Rivalidades penibéticas

1) El Real España hacia 1924
El Real España hacia 1924 en su campo de la Avenida de Cervantes
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Hace casi un siglo, en los felices años veinte de la anterior centuria, convivieron en nuestra tierra dos clubes de fútbol que duraron muy poco, pero en sus breves vidas llegaron a despertar incendiarias pasiones y a ser la causa de que solícitos convecinos dejaran de saludarse. Esto ocurría en tiempos que consideramos como la prehistoria del balompié penibético pues son anteriores a la existencia del Granada CF. Sus nombres eran España y Español. Los dos prehistóricos clubes antepusieron a su nombre la palabra Real, previa aceptación del monarca Alfonso XIII de la presidencia honoraria de ambas instituciones que le fue respectivamente ofrecida, condición indispensable para ostentar ese título.

Todavía no se habían apagado los fragores de la debacle sufrida por el ejército colonial español en las ásperas barrancadas rifeñas cuando nació el primero de los dos, la Real Sociedad España, a finales de 1921, para el fomento y la práctica del deporte en general, no sólo el balompié, por lo que contó también con secciones de hípica, tennis (todavía se escribía así) y otros. Dos años después, bajo la ley marcial reinante en todo el territorio nacional por el reciente pronunciamiento de Primo de Rivera, septiembre de 1923, se fundó el Real Español FC. El España vestía camiseta azul y amarilla, el Español de rojo.

Antes de que estos dos clubes de fútbol nacieran ya existieron otros en Granada, pero ninguno consiguió lo que el Real España primero y el Real Español después, esto es, disponer de un campo propio y exclusivo y congregar en sus partidos a cientos de espectadores. El España era el preferido de los pudientes, los elegantes sportmen, mientras que el Español reclutaba a sus hinchas entre las clases más populares. Del España se recuerda especialmente, como el auténtico acontecimiento local que fue, su doble enfrentamiento amistoso a primeros de mayo de 1924 contra el Español, pero no el de aquí sino el de Barcelona (hoy RCD Espanyol), con Ricardo Zamora de máxima figura, ya por entonces una gloria nacional como indiscutible portero de la selección. El campo del España, al principio de la Avenida de Cervantes, registró un lleno a reventar como no se había visto nunca por estos pagos en un espectáculo distinto de los toros.

Los dos equipos granadinos encarnaron, aunque en versión mini y por muy poco tiempo, lo que debe ser esa inclemente rivalidad entre clubes vecinos que se vive en otras ciudades españolas. En sus cortas vidas el España y el Español (ahora sí nos referimos al penibético) se enfrentaron unas pocas veces y en casi todas ellas las crónicas relatan que hubo más que palabras entre la apretujada parroquia que asistía a estos eventos, pródigos en tumultos y altercados de orden público. Las invasiones del terreno de juego por parte de los mirones, situados pisando las mismas líneas de banda, estaban a la orden del día, y abundaban los guantazos, las pedradas y hasta los tiros, y las carreras camino de la casa de socorro solían ser el epílogo con el que concluían los partidos entre los dos irreconciliables rivales cuando no los acababa antes la Benemérita repartiendo sablazos y culatazos por doquier. Después de cada uno de estos choques (empleado aquí el término con toda propiedad) solía agotarse el árnica en las boticas granadinas. Y eso que casi todos sus enfrentamientos lo fueron a título “amistoso” (es un decir), sin puntos por medio ni nada tangible que ventilar excepto la satisfacción de humillar al odiado enemigo y ocupar un ilusorio primer puesto en el deportivismo local.

Todavía no se había inventado la liga, así que realmente ninguno de los dos llegó nunca a militar en alguna categoría futbolera tal como hoy las entendemos. Sí existía la Copa de España, pero nuestros protagonistas no llegaron a disputar ninguna edición. Sólo -que sepamos- alguna vez participaron en un campeonato regional andaluz sin llegar a superar las rondas clasificatorias. Así que casi la totalidad de sus partidos no fueron oficiales y no tuvieron otro objetivo que el de la exhibición, pero no por eso hubo menos vehemencia por unos y por otros a la hora de convocar a sus fieles para sus citas, y ambos clubes se lanzaron a un frenesí de fichajes de profesionales del balompié traídos de fuera a golpe de monedero, empeñados cada uno en ser más que el otro. España y Español fueron fundados con la idea de perdurar en el tiempo y llegar lo más alto posible, pero precisamente ese loco gastar a manos llenas fue la causa principal de la fugaz existencia de estos dos bizarros y prehistóricos clubes penibéticos. En 1925 desaparecieron ambos, aunque el España todavía tuvo un resurgir dos años después, en 1927, pero también fue efímera esta segunda versión y antes de acabar el año feneció definitivamente.

