Pirámides y coronavirus

Carta del presidente de SEDAP en el Día Mundial de la Atención Primaria

Manuel Bayona, presidente de SEDAP
Manuel Bayona, presidente de SEDAP | Foto: Gabinete
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La pandemia por coronavirus está introduciendo en nuestro lenguaje diario la métrica. Cada mañana y cada tarde miramos el dato: casos positivos, sospechosos, ingresados en planta, en la uci, nuevos ingresos, altas, éxitus, número de urgencias, ingresos, llamadas telefónicas, consultas…

Esta pandemia está dando un cambio radical a los sistemas sanitarios. El paradigma del cambio en salud, que hasta ahora se decía que era complejo y difícil, ha saltado por los aires, haciendo que todos cambiemos, profesionales, agentes sociales, gestores y hasta la propia ciudadanía.

En hospitales y Atención Primaria todo ha quedado supeditado a lo fundamental, a lo estrictamente necesario para resolver las verdaderas necesidades de la ciudadanía, y parece como si desaparecieran del mapa sanitario especialidades de las que casi no se habla, pero que durante décadas se han encumbrado, alimentada económicamente, con consideración social y profesional.

En el sector sanitario la tecnología y la innovación han tenido una orientación hacia un futuro en el que no figuraba el que nos está tocando vivir. Es cierto que la propia sociedad de las últimas décadas se ha caracterizado por un consumismo insaciable, una cultura que también ha formado parte del sistema sanitario, en cuya cúpula de la pirámide ha estado la fascinación tecnológica y la súper especialización.

Dar la vuelta a la pirámide

Ahora, con la crisis del Covid 19 hemos asistido a una inversión de la pirámide, cuya base, formada por la población, se ha invertido para colocarse arriba, y la Atención Primaria y Comunitaria, inmediatamente debajo, porque es la primera línea de actuación y la que conoce, atiende y detecta la situación sanitaria en cada momento. A partir de ahí, hacia abajo, están los servicios de soporte, y más abajo las especialidades que atienden situaciones puntuales en procesos concretos. En la parte final los directivos, al servicio de esa organización, y por último los decisores políticos, que deberían salvaguardarla, protegerla y cuidarla.

Es el momento de la Atención Primaria, el momento para comprobar el valor que tiene estar junto a las personas y la comunidad, siendo cercanos y resolutivos. La atención hospitalaria tendrá que reorientarse a la AP, no al revés. Quizás ya no habrá salas de espera, ni tardes vacías en los servicios. Reinará la consulta colaborativa, por la vía que sea, online, telefónica o presencial, y pasaremos “del cupo al equipo de verdad”.

Ahora, que todos los niveles de la pirámide están viviendo el cambio en primera persona, éste será no solo posible, sino real, pero habrá que hacer un cambio por el miedo, sino un cambio ordenado y planificado, basado en la evidencia.





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