Pepe y Adelina, los vecinos de Albolote cuyo garaje se ha convertido en un banco de alimentos

Este profesor jubilado y su mujer atienden cada semana a familias que se han visto afectadas por la crisis económica provocada por la pandemia

FOTO2 David Canca - Banco de alimentos
Pepe Guardia, el ángel de la guarda de Albolote | Foto y vídeo: David Canca / GD
Rosa Núñez
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La pandemia de Covid-19 ha derivado en una irremediable crisis económica que ha afectado a múltiples sectores y ha provocado que muchas personas se hayan visto sin trabajo de repente o, ‘con suerte’, en situación de ERTE. Durante los últimos 14 meses, los bancos de alimentos se han llenado de colas de personas que, hace poco más de un año, nunca se hubieran imaginado de esa forma.

Sin embargo, las asociaciones ya conocidas y asentadas en la sociedad, como Cruz Roja o el Banco de Alimentos de Granada, no han sido las únicas que se han implicado en este drama. José Guardia, más conocido como Pepe, es un vecino de Albolote y profesor del Colegio Marista La Inmaculada de Granada durante más de 40 años que ha creado un banco de alimentos en su garaje, un ‘minimarket’, como él le dice, con el que está ayudando, junto a su mujer, a vecinos, tanto de dicho municipio como de otras zonas de la provincia, como se puede ver en el vídeo que acompaña a esta noticia, disponible en el canal de Youtube de GranadaDigital. Antes que él, su madre ya le enseñó el significado de ayudar y ser solidario con los que menos tienen, pues era una conocida vecina del Albaicín que cocinaba grandes ollas de puchero para las personas con menos recursos del barrio granadino.

“Empezamos con las mascarillas porque antes no había en ningún sitio”, comienza explicando Adelina, la mujer de Pepe y cofundadora de la Asociación José Guardia. “Nos han pedido mascarillas desde los centros de salud, hospitales, clínicas…”, y Pepe puntualiza: “Ya hemos repartido más de 15.000 mascarillas y todavía seguimos repartiendo por Granada a todos los indigentes”. No obstante, “este banco de alimentos pequeñito, o más bien ‘cochera solidaria’ surge de la necesidad de que las personas vienen para llevarse algo digno que comer; además, no se acumulan, vienen por turnos cada media hora, podemos hablar con ellas, que es muy importante, no tratarlas como números, sino escucharlas y dar apoyo moral, psicológico y, por supuesto, comida”, continúa el alboloteño. Así, Pepe les pregunta qué necesitan, sabiendo que quienes acuden destacan por ser sinceros y nos les da cajas previamente preparadas, sino con las necesidades para cada familia; lo apunta en una cartilla que la persona en cuestión firma cada semana y le hace una foto a lo que se lleva, con la intención, como recalca, de ser “totalmente transparentes”.

Comida retirada por una familia | Foto: David Canca / GD

Como requisitos, las personas que acuden pidiendo ayuda deben llevar su DNI o papeles que acrediten su identidad y, a poder ser, la recomendación de alguien que ya haya ido previamente. Aun así, Pepe asegura que cuando ha ido alguien por primera vez y sin estos papeles, se ha llevado igualmente una caja con alimentos.

La gestión de un banco de alimentos particular

Pero, ¿cómo llevar a cabo esta idea y gestionar las compras de tantos alimentos? “Hay mucha gente que está detrás de todo esto”, aclara Adelina. Según ella, Pepe “siempre ha tenido muchas amistades y lo han apoyado tanto económicamente como de cualquier otra forma. Al principio, como teníamos fondos de la gente que iba donando dinero, empezamos a comprar alimentos, primero en el supermercado y luego hemos ido seleccionando pequeños comercios de toda la vida, para ayudarles”. Pepe manifiesta su agradecimiento a las personas que han ido donando dinero, que son su subvención, y que lo dan “porque creen en este proyecto porque tratamos de ser muy transparentes y dejar claro en redes sociales quién nos da el dinero y en qué se gasta”.

Además, dado que varios medios de comunicación ya se han hecho eco de esta gran labor llevada a cabo por Pepe y Adelina, “muchos antiguos alumnos se han puesto en contacto conmigo y también han querido colaborar económicamente, trabajando o dándonos donaciones de otro tipo”, añade este profesor jubilado.

Cabe destacar el trueque que hace su asociación con otras cuatro: “Nosotros les damos pollo y ellos nos dan fruta y verdura”, comenta. También hay algunas ocasiones en las que algunos restaurantes contactan con ellos para darles croquetas ya preparadas y otros productos “para darlas en el día; o bien, como ayer, que me llamó una antigua usuaria que venía por aquí y que ya tiene su trabajo, porque tenía cedido un campo y nos ofreció que lo recogiéramos, así que juntamos a varios voluntarios y recogimos diez cajas de habas, acelgas, apio… Eso se está repartiendo hoy como extra”, dice el hombre con un ramo de apio que parece un ramo de flores.

Algunas de las verduras recogidas por los voluntarios que les ayudan | Foto: David Canca / GD

Otra de las antiguas usuarias, que ahora colabora cuando puede con Pepe y Adelina para ayudar a otros, destaca que “son tan encantadores que se forja una amistad” y bromea con que al garaje solidario lo han bautizado como ‘Supermercados Pepe’.

Por si fuera poco, en el patio de Pepe, cuya puerta siempre permanece abierta, hay un banco de piedra en el que algunos días aparecen bolsas con ropa y alimentos no perecederos de personas que las donan de forma anónima.

Una petición al Ayuntamiento

Pepe y su mujer reiteran que “este banco de alimentos no tendría que existir, nosotros tendríamos que hacer otras cosas” y afirman de forma contundente que “las administraciones son las que tendrían que encargarse, pero después de más de un año aquí, sólo ha venido una vez una concejala de aquí, de Albolote, y nos dijo que no se podía hacer nada”. Lo que la Asociación José Guardia necesita es “un local; que nos lo dé quien sea y nosotros ya pondremos los medios, pero que sea más digno que esto, que ya no te puedes ni mover”, dice Pepe mirando a su alrededor.

Lo que empezó como unas cuantas cajas de alimentos en el garaje ha acabado expandiéndose hasta otra habitación más y el patio de su casa. “No queríamos salir de la cochera, pero cada vez nos metemos más en nuestra casa”, comenta Adelina claramente incómoda con la situación. “Nosotros lo que queremos hacer realmente no es esto, sino proyectos de educación, sanidad…, seguir yendo a África, América y, por supuesto, a nuestros barrios. Queremos hacer proyectos de educación, que es la base para que este mundo cambie un poquito”, concluye Pepe, quien recuerda que hace años estuvieron varias veces en campos de refugiados saharauis con familias en las que había personas con alguna discapacidad, en las que recogieron las necesidades que había y al año siguiente las solucionaron, como la instalación de un pozo, la realización de proyectos laborales para las mujeres, la creación de un ambulatorio…

Adelina envía un mensaje en estos momentos en los que la ayuda por parte de todos es más necesaria que nunca: “Tenemos que ser solidarios y echar una mano, y las instituciones también tienen que involucrarse”. Lo que está claro es que, si bien es emocionante ver cómo esta familia ayuda a otras afectadas por la pandemia (calculan que unas 40), “ojalá llegue el día en el que no sea necesario todo esto”, coinciden Adelina y algunos de los responsables de varias asociaciones que colaboran con ellos.







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