Esto ocurría en la Granada de la década de los veinte del siglo anterior, unos tiempos calificados por excelsas plumas del penibetismo como de una cuasi edad de oro en nuestra tierra. En lo intelectual y en lo artístico, pero también en lo económico. En estos años comenzó la decadencia de lo que desde hacía más de veinte funcionaba como motor económico granatensis: el cultivo de la remolacha y sus consiguientes industrias azucareras a pie de plantación empezaban a ser cada vez menos rentables, pero en Granada todavía apenas había paro obrero y seguía existiendo una cierta prosperidad. Simultáneamente dos instituciones canalizaban la vida cultural de la ciudad: el Ateneo y el Centro Artístico. En los salones del Ateneo, por poner un ejemplo, tuvo lugar en 1926 la muy famosa conferencia titulada «Paraíso cerrado para muchos», en la que un joven pero ya consagrado Federico García Lorca desnudaba el alma menuda de nuestra tierra. Por su parte, también por poner un ejemplo, el Centro Artístico fue el promotor del famosísimo concurso de cante hondo de la plaza de los Aljibes de la Alhambra, en junio de 1922, con gran protagonismo en su celebración del propio Lorca y de «nuestro ilustre paisano» -como a él se refiere la prensa de la época- Manuel de Falla, junto con otros muchos intelectuales y artistas tan universales como los citados.

El Recreativo Granada en 1934, el ‘Once Fantasma’

Un mucho más modesto club de fútbol que España y Español nació en el Albaicín también por aquellos años. La fecha exacta de su fundación la desconocemos, pero por el testimonio de uno de sus creadores sabemos que fue a comienzos de 1924. Sus integrantes eran casi todos familia y de clase muy humilde, así que para poder disponer de botas de fútbol o de un balón de reglamento debían hacer virguerías, que se dice, y el objetivo que se fijaron al echar a andar el club no fue otro que la diversión y el desfogue de las energías juveniles de sus componentes. Es el Recreativo Español de los primos Amigo y Vico, el mismo que en abril de 1931 se transformará en el club Recreativo Granada y al que, para nuestros cálculos, le faltan apenas cuatro años para convertirse en centenario. Nunca estuvo en el ánimo de los fundadores del muy modesto Recreativo Español crear un club que durara más que la juventud de los que lo componían. Mucho menos aún que algún día pudiera codearse con la élite del deporte hispano, como sí que lo estuvo en las intenciones de los fundadores del España y del Español pero, lo que son las cosas, casi cien años después aquel equipillo familiar juega en la que se considera mejor liga del mundo, está más vivo que nunca y atraviesa uno de los mejores momentos de su casi siglo de vida.

El Recreativo Granada, o sea, el Granada CF, fue desde su fundación en 1931 el indiscutible primer club deportivo de la provincia. Nadie podía disputarle tal condición porque al poco tiempo de empezar a competir en serio cosechó grandes triunfos hasta conseguir en menos de diez años llegar a la élite del balompié patrio. Ningún otro club de por estos andurriales tuvo una trayectoria que se le pudiera comparar. Por eso mismo, las feroces rivalidades entre equipos vecinos son algo que en Granada siempre vimos de lejos. Aparte de la montaraz mini competencia futbolera que vivieron nuestros abuelos en los tiempos del charlestón, eso de que probos padres de familia vecinos se deseen mutuamente males sin cuento por el simple hecho de lucir en la solapa insignias de diferentes equipos, siempre fue algo ajeno al futbolerismo penibético. Bueno, siempre, siempre… no.

