Rebrotes en centros sociosanitarios, entornos sociales, mataderos y agrupaciones de temporeros: higiene+mascarilla+distancia

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Sanitarios en la zona de Urgencias del Hospital Clínico San Cecilio | Foto: Javier Gea
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Hay brotes y los seguirá habiendo porque la mayoría de la población es susceptible al contagio. Lo importante es detectarlos y actuar con prontitud. Centros sociosanitarios, entornos sociales, mataderos y agrupaciones de temporeros son los lugares que en estos momentos ocurren la mayoría de rebrotes.

En residencias de ancianos, muy golpeadas durante la primera ola de la pandemia, sigue habiendo brotes. Siguen siendo lugares donde la situación de las personas necesita mejorar. Se han adaptado mucho tras los primeros brotes de COVID-19, pero adaptarlas del todo conlleva cambios estructurales, relacionadas con la capacidad de separar a la gente, de aforo, de vigilancia, de número de trabajadores/as… Mucho más de lo que muchas han sido capaces aún de implementar.

Un segundo lugar donde hay brotes es en los hospitales. En algunos hospitales se han localizado brotes. Eso es señal de que algo importante ha fallado, porque ahora mismo tenemos equipos de protección, hay circuitos, todo el mundo lleva mascarillas, sabemos cómo son las medidas y no se han relajado. Conviene no bajar la guardia porque un brote en un hospital afecta a pacientes débiles y, por tanto, propensos a cursar la COVID-19 de forma grave.

Un tercer sitio donde hay rebrotes es en las fiestas, los rebrotes sociales. Y se han detectado varios. Los tres factores que favorecen el contagio son estar cerrados, estar en sitios concurridos y estar muy cercanos. Una mala ventilación, el contacto estrecho, y que no se cumplan ciertas medidas, como la higiene y las mascarillas todo el rato son aspectos que favorecen el contagio. Además, la gente tiende a asociar que con personas conocidas el riesgo es menor. Y es al revés, porque el contacto es más próximo. Si nos relajamos en estos eventos, hay riesgo. ¿Cuándo no usar la mascarilla fuera de casa? Cuando comemos, cuando nos tomamos algo… Y basta que una persona sea asintomática en una fiesta privada en la que se han reunido 20 personas en una casa, para que surja un brote. Si la mayoría de la ciudadanía respeta las tres medidas más básicas –higiene, distancia física y mascarillas– los brotes seguirán siendo controlables, todo ello acompañado de un buen rastreo de contactos y cuarentenas y aislamientos.

Las fábricas, mataderos y agrupaciones de temporeros se han destapado como sitios de alto riesgo en toda Europa. Ha sido foco de varios en España, y también en diferentes sitios de Europa. Son todos espacios y circunstancias en los que el contacto entre trabajadores, en muchos casos en condiciones precarias, es muy frecuente y próximo, y en los que es habitual que no se garanticen todas las medidas higiénicas recomendadas. Muchas veces no son solo las prácticas laborales, sino que se le suman sus condiciones materiales asociadas, ya que muchas de estas personas contagiadas viven además en lugares insalubres.

Desgraciadamente, los trabajadores de los mataderos son personas de grupos sociales desfavorecidos y mantienen unas condiciones de transmisión más fáciles, no solo en el matadero sino también fuera. Son grupos que conviven todo el día no solo en el trabajo sino fuera de él. Por eso es difícil discernir si los contagios son dentro o fuera del matadero. No es fácil valorar si las condiciones de los mataderos favorecen el contagio, pero sí es una opción. Si las empresas no fomentan la higiene y la distancia interpersonal, y le dan un valor indiscriminado a las mascarillas, va a poder suceder esto. Además, hay un problema con los temporeros y con las fábricas con mayor hacinamiento donde hace falta un refuerzo de las medidas de prevención. Porque en muchos casos surge de gente asintomática o de personas que contagian a otras, días antes de desarrollar síntomas, por tanto, no hay otra manera de controlarlo. Es responsabilidad del empleador que se cumplan las medidas.

Ante todo ello, los resultados de una extensa revisión publicada en la revista The Lancet muestra que la distancia de un metro entre personas reduce el riesgo del transmisión de la COVID-19 en un 82%, y cerca del 91% con dos metros de distancia, tanto en el ámbito sanitario como comunitario. Respecto a las mascarillas la protección es del 85% la reducción de la transmisión del SARD-COVID-2, más efectivas en ámbitos sanitarios (95%) que en el comunitario (56%).

Es fundamental insistir en estas medidas de distancia física y mascarilla, junto al lavado de manos para evitar contagios y brotes por el coronavirus. Y además necesitamos mensajes para la población joven, para mejorar su concienciación ante la Covid-19. Mucho por hacer aún. No bajemos la guardia.







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