¡Vaya meneo!

1) 50-51 Gr-LPalmas 2
El Granada que derrotó al Las Palmas en la tercera jornada de la 50-51. De pie: Licker, La Rubia, Chaves, Verde, Mas, Toñín y Carbelo; agachados: Urquízar, Méndez, Rubio, Mompeán y Callejo
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Como si no tuviéramos los penibéticos motivos más que suficientes para estar asustados con la “covi”, ahora se nos vienen encima (bueno, más bien debajo) unos cuantos terremotos. En nuestra tierra movimientos de tipo monetario hay poquísimos, pero de otro tipo de movimientos, los telúricos, hemos estado de toda la vida bien despachados. En los rankings económicos aparecemos en todos ellos en la cola, pero en la clasificación sismológica ocupamos puesto de CL. Lástima que no se les pueda sacar algún tipo de aprovechamiento a estos temblores. Y es que uno se pregunta ¿para qué sirve un terremoto granadino?; y se contesta: pues para nada, sólo para fastidiar. A fin de cuentas, son terremotillos todos los que sufrimos, meneillos que, como mucho, dan para que se resquebraje una cornisa. Asustan sí, pero nada comparable a los que vemos en los telediarios y ocurren en la otra esquina del planeta (menos mal, por otro lado). Bien mirado, esto de las sacudidas penibéticas preferentemente nocturnas y porque sí, es otra faceta más de esa cosa que dicen que abunda en Graná y tiene su kilómetro 0 en Puerta Real, y lo único que producen es un panorama no muy glamuroso, que digamos, a base de paisanaje en pijama a altas horas de la noche en mitad de la calle, a pique de coger un pasmo y contraviniendo de paso el toque de queda.

Como digo, cualquier granaíno, joven o añoso, está acostumbrado a que la tierra que pisa se mueva gratuitamente y cuando menos se espera. A lo que ya no estamos tan acostumbrados por estos predios es a que haya tropecientos terremotos todos los días. En enjambre, le dicen a esta serie de estremecimientos y de sustos cotidianos, algo que -que yo sepa- no se daba desde hacía más de cuarenta años. Los de ahora, como a todos los paisanos, me traen en un sinvivir, pero en aquel verano de 1979, “el verano de los terremotos” para la intrahistoria local, servidor era joven y todos los meneos le pillaron viviendo otro tipo de movida, la de Granada la nuit, y ni se enteró, porque entonces como ahora los zarandeos gordos solían ocurrir por la noche. Podría ser una solución la de pasar la noche fuera y así por lo menos librarse del canguelo, pero ni por ésas porque con todo cerrado desde las 6 de la tarde, el inclemente pleno invierno y que el que suscribe tampoco está ya para muchos galopes…

Pero aprovechando que de algún modo los seísmos son actualidad les colocaré (a los cuatro o cinco lectores con que uno cuenta, ¡esos benditos!) otra batallita futbolera con un terremoto como telón de fondo, uno gordo, de 5 o por ahí, pero sin víctimas ni apenas daños, ocurrido hace casi 70 años, el 10 de marzo de 1951, víspera de un partido de nuestro Granada CF.

En el Granada de la temporada 1950-51 las cosas empezaron movidas y acabaron de igual modo porque el equipo nunca dio la talla ni respondió a las expectativas que la hinchada se había forjado al inicio. Un sexto puesto final, con dos positivos, pero lejos de poder entrar en liguilla de ascenso, y así los últimos partidos los jugó nuestro equipo casi en familia y entre grandes broncas hacia el palco. Además, una de sus cíclicas crisis monetarias hacía peligrar la propia existencia del club.

En la transición desde la temporada anterior habían causado baja jugadores muy importantes en la historia rojiblanca como Millán o Trompi, y también se había marchado Candi al terminar su contrato, lo mismo que el goleador Morales. Por otra parte, el más firme valor de la cantera, Manolo Almagro, se había ido traspasado al Murcia. Para sustituirlos se realizaron varios fichajes que no acabaron de funcionar, con excepción de dos jóvenes cedidos del Atlético de Madrid: Callejo, que años después llegará a internacional absoluto, y Verde; ambos fueron lo mejor de la temporada.

También hubo fichaje bomba. En este caso por partida doble: dos húngaros incorporados desde el equipo de moda por entonces, el nómada y semiclandestino Hungaria, que respondían al nombre de Licker y Otto. Ambos fueron contratados por la directiva de Joaquín Serrano por un potosí, y en su primera sesión de entrenamiento convocaron a varios miles de hinchas en Los Cármenes que salieron contentísimos con sus dos nuevas “perlas”, como contenta quedó también la prensa futbolera local, que dedicó muchos elogios al dúo. Pero a la hora de la verdad, la de los partidos del grupo II de 2ª división en que militaba nuestro equipo, dejaron mucho que desear tanto el uno como el otro. Por eso al hablar de ellos, lo de fichaje “bomba” es obligatorio entrecomillarlo. El primero, Licker, un interior de rendimiento muy irregular, fue titular y hasta dio algún buen partido. Pero para el segundo, Otto, hay que rebajar lo de bomba y dejarlo en “petardo”; era un delantero que en nuestro equipo sólo llegó a alinearse tres partidos esta temporada y uno más a la siguiente, primero por problemas burocráticos para su inscripción, y después por estar lesionado, aunque en realidad no lo estaba y sólo fingía, o eso dicen los plumillas de entonces. Al parecer, al tal Otto era frecuente verlo por ahí de farra, faltaba con frecuencia a los entrenos y estaba gordísimo; nunca llegó a ponerse en forma y las pocas veces que se le pudo ver en Los Cármenes fue una nulidad y a la vez el centro de las iras y los improperios de la parroquia. El húngaro Otto puede representar mejor que ningún otro la figura del antihéroe granadinista, que diría el amigo Quesada.

