De Burgos Bengoetxea, ¡qué impotencia!

Granada CF - FC Barcelona
Los jugadores del Granada CF protestan al colegiado De Burgos Bengoetxea, que arbitró el Granada CF - FC Barcelona | Foto: Antonio L. Juárez
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De igual forma que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde, uno no sabe lo que ha perdido hasta que lo echa en falta. Los guantes impermeables que solo te pones para ir a la nieve, el bañador nuevo que te compraste al final del verano anterior, los calcetines que reservas para las bodas… Siempre a última hora, cuando has decidido que los vas a usar, es cuando te das cuenta de que no están. Pero ya no da tiempo para buscar demasiado, apenas para rebuscar en un par de cajones de la mesita de noche. Y maldices tu estampa mientras intentas hacer un muñeco de nieve con las manos congeladas o mientras tiras del bajo del pantalón del traje para que no se vea el letrero de ese calcetín ramplero del Decathlon.

Durante estos meses de competición sin aficionados, me ha dado tiempo para asimilar que no puedo ir al estadio a apoyar a nuestro equipo. Ya no hay que salir de casa pitando con los auriculares colgando del bolsillo y con un bocadillo a medio hacer. Ahora toca sentarse plácidamente en el sofá, enchufar el brasero y echarse una mantita por encima. Las dudas existenciales de mis compañeros de grada y las quejas arbitrales las he cambiado por las preguntas interminables de mi hija mayor y los refunfuños de mi mujer. Y yo que soy de acomodarme -todo hay que decirlo- empiezo a pillarle el tranquillo: mi hija está cada vez más enganchada al fútbol y yo he evolucionado la faceta de oír sin escuchar.

De esta forma, sin saber muy bien cómo, el sábado se quedó una bolsa de basura en el pasillo visible desde el sofá. Demasiado temprano para bajarla al contenedor, decidí hacerlo cuando terminara el partido frente al Barcelona. No sé por qué, a partir del primer gol encajado aquel reluciente saco negro empezó a llamar enormemente mi atención. Pronto se sumó a mi mente la espléndida bolsa de reciclaje de envases, esa bolsa de supermercado deformada por los picos de los tetrabricks y botes de detergente. Miraba al reloj, podía ver el partido tranquilamente, debía ver al Granada, pero las ganas de bajar a tirar la basura no hacían más que aumentar. Tras el tercer gol recaí en la caja de zapatos, deshecho de mi regalo de reyes que aún dormitaba a los pies de mi cama. Y después de la expulsión de Vallejo me acordé de las dos botellas de aceite usado que aguardaban sobre el fregadero.

Bajo un cielo negro cerrado y recorriendo medio barrio cargado de bolsas malolientes, recaí en que estamos perdiendo el sentimiento de impotencia y desolación, de igual forma que he perdido la gélida caminata de 20 minutos para reencontrarme con mi coche tras cada partido en Los Cármenes. Necesitaba echar mano de esos minutos de soledad que tanto me ayudaban a digerir la típica frustración granadinista.

El Granada perdió, sí. Y yo tiré la basura con más ganas que nadie. Tanto que cené con mucho gusto y casi sin acordarme de De Burgos Bengoetxea. Así que, viendo lo visto, a partir de ahora y hasta que podamos acudir al estadio, aplazaré el bajar la basura al final de los partidos del Granada. Por lo que pueda pasar.







Comentarios

Un comentario en “De Burgos Bengoetxea, ¡qué impotencia!

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    José Luis Entrala

    Estupendo comentario que comparto plenamente

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