Resiste, que alquilas

Agencia
Fachada de una típica agencia inmobiliaria inglesa | Foto: D.L.
Avatar for David Lendínez
0

Al principio, cuando se aterriza en Inglaterra, se está tan centrado en encontrar un trabajo digno pronto que lo del alojamiento como que queda en un segundo lugar. “Algo habrá. Con una habitación, una cocina y cuarto de baño me basta”, reflexionas. Eso que a priori debería ser esencial, a veces se atasca y puede pasar un tiempo hasta que te asientas.

Primer principio general: nunca, nunca comparar entre países, y menos en esta cuestión. En mi caso, España versus Gran Bretaña. La residencia aquí no es sencilla por un principio económico de la oferta y la demanda. Básicamente, hay más gente que casas. ¿Resultado? Los propietarios (landlord, traducido literalmente señor de la tierra) tienen la sartén por el mango, lo que se traduce en alquileres y precios de compras desorbitados, muy por encima del producto ofrecido.

En Granada si quieres alquiler en Camino de Ronda acudirás a agencias, portales de internet o directamente contactarás con el dueño llamándolo por el teléfono que él mismo habrá puesto en un cartel de toda la vida de “Se alquila”. En Inglaterra, es difícil hablar con el landlord de primeras, con lo que has de pasar por el trámite de la agencia, en las que nada más entrar te piden contrato de trabajo. Ya puedes tener un millón de libras en tu cuenta que sin trabajo, complicado. ¿Y qué pasa con los recién llegados que están en pleno proceso de búsqueda de empleo? Lo que les queda es alquilar una bonita habitación en un piso compartido. Gumtree es uno de los sitios más populares para mirar. Un dato periférico testado: es más fácil alquilar si tienes mascota que si tienes pareja.

Una vez que se reúnen las condiciones (trabajo y dinero), llega el momento de la caza de la vivienda. Para no frustrarse demasiado, hay que tener claro que no hay que ir con prisa porque puede ser un proceso largo y que antes de dar con el tuyo verás cosas increíbles puestas en alquiler. Tampoco puedes olvidar que los inmuebles vuelan y que si ves que potencialmente se acerca a tus pretensiones, tírate de cabeza a por él porque al día siguiente ya no estará. Yo alquilé un piso – incluido papeleos y pagos- en una hora tras una visita de no más de 10 minutos. Evidentemente depende de cómo esté el mercado en ese momento, pero recuerdo hace varios años cuando alquilé en Granada elegí un piso después de haber visto varios y tomarme algunos días para valorar los pros y los contras.

Es bueno que cuando veas las habitaciones vayas con más personas. Y si son altas, mejor. Uno habrá de asumir el rol de escuchar al de la agencia, que le hablará de las maravillas de vivir allí y el otro/s se debería escabullir para inspeccionar libremente y tratar de encontrar algún vicio oculto ¿Por qué es importante la altura? Para ver si los techos tienen alguna humedad, muy propensas en un clima y con construcciones de madera como las inglesas (aún me sigue sorprendiendo como aquí, tan proclives a la lluvia, se trabaja tanto con la madera en las edificaciones).

Ejemplos

Este contexto es el perfecto caldo de cultivo para que se sucedan historias inauditas de españoles intentando encontrar un hogar. He recopilado varias que particularmente me impactaron.

Aquella pareja de Sevilla que vio un anuncio de una bonita casa a las afueras de una villa. Buen precio, aparentemente bien amueblado, algo retirado pero con buenas conexiones, y lo más importante, un supermercado a 5 minutos. Concertaron una cita y allá que se plantaron. En un primer vistazo no vieron ningún establecimiento de comida. Como llegaron unos minutos antes que la propietaria se asomaron y vieron que la casa estaba vacía, ni un mueble. “María, creo que el Google Maps se ha equivocado de dirección, esta no es la de las fotos”. En esas que llegó la landlord y abrió la puerta de la vivienda con mucho ímpetu. No se habían equivocado. Era esa. La mujer les iba enseñando las estancias: la cocina, el cuarto de baño, las habitaciones, el salón. Pero lo explicaba como si allí hubiera muebles: “aquí para el frigorífico, la televisión, la lavadora con secadora…”

