Por los cuatro costados

Granada y Recreativo, con sus respectivos técnicos posan en Los Cármenes antes de disputar un amistoso de pretemporada. Septiembre de 1950

1) 50-51 Amist Gr-R de pretemporada
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«Granada tiene un estadio diferente al de todas las ciudades que conozco. Con la fachada de la tribuna principal adornada artísticamente con ladrillos de color rojizo, la cárcel provincial oteando el fondo de la portería norte y la impresionante Sierra Nevada mostrando su curiosa figura en el horizonte de la portería sur». Así se refería al viejo estadio de Los Cármenes en 1973 el periodista de As Miguel Vidal en su crónica del partido de la segunda jornada de la temporada 73-74 que enfrentó al Granada y al R. Madrid. Ese mismo párrafo, tras el doble prólogo que firman José Luis Entrala y Luis García Montero, es el que da inicio al extraordinario libro, joya del hinchismo rojiblanco, que con el título ‘Adiós a Los Cármenes’ se publicó en 1995 escrito por Ramón Ramos a título de nostálgica y sentimental despedida al que fue templo del granadinismo durante 61 años. También tirando de nostalgia, a servidor se le ha ocurrido rememorar aquello que estaba visible en el horizonte y que podía contemplarse desde las gradas del desaparecido estadio de la carretera de Jaén.

Comentarios elogiosos del estilo de los del periodista de As no era infrecuente que aparecieran en crónicas forasteras referidas a partidos disputados en el viejo Los Cármenes. Los visitantes, sobre todo en las tardes luminosas de la primavera penibética, solían quedar prendados del extraordinario telón de fondo que siempre prestó la sierra en la lejanía al viejo estadio. Pero con ser -la serrana- una panorámica única y muy estética, tampoco se podía hablar de fealdad al referirse al paisaje divisado desde del viejo Los Cármenes por el Este, desde la tribuna, con la vista del Seminario Mayor en primer término y en un segundo plano la silueta del Monasterio de la Cartuja y su fina torre, completado algo más arriba con la sólida construcción neo mudéjar del Colegio Máximo de los Jesuitas, actual facultad de Odontología y escuela de Biblioteconomía. Y todo coronado por el misterioso Monte del Sombrero (o Panderete de las Brujas o Golilla de Cartuja). Para muestra, podemos contemplar la extraordinaria foto que encabeza este escrito y que es de fecha septiembre de 1950, en el que forman los componentes del Granada y del filial Recreativo antes de enfrentarse en un amistoso de pretemporada.

Octubre de 1960. Escena del partido Granda-Valencia

Claro que, para referirse a panorámicas sin igual desde aquella zona urbana, hay que hablar en pasado, igual que del propio coliseo de la casería de Muriel. In illo tempore, hasta los años de la especulación salvaje que tantísimos destrozos paisajísticos ocasionó por toda la ciudad, esto es, los sesenta y setenta, en la zona existían bonitas perspectivas. Después, una bestial macización cateta con bloques de viviendas carentes de toda personalidad trajeron el destrozo paisajístico y la vulgaridad, y al pasar por allí no sabría uno decir si está en ‘Graná’ o en Reus.

Lo mismo cabe decir de la vista desde la grada de general. Haciendo un inciso, no deja de resultar curioso que en Granada, más que en ningún otro sitio, se trasladaran al fútbol los esquemas taurinos y de esa forma las localidades más económicas fueron en los 61 años de existencia de Los Cármenes como recinto deportivo las de sol, frente a todos los demás estadios de la geografía celtibérica en que las entradas más baratas eran siempre las de detrás de las porterías. Como decimos, mirando hacia el Oeste desde la grada de general, también era bonito lo que se podía ver: los tejados de la cercana plaza de toros de la Avenida del Doctor Olóriz y las pocas alturas del Clínico viejo, y a lo lejos los montes que cierran la Vega por ese punto cardinal. Y ningún mamotreto-colmena. También hay testimonio gráfico en esa segunda foto, que corresponde a un partido de liga entre el Granada y el Valencia, fechado en octubre de 1960. Por cierto, frente a la gran abundancia de fotos históricas de que disponemos con la grada de general como fondo, las que retratan la tribuna del viejo campo antes de construirse su segundo nivel son bastante escasas, y es que como normalmente los partidos eran por la tarde, lógicamente los fotógrafos solían situarse con el sol a sus espaldas.

Menos estética era la panorámica hacia el Norte desde la portería del marcador o fondo sur, que siempre quedó cerrada por la construcción en ladrillo visto de la cárcel provincial, que ya estaba en ese mismo lugar cuando se edificó Los Cármenes. Como también estaba ya un elemento bien visible que aparece reproducido en muchísimas fotos del viejo campo: el tanque elevado de agua que abastecía al centro penitenciario. Construido en uralita, llegó junto con la torre sobre la que se levantaba hasta la década de los ochenta, pero en su interior nunca vivieron los divertidos hermanos Warner de la serie de dibujos animados ‘Animaniacs’, sino que, por el amianto que entraba en su composición, más bien era la enfermedad lo que podía alojar aquel viejo depósito como una condena más para los hacinados miles de presos políticos que entre sus muros purgaron sus “pecados”, aunque, claro, los efectos nocivos de la uralita se desconocían por entonces. La foto que ilustra el comentario es de diciembre de 1957, del partido Granada-Barcelona.

Granada y Barcelona se enfrentan en Los Cármenes. Diciembre de 1957

La reina de las panorámicas desde el viejo Los Cármenes, no cabe duda, era la que se ofrecía hacia el Sur desde la portería de la cárcel. Doy fe de esto último como mirón futbolero que fui muchos años de la preferencia norte. El Albaicín y la Torre de la Vela y el sol poniente trepando por la nieve y coloreándola paulatinamente de rojo, conforme se acercaba el final del partido en unos tiempos anteriores a la iluminación artificial, era algo que guardo en mi retina como uno de los espectáculos más atractivos que recuerdo a pesar de los más de cincuenta años transcurridos. Lo corrobora la cuarta y muy estética foto, de Torres Molina, publicada en su día por Ideal y que también sirvió de portada a la revista semanal sevillana de la época, ‘Trofeo’, que recoge un momento del partido Granada 3 Sevilla 1 de mediados de enero de 1945.

Al menos para el que suscribe y más en una ciudad como la nuestra, las amplias panorámicas siempre fueron un aliciente más, otro factor de reclutamiento para el forofismo, y siempre he preferido los estadios abiertos a los cuatro puntos cardinales a ese modelo de recinto deportivo más en boga, con sus gradas completamente cubiertas.

Granada y Sevilla en enero de 1945, primera página de la desaparecida revista sevillana Trofeo







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