Ficha mutualista del húngaro Otto, tomada de la enciclopedia granadinista de Lasso, Rodríguez y Martínez

Con ese bagaje y en una temporada de muchos vaivenes por la gran irregularidad del equipo, al llegar la jornada 24 (de 30), 11 de marzo de 1951, el Granada, recibía en Los Cármenes al Linense, equipo de la zona baja al que derrotó 2-1 en una segunda parte trepidante, como la tierra nuestra en aquellos días. De los ya lejanos tiempos de primera solo quedaban Mas y Sosa. Empezó la temporada como entrenador Gaspar Rubio, pero fue destituido antes de finalizar la primera vuelta sin que su puesto fuera cubierto por otro técnico y de esas labores se encargó Francisco Mas, que fue quien finalizó el campeonato como jugador-entrenador, aunque en este partido se quedó dirigiendo al equipo desde el banquillo. Sosa por su parte, en uno de los últimos de los 248 partidos de rojiblanco que jugó ya que causará baja al terminar la temporada, tuvo una actuación sobresaliente como cerebro del equipo y además marcó uno de los goles granadinistas esa tarde.

Por cierto, en el mismo ejemplar de Ideal en que viene la crónica del Granada-Linense y las alabanzas de los plumillas al partidazo del canario Valentín Jorge Sosa, en la sección de sucesos se da cuenta de que el futbolista había sido víctima de un timo. Alguien, se lee en Ideal, se presentó en su domicilio, calle Calderería Vieja número 11, para retirar una colchoneta que tenía Sosa para reparar, pero ni del reparador ni de la colchoneta volvió su propietario a saber nada. Y es que, aunque en la actualidad robos de este tipo nos produzcan perplejidad, en aquellos años, en las secciones de sucesos de los diarios, abundan las denuncias de sustracciones de ropas usadas y de utensilios de todo tipo en los domicilios. Sin ir más lejos, en la misma página donde se da noticia de lo de Sosa, viene la denuncia de que en la terraza de una casa de la calle Rector López Argüeta alguien había sustraído dos sábanas, dos toallas y alguna ropa interior que su inquilino tenía tendidas secándose. Los tiempos estrechos que se vivían tenían la culpa de esta delincuencia de menudeo.
El partido frente al Linense se jugó al día siguiente de que el personal se llevara un susto monumental. La prensa local informó de un violentísimo terremoto que produjo gran alarma por ser mucho más largo (unos 8 segundos) de lo que por aquí estamos acostumbrados, ocurrido al mediodía del sábado 10 de marzo y del que el Observatorio de Cartuja comunicó que había sido de grado quinto y sexto (entre 5 y 6 en la escala Richter).

En realidad, se trató de un movimiento sísmico que pudo sentirse en toda la mitad sur de la Península y cuyo epicentro se situaba entre las localidades jienenses de Andújar, Bailén y Linares. En la provincia vecina fue donde más daños causó, por ejemplo, en la bóveda central de la catedral de Jaén, donde se abrieron grietas y se desprendieron algunos cascotes, pero ni aquí ni en ninguna otra parte hubo desgracias personales. Para ser más exactos, el terremoto fue uno más de una larga serie que duró varios meses, algo parecido al enjambre que ahora mismo sufrimos, pero éste de 10 de marzo de 1951 fue más gordo que los demás y pudo claramente ser percibido hasta en el mismo Madrid. En Internet viene que fue de magnitud 5 y de intensidad VIII, idénticas cifras con las que se gradúa el de Albolote y Atarfe de cinco años después, que sí que causó víctimas y cuantiosos daños materiales.

En Granada el sismo en sí sólo causó el lógico miedo entre la población, pero ningún daño serio en la capital (alguna caída de un farol de alumbrado público, algún elemento decorativo desprendido), aunque sí hubo destrozos en la provincia. En Montefrío la mitad de las casas quedaron afectadas y se hundieron algunos muros y chimeneas, y en el balneario de Alhama las aguas termales subieron de nivel hasta desbordarse de su embalsamiento, se lee en la prensa. La nota apocalíptico-chistosa la dio el diario mallorquín Baleares, de la Cadena de Prensa del Movimiento, que tituló: «Las calles de Granada sembradas de escombros»; y debajo: «Entre piedras removidas y cristales mucha gente quedó desvanecida».

Alineación del Granada en Vallejo, donde perdió frente al Levante y esto le costó el puesto a Gaspar Rubio. De pie: Carbelo (suplente), Méndez, Mas, Vecino, Chaves y Callejo; agachados: Mompeán, Sosa, Toñín, Cea, Santacréu y Martín







Comentarios

Un comentario en “¡Vaya meneo!

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    José Luis Entrala

    Pues f-ízate que recuerdo el partido de presentación de Otto y Licker y el primero me pareció una figura del fútbol. Luego estuvo sin jugar mucho tiempo por problemas burocráticos y al reaparecer fue la cagada del siglo. Quizás esa noche granadina que tanto te gustaba también le cautivó al húngaro y fue su perdición. Porque yo sigo creyendo que no era tan malísimo como luego pareció.

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