Pero sólo estaban los huecos, como si la casa la hubieran desmantelado una banda de ladrones. El clímax llegó en la habitación de matrimonio, que estaba como el resto de la casa pelada, salvo por una bicicleta estática, pero la mujer hablaba como si estuviera llena de contenido: “este espacio para la cama, las mesitas de noche, la cómoda…” Y ellos lo única que veían eran las señales en la moqueta de que efectivamente hacía poco había habido una cama y las mesitas mencionadas. Ella ya no aguantó más aquella escena y dijo, eso sí muy polite: “En el anuncio venía que estaba amueblado”. A lo que la propietaria contestó mirando a ese inmenso vacío: “Y lo está, bueno, (sonrío) no ahora, pero lo va a estar”. “Pero el anuncio decía que estaba disponible”, apretó la sevillana. “Sí, mañana, si queréis. Yo, ahora mismo, traigo todo en una furgoneta y lo dejo listo”. “¿Y no había un supermercado?”, presionó María asumiendo que aquel no iba ser el suyo. “Es la gasolinera, que vende de todo”, respondió la inglesa sin fisuras. Allí se quedó con su magnífica casa de muebles imaginados.

Un enfermero de Barcelona andaba buscando alojamiento cerca de la estación de trenes para los días en los que entraba de turno en el hospital. Quería un estudio sin más pretensiones. Y creía haberlo encontrado. Llevó todo para hacer el papeleo. A poco que estuviera habitable, lo tramitaba. Cuando llegó a la habitación se encontró con un inmenso agujero en el techo que dejaba ver las vigas del tejado. Todo parecía indicar que alguna filtración había pasado por allí. El agente le presentó el estudio sin prestar mucha atención a aquello. Hasta que el enfermero le preguntó por lo evidente: “¿Qué ha pasado?”. “Por eso no te preocupes, ya hemos llamado para que lo arreglen”, se encontró de respuesta. “Pero, ¿es que me dijeron que el piso estaba listo para ser habitado ya?, le replicó. “Y lo está, esta tarde lo arreglan y mañana como nuevo”, concluyó. Aquel catalán desistió y se fue finalmente a las afueras.

Me gusta una historia particularmente que la chica la tituló con mucha gracia: La gotera perfecta. Era un viejo piso de Londres, en el que el propietario estaba más preocupado por recibir la renta que por el inmueble. Vamos, escasamente mantenido. Un día por la noche, esta pareja escuchó el inconfundible sonido de una gota cayendo del techo al suelo. Casualidades de la vida, el agua caía justamente en el agujero del váter, si este estaba abierto. Le trasladaron el incidente al dueño, que tampoco clasificó el asunto como urgente, y a la semana se pasó para valorar la situación. ¿Su reacción? “¿Y cuál es el problema?” Para ese hombre el hecho de que el agua quedara recogida de manera natural en el váter era suficiente. Ella, que hacía malabarismos cuando le entraban ganas, se lo comía.

Soluciones

Lo bueno de las agencias es que ven soluciones donde tú solo encuentras problemas. Era un piso con dos baños con moqueta y en uno de ellos la alfombra cercana a la ducha estaba levantada, señal inequívoca de que la mampara tenía filtraciones. “Vaya, está roto”, apuntó el pretendiente. “Sí, pero tienes el otro”, replicó la otra parte. Tanto para el agente.

Visita de una casa que estaba siendo reformada con muy buena pinta, pero aún le quedaba y a los interesados les corría prisa. “Sería perfecto, pero no podemos esperar tanto tiempo”, le explicaron. El de la agencia, rápido, dijo que era verdad que todo estaba en obras, pero que el final estaba más cerca de lo que podía parecer. A lo que dirigiéndose a los obreros les pidió un plazo. Los trabajadores le dijeron que como mínimo 3 semanas. Y el agente insistió: “¿A que en dos semanas se pueden venir a vivir?” “Claro, en dos semanas”, asintieron ahora con seguridad.

La sensación es que están tomando el pelo, pero estoy convencido de que forma parte de un plan nacional urdido estratégicamente por las agencias. En la primera pantalla se muestran las defectuosas y si no picas, llegarán las de más calidad. Por eso no vale rendirse porque tras esa primera fase, en la que caen los jugadores inexpertos, los que no saben este secreto, está el gran tesoro, las buenas. Aquí la resistencia te lleva al hogar, dulce hogar.







Se el primero en comentar

Deja un comentario