Chiste de Soria en Ideal de diciembre de 2003

En 2002 el GCF tocó fondo iniciando la que sin duda es su peor época histórica, cuando la falta de dinero lo condenó a militar en la ínfima cuarta categoría del fútbol español. La consecuencia inmediata fue que se le subieran a las barbas otros que siempre habían estado muy por debajo. Esa igualación por abajo convirtió en rivales directos de los rojiblancos a otros equipos granadinos de la capital, cosa que no se había dado en la historia del club desde los años de la República, cuando era un recién nacido. Durante las cuatro temporadas que el Granada deambuló por los sótanos del balompié, volvieron a vivirse a la vera de la Alhambra algunas situaciones parecidas a aquellas que las hemerotecas nos cuentan que se dieron en los alegres años veinte entre equipos granadinos aunque, en honor a la verdad, en ningún momento en este principio de siglo y de milenio las hostilidades entre forofos de los distintos clubes locales llegaron a pasar de mentarse mutuamente a gritos o en los chats de Internet las respectivas parentelas unos a otros.

Ninguna sangre de hincha penibético llegó a río alguno en los varios partidos entre capitalinos vividos durante las cuatro temporadas de Tercera división (2002-2006), aunque también es verdad que a alguno de ellos acudieron sólo unos cuantos en guerrilla. Los partidos del Granada contra un vecino no dieron material alguno para la crónica de sucesos, pero sí dejaron alguna nota castiza muy en la línea de eso tan tópico que dicen que abunda en Granada y que tiene su kilómetro cero en el granadillo de Puerta Real. La vez que más pareció que el furor se desataría y habría inciso-contusos fue con ocasión de un surrealista derbi jugado a la china, a las dos de la tarde (varios años antes de que el capital oriental volviera a implantar en España horarios de los tiempos anteriores a la luz eléctrica en los estadios), en campo de dura tierra y a precios de Liga Santander para ver algo más propio de una liguilla Chauchina, si es que ésta existiera; como el presuntamente grande no quiso atender la solicitud de aplazamiento de su modesto vecino de Almanjáyar, el club Granada 74, éste, su inefable presidente y propietario, impuso -por chinchar- esas condiciones, pero casi hubo más gente levantando nubes de polvo al correr tras el balón que en las bandas presenciando el espectáculo. Los futbolistas del Granada, aquel día blanquiazules, quisieron estar a la altura del esperpento y salieron derrotados al marcarse dos goles en propia puerta, el segundo en tiempo de descuento y digno de vídeos de primera.

Precisamente al día siguiente a ese partido en Almanjáyar se presentaba un nuevo club en el Palacio de Congresos, la Unión Deportiva Granada-Recreativo y su SAD: el Granada Atlético. Su propósito –decían- era llenar el vacío que desde hacía años se vivía en el fútbol granadino, para lo cual estaban dispuestos a adquirir un club ya existente, como mínimo de tercera (el Guadix fue finalmente el comprado, mudado a la capital y rebautizado con el nombre de Granada Atlético), y salir a competición la temporada siguiente, la 2005-06. Lo acababa de fundar un grupo de empresarios de la tierra que prefirieron esta tercera vía en lugar de sepultar sus dineros en el saco sin fondo que representaba entonces el histórico, cuyo futuro era más incierto que nunca, entrampado hasta las orejas pero, como de siempre fue una constante en su historia, sin que la cifra exacta de sus trampas se conociera.

En horario chino, en campo de tierra y a precios de Liga Santander se jugó el derbi Granada 74-Granada CF, noviembre de 2004

Así en la 05-06 asistimos a otro derbi surrealista, esta vez en el Nuevo Los Cármenes y también con el Granada como visitante y frente al neófito Granada Atlético. Es el derbi de las trompetillas. En esta ocasión la nota esperpéntica fue más acústica que visual y los que estuvimos presentes así como los vecinos de las varias manzanas de casas cercanas al estadio siempre lo recordaremos por el gran dolor de cabeza que nos produjo el estruendo de los varios cientos de bubucelas repartidas a los hinchas del equipo que actuaba como local y que éstos hicieron sonar incesante y desacompasadamente durante las dos horas largas que la cosa duró.



Comentarios

Un comentario en “Rivalidades penibéticas

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    José Luis Entrala

    Leo este estupendo retablo histórico un siglo después de que sucedieran estos acontecimientos y. me asombro al compararlos con este momento de euforia copera y de granadinismo exultaste que ojalá culmine con lo que ni nos atrevemos a soñar. Desde la distancia física de Vallarta en México y con mi muy maltrecha Salud la televisión y Granada digital me mantienen al dia con la emoción a flor de piel.

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