hecho del suicidio de un compañero con abordaje individual de las problemáticas destacadas.
B. Reuniones con grupos con mucha relación con el trabajador que se había suicidado para abordar desde un punto más cercano, el abordaje de la problemática existente ante la muerte del compañero.
C. Trabajo con la familia, tanto con su mujer, con sus niños como con la hermana y la madre en varias vías.
D. Trabajo global de concienciación sobre el tema inicial y progresivo, con entrevistas a psicólogos y psiquiatras que pudieran ayudar a concienciar sobre el tema.
E. Homenaje personal a él, pasado un tiempo con asistencia de sus familiares y desde un punto de vista de serenidad y apoyo, donde hablaron compañeros desde un punto de vista muy cercano.
F. Seguimiento de los casos individuales.
Todo ello nos permitió ayudar a las diferentes personas que ante la muerte del compañero, necesitaban ayuda, o necesitaban hablar, o necesitaban apoyo, o necesitaban sentirse escuchados. Y se lo dimos, de forma anticipada, buscando todas las posibilidades para todas las necesidades. Avanzamos para bien de la institución y de las personas que la formamos. Y todo ello, hecho con mucho respeto.
Siempre nos acordaremos de él.


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