Un partido que se juega fuera de España

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Imagen de una de las protestas que se están desarrollando estos días en Cataluña | Foto: Europa Press
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Este partido se está jugando fuera de España. Me refiero al problema de Cataluña, que no es un problema de los catalanes, sino de España entera. Cada vez que un inglés, un francés, un alemán un italiano… entra en duda sobre la dimensión del conflicto -por leve que sea esa duda- el independentismo está más cerca de su meta. Por leve que sea ese acercamiento al objetivo final de la independencia y por lejano que esté ese fin.

Los independentistas lo saben. La independencia de Cataluña solo será posible cuando la región catalana sea reconocida en el exterior como nación. Por eso, la batalla diplomática es vital y prioritaria en este caso. Pero aquí hay muchos que no se han dado cuenta y si se dan cuenta disimulan porque su objetivo prioritario, antes que ningún otro, es arrancar votos. No hay más que mirar las portadas de los de siempre en estos días para darse constatarlo.

Antes de que alguien me corrija, anticipo que por muchos errores que haya podido cometer este gobierno o el anterior o el otro, Sánchez atrapado en el juego de las siete y media que o te pasas o no llegas, Rajoy con su ‘tancredismo’, Zapatero con su ‘barra libre’, nada de esto estaría pasando si en aquel rincón de España no se hubiesen impuesto los supremacistas, esos que en toda Europa son de extrema derecha y aquí encuentran en la ‘comprensión’ de la izquierda la coartada política para proclamar sus aspiraciones. Todos los errores de cálculo o de omisión, de acción o inacción, no son nada comparados con el abuso y la aporofobia de los supremacistas.

Pero estamos en el día que estamos y en la situación a la que hemos llegado y cualquier solución o iniciativa que contribuya a destensar la tensión de estos días tiene forzosamente que partir de aquí. No de lo que se debería haber hecho y no se hizo, tampoco de una rigidez empestillada en los jueces ni de posturas a priori que descargan en el contrario toda la culpa de la situación. Es la hora de la política por más que a la derecha del espectro político se reclamen medidas severas, porque todos saben que al final, en algún momento, habrá que negociar.

En realidad, eso se ha sabido siempre. Pero ‘Tancredo’ Rajoy optó por el ‘tancredismo’, en la espera confiada de que cuanto más se tensaba la cuerda en Cataluña más votos recaudaba en el resto de España. Pasó que por su derecha le adelantó Ciudadanos y, a la vez, su electorado -que es más de derechas que el propio PP- se subió a la opción más radical que traía Vox. Por no hablar de aquella ‘barra libre’ que ofreció Zapatero a una reforma del Estatuto que se sacó de la manga Maragall porque se aburría y quiso pasar a la historia, a pesar de que nadie la reclamaba, como demostró la bajísima participación en el referéndum.

Todo eso es pasado y, como tal, cada día que pasa es más difícil retomar el hilo de una convivencia en un escenario de desafección que nadie se ha ocupado de recomponer ni siquiera después de la gravísima fractura del 1 de octubre de hace tres años. Nadie se ocupó de recomponer porque estaban todos en modo precampaña electoral, todos muy pendientes del cálculo electoral en el sobrecargado calendario electoral que esta España autonómica nos ofrece.

En estos días tristes para la Patria, el indepentismo busca a toda costa la repercusión internacional del conflicto. Cuanto más tense la cuerda y prolongue la mecha encendida por el pirómano-jefe Torra, más posibilidades de forzar o al menos conseguir que voces del exterior de España llamen a una mediación en la que piensan que llevarían las de ganar porque la resultante siempre sería más avanzada que la que tenían antes de lanzarse a esta estrategia suicida que ha envenenado la política nacional en los últimos años.

Una estrategia suicida en la que el jefe de la Generalitat, la única institución republicana restituida tras el franquismo -no se olvide-, propone ayer mismo ¡la convocatoria de un referéndum! Como prueba palmaria de que ni ellos mismos se creen aquella comedia de 1-0, de cuyo sacrosanto mandato independentista dicen ser deudores. Aquellos días previos al seudorreferéndum, que es el momento más asemejado al franquismo en las últimas décadas -consulta controlada desde el poder, bombardeo de propaganda desde los medios públicos, imposibilidad de acceso a los medios públicos por parte de la oposición, censo desconocido, escrutinio ignoto…-, el independentismo se hubiese conformado con la fotografía de un agente llevándose una urna como ‘imagen de represión’ que mostrar al mundo. La torpeza del ministro les añadió las cargas policiales.

Y ahora me he acordado de aquello cuando se ha suspendido el Barcelona-Real Madrid del día 28. Como si la propia suspensión del partido no fuera por sí sola una baza para el independentismo cuando se proclama al mundo entero la ‘anormalidad’ de no poder disputar el espectáculo con sede en España que más difusión proyecta al exterior. Ya en aquel nefasto 1-0 el independendista correspondiente ‘colocó’ en el horario que más le convenía la retransmisión del Barcelona-Las Palmas. A las cuatro de la tarde. Se podía haber programado para el sábado o el viernes o el lunes. Pero al programador le venía muy bien esa hora, en continuidad con las tensiones de la mañana, para que, además de la espectral imagen de las gradas vacías, el pelotas de turno -que todavía sigue al micrófono- lanzase aquella tarde comentarios entre gol y córner, saque de banda o fuera de juego, que hubiera suscrito el mismísmo Puigdemont.

En la jornada de huelga que vive hoy Cataluña llega a Barcelona una marcha de tractores, agricultores subvencionados por la UE que van a perder la subvención de la UE tan pronto como la Cataluña independiente salga de la UE. En sus cortas luces probablemente siguen durmiendo en la ensoñación con la que les acunaron los líderes independentistas. Entre esos está ese Torra, cuyos comentarios xenófobos contra los españoles, que todos conocemos, de haberlos hecho cualquiera de Vox o del PP contra cualquier colectivo habría desatado más que iras de la izquierda podemita y parte de la que no lo es pero como los hace contra España… Bueno, pues este Torra sube ayer al Parlament y ahora propone ¡otro referéndum! -el tercero sería- cuya mera formulación rompe con la propia lógica de los ‘puigdemones’, ‘junqueras’ y demás: ¿cómo que otro referéndum? ¿Pero no había un mandato sacrosanto de las urnas fantasmas del 1-O que obliga a proclamar la independencia y la república catalana? ¿Qué les va a preguntar ahora? Lo dicho. Ni ellos mismos se aclaran.



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