Me bloqueó Maradona

Me bloqueó Maradona
La entrada del Granada – Malmoe de 1988, entre los recuerdos que guarda José Quesada | Foto: J. Quesada
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En una pequeña caja metálica de tabaco. Ahí es donde guardo todos mis tesoros. Lógicamente, para alguien que se levanta todos los días a las 7 de la mañana, los metales preciosos y las joyas escasean en ella. Un par de llaveros, alguna foto, un puñado de cromos y varias entradas. Poco más. Entre todas esas baratelas está la joya de mi corona. Un trozo de papel de unos 10 centímetros sin valor alguno para cualquier persona “normal” y auténtico tesoro protegido por una funda de plástico incorruptible para los chalados, entre los que desgraciadamente me hallo. La entrada del Granada – Malmoe de 1988, el recuerdo material del partido más mediático que jugó jamás el Granada.

A menudo pienso que es triste que el partido más mediático que ha jugado un club de fútbol sea un amistoso, pero se me pasa cuando razono que muy pocos clubes tuvieron el honor de que Maradona defendiera su camiseta, aunque solo fuera por una tarde. De vez en cuando, cuando tengo un rato libre, abro mi caja y me sumerjo en ella. Buceo apenas unos minutos, lo justo para dejar volar mi imaginación y escapar unos instantes de la rutina diaria. Al acceder a la susodicha entrada pienso en Maradona, pero no en Diego, el mejor futbolista de todos los tiempos, sino en Lalo, al que debemos de agradecer que el ilustre apellido se mezclara con el Granada. Mi querencia por los heterodoxos, por los frustrados, por los desafortunados, me hace considerar que Lalo Maradona fue un futbolista aplastado por un apellido y lo cierto es que siempre me llamó la atención hasta el punto de la compasión. Me aterrorizo al pensar que desde que nació, debió desfilar sin descanso sobre la frágil línea que discurre entre sentirse aupado por su hermano y eclipsado por su presencia. Todo el que tiene un hermano sabe lo que es pasar por eso: quedar a su sombra, no ser nadie, que hablen de ti para hablar de él… No puedo ni imaginar cómo sería si tu hermano es el mejor futbolista del planeta, posiblemente la persona más conocida del mundo y prácticamente un dios en tu tierra natal. No debe de existir un resquicio por el que se cuele un rayo de luz que incida directamente en ti. Es vivir en la sombra. En la más densa de las tinieblas.

Casualidades de la vida, hace unos meses el perfil digital de Lalo Maradona llegó hasta al mío. No sé cómo ni porqué. Pero mi inusitada ilusión me hizo atropellarle con un artículo que había firmado tiempo atrás recordando su historia, la futbolística, la que me parecía ensombrecida por la figura del mejor jugador de los tiempos. A la espera de una respuesta me encontré con un bloqueo veloz e implacable, como el mejor de los defensas, como uno de los tantos que le habrán hecho durante su carrera sin éxito. Sin duda lo que había allí escrito, desde la más profunda admiración hasta casi la compasión, no le gustó. Entonces comprendí que aquella herida que siempre sospeché sin duda debió existir, lo que no acerté si quiera a imaginar es que seguiría abierta. Y es que en el texto hablaba de él hablando de Diego, lo dejaba a la sombra de su hermano. Aunque apareciera su nombre en negrita y en grande, no era protagonista de su propio relato.

Me bloqueó Maradona, sí. Y lo peor de todo es que no puedo guardarlo en mi caja. Pero si pudiera lo haría, pues uno no tiene la suerte todos los días de ser bloqueado por el hermano del mejor futbolista de la historia y, seguramente sea ese, el instante que más cerca estaré jamás de la gloria futbolística.







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