Hacer lo que debemos, no actuar por apariencia

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Imagen ilustrativa sobre apariencias | Foto: Remitida
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Es importante que hagamos lo que creemos que es bueno y que la apariencia no nos marque nuestras creencias. Es importante trabajar por propósito, no solo por dinero o por poder, porque sino, podemos perder nuestro objetivo. Es importante no buscar atajos frente los principios y los valores, porque es fundamental que estos marquen nuestras vidas. Es importante no mentir sobre nosotros mismos, porque sino, podemos perder nuestra esencia. Es importante hacer lo que decimos y decir lo que pensamos porque sino podríamos dejar de ser honestos.

Es evidente que las apariencias engañan, dice el saber de la gente. Que las apariencias engañan siempre ha sido muy reconocido y de conocimiento popular. La apariencia es cómo los demás nos ven y perciben: nos miran en cómo vestimos, en la forma de hablar, en los gestos, las conductas en público… Pero aunque todo esto diga mucho de las personas, no siempre refleja lo que deseamos.

Cuando vemos a una persona por primera vez, observamos todo su aspecto e imagen personal y hacemos juicios de su persona, positivos o negativos, que determinarán cómo y cuánto nos relacionaremos con esa persona. Desafortunada, o afortunadamente, las apariencias engañan, y en multitud de ocasiones la impresión que nos llega no corresponde con la forma de ser de esa persona. Cuando hablamos de los modelos de atracción en las relaciones personales es fácil pensar en la supuesta importancia que puede tener el aspecto físico. El atractivo siempre tiene poder, es algo evidente, y nuestras miradas siempre se dejarán llevar por una apariencia agradable. Sin embargo, gran parte de nosotros sabemos que hay atractivos que van más allá de lo que se ve en un primer vistazo.

Y, además, es importante romper con la mediocridad que nos invade. ¿Qué es lo que mejor se le da a una persona mediocre? Reconocer a otra persona mediocre. Juntas se organizarán para rascarse la espalda, se asegurarán de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un clan que seguirá creciendo, ya que enseguida darán con la manera de atraer a sus semejantes. El término mediocridad designa lo que está en la media, igual que superioridad e inferioridad designan lo que está por encima y por debajo. Pero la mediocridad no hace referencia a la media como abstracción, sino que es el estado medio real, y la mediocracia, por lo tanto, es el estado medio cuando se ha garantizado la autoridad.

El sentido de la responsabilidad exige el saber priorizar. Lo que exige la solidaridad es no molestar a otro que está realizando su trabajo y que no puede dejarlo súbitamente por un antojo ajeno. Lo que demanda el sentido común es no invertir la jerarquía institucional por capricho y comodidad. Hay que preocuparse en la formación por la esfera de los valores. Así, las obligaciones surgen de los cuatro principios que, de forma unida y mutuamente dependientes, conforman la honestidad:

Prudencia (y sabiduría) o la obligación de descubrir la verdad (distinguir los actos buenos de los malos)
Justicia o la obligación de mantener la unión entre las personas (tanto no dañar a los demás como servir a los demás)
Fortaleza o la obligación de mantener la grandeza y excelencia del ánimo para realizar las acciones
Templanza o la obligación de mantener la moderación y constancia de los actos

La honestidad es uno de los valores y componentes más importantes de una personalidad saludable con el entorno y con los demás. Y esta personalidad genera confianza. Y sabemos que la confianza no da asco. Ésta es una frase tóxica que es importante que nos quitemos de nuestro vocabulario y de nuestra cabeza. Y es importante conseguir que la confianza tenga un peso en nuestras maneras de hacer y pensar y, por tanto, signifique creer en uno mismo.

El poder nos regala halagos, falsos amigos y aduladores que distorsionan la verdad. Por ello, es más importante nunca rodearnos y escuchar a personas honestas. Y sabemos que la honestidad es tener el coraje de decir la verdad cuando sería más cómodo estar callado. La autenticidad y la honestidad son características que a veces no son fáciles de encontrar en una persona en un mundo en el que reinan las apariencias o en centros donde las envidias aparecen en muchos momentos.

Afortunadamente, si desarrollamos una cierta sensibilidad para ver más allá de las apariencias, las personas auténticas aparecen ante nuestros ojos… Incluso allí donde no esperábamos encontrarlas. El problema es que, en ocasiones, no es fácil detectarlas, porque la honestidad también puede llegar a ser fingida y calculada como una estrategia.

La ventaja de ser honesto es que hay muy poca competencia. Pensar y reflexionar antes de decir y hacer, la coherencia entre lo que piensa, dice y hace, la coherencia entre lo que dice y lo que hace y la coherencia entre lo que dice y coómo lo dice son aspectos fundamentales en el trabajo de una buena enfermera. Al mismo tiempo, es fundamental querer aprender y la capacidad de asombrarse, junto a gestionar el ego, que nos marca querer tener razón o ver problemas donde no los hay.

A veces son los prejuicios los que nos guían o los filtros que aplicamos sobre la información que recabamos los que nos confunden. El odio a primera vista podría ser simplemente el resultado de un prejuicio. A veces nos dejamos guiar por la apariencia y asociamos un determinado aspecto con unos valores o antivalores específicos. No olvidemos, como decíamos, que las apariencias son muy engañosas.

Y una de las formas de engaño son los bulos. La forma de eliminar los bulos, en primer lugar, es identificarlos y desmontarlos con argumentos científicos. Y, en segundo lugar, se debe actuar de manera coordinada en redes sociales. Quienes crean y difunden este tipo de bulos apelan a los miedos más íntimos de las personas. Por un lado, buscan elementos con apariencia de veracidad, que distorsionan a su gusto y, por otro, datos difíciles de comprobar de manera inmediata. A estas circunstancias hay que añadir que en el campo de la salud falta mucha cultura científica.

Y termino diciendo que creo que NO se debe valorar tanto el éxito como la pasión y el reto. La ética, el compromiso o la confianza son valores que se generan en el día a día. Las apariencias no deberían quitarnos de la cabeza que es importante decir públicamente que nos equivocamos, que hemos cambiado de opinión o que ahora pensamos de forma diferente. Todo ello exige fortaleza y autoestima.

Pedir ayuda, para que no ganen las apariencias y hagamos lo que debemos, necesita de actos de valentía, de honestidad y de humildad.







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