Trofeos rojiblancos. Copa Duward

1) 54-55 Copa Duward 3
Los jugadores del Granada CF y el directivo Jiménez Blanco con la Copa Duward | Foto: Recorte de Ideal
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En las vitrinas de nuestro Granada CF, obviamente, no abundan los trofeos. Copas, haberlas haylas, pero son todas menores. Bueno, menores, menores no, al menos en tamaño, porque deben estar (o más bien deberían) los siete u ocho Trofeos Granada que nuestro equipo conquistó cuando existía ese certamen veraniego, que eran copas de 1,20 de altura. Y decimos deberían estar, así, en condicional, porque sabemos que alguno de los conquistados en el terreno de juego, años después fueron reutilizados cambiando los números romanos que señalaban la edición de que se trataba y vueltos a poner en disputa, porque la economía manda y nuestro equipo siempre estuvo a la cuarta pregunta -que se dice- y no había parné ni para encargar un nuevo trofeo. Todos los demás metales que se pueden contemplar en la sede del club representan pequeñas conquistas y, aparte de una reciente copa con que premió la Federación el campeonato de 2ª B en 2010, ninguno de esos trofeos tiene carácter oficial.

Podrían estar otros de carácter oficial, por ejemplo el de subcampeón de Copa 1959 pero, que sepamos, nada en forma de trofeo obtuvo nuestro equipo por el que sigue siendo su mayor hito
deportivo, porque por entonces era costumbre no entregar nada al perdedor. También podría haber algunas copas por las veces en que el Granada quedó campeón en las distintas categorías en que participó (campeón del grupo sur de 2ª 56-57 y 67-68; campeón del grupo II de 2ª B 82-83; campeón del grupo IV de 2ª B 99-2000; campeón del grupo IX de Tercera 2003-04 y 2005-06), pero tampoco recibió ninguna presea por esos logros.

Bastantes de las copas rojiblancas fueron conseguidas en trofeos veraniegos y datan de finales de los 60 y primeros 70, que era cuando proliferaron este tipo de torneos amistosos. Aparte, debe encontrarse en la sede del club el trofeo de campeón de la no oficial Copa de Andalucía, liga de suplentes, de su primera edición, 1971-72. De los años 30 puede haber alguna Copa Granada, un trofeo amistoso, generalmente triangular, que patrocinaba el Ayuntamiento. Y también debe de haber (o debería de haber, si no se ha perdido) alguna copa cercana al siglo de existencia, concretamente tres, datadas en los años 20 del siglo pasado, que son herencia del Recreativo Español, del que nació en 1931 el Recreativo Granada, o sea el Granada CF. Salvo error del gacetillero en la datación, en un reportaje de Patria de 1943 se puede leer que estas copas de los años 20 estaban en las vitrinas rojiblancas de su sede de Recogidas 4 en esa fecha.

Otra joya que debe andar por las vitrinas rojiblancas tiene carácter internacional y la consiguió nuestro equipo en una de sus primeras salidas a otro país y en uno de sus primeros partidos nocturnos. Fue en Lisboa y ante el Benfica, el 16 de septiembre de 1958, en un amistoso con premio para el ganador consistente en una magnífica copa en bronce y mármol. Ganaron los rojiblancos a todo un Benfica y en su estadio con un solitario gol de Vázquez.

Las copas propias también son reflejo de la asendereada existencia del GCF. En una ocasión fueron todas desalojadas de las dependencias rojiblancas por culpa de las deudas. En abril de 1952 un directivo al que se le debían sus emolumentos (5.000 y pico pesetas) como constructor de una cancha emporlada para que en la explanada de Los Cármenes pudiera jugarse también al baloncesto (porque nuestro club en esos años tenía una sección de ese deporte), esgrimiendo un mandamiento judicial arrambló con los embargados trofeos que el Granada tenía en sus oficinas de Recogidas 4 y, de paso, con un perchero de árbol, un tresillo y la mesa alrededor de la cual se decidían los, en esos momentos, negros destinos de nuestro equipo, que acababa de descender a Tercera aunque luego la reestructuración de Segunda prevista no se llevó a cabo y se pudo salvar la categoría. Pocos días después el directivo Huertas, que así se llamaba, arrepentido y contrito retiró su demanda y las pocas pero honradas copas junto con el mobiliario volvieron al local social en la misma camioneta en que lo abandonaron.

Chiste de Miranda sobre la mano echada por el Jaén en la clasificación de nuestro equipo para liguilla de ascenso | Foto: Recorte de Ideal

En mayo de 1982, casi simultáneamente a la llantina sangrienta del busto de una virgen en la iglesia de San Juan de Dios, la cosa fue algo más seria y el ejecutor fue el Fisco por una deuda cercana a los once millones de pesetas en concepto de Contribución Urbana e Impuesto de Tráfico de Empresas de varios ejercicios vencidos. No se llegaron a llevar nada porque todo estaba más que embargado y en depósito en la sede del club, pero todos los bienes muebles de que disponía el Granada (mesas de oficina, armarios, butacas, sillones, lámparas, máquinas de escribir…, hasta los bolígrafos y las cuartillas) y también sus trofeos, salieron a subasta pública y fueron adjudicados a Mariano Sánchez Osorio, el único postor, que inmediatamente los donó al club; el dinero salió del bolsillo particular del que por entonces era vicepresidente.

Entre esos trofeos que estuvieron a punto de acabar como chatarra, deberían figurar dos de los pocos que ganó el Granada en una competición de nivel nacional. El primero de ellos lo fue a la deportividad del equipo, por ser el menos tarjeteado de la Primera División en la temporada 1970-71, una copa que patrocinaba la casa Certina, de relojes suizos, y que conquistó el Granada justo antes de que empezara su particular leyenda negra con la venida pocos meses después del argentino Aguirre Suárez.

Copa Duward

El otro trofeo nacional que ganó el Granada también lo otorgaba una marca de relojes suizos, Duward, y era para el equipo menos goleado tanto de Primera como de Segunda. En la temporada 1954-55 fue para nuestro equipo en su versión de plata. La Copa Duward tuvo gran prestigio, similar al Pichichi o al Zamora, en la algo más de una decena de ediciones que existió, década de los 50 y primeros 60, pero hoy está bastante olvidada y, consultando en la Red, resulta que la mayoría de los clubes que en su día la ganaron ni siquiera la incluyen en su palmarés deportivo a pesar de que entre los ganadores abundan los modestos, sobre todo cuando nos referimos a la versión de Segunda División.

En esa temporada 1954-55 el Granada, con Candi en la puerta y con una defensa titular a base de Vicente, Millán (en su última temporada de rojiblanco) y González, sólo encajó en liga 25 goles, el que menos de las dos primeras categorías. Candi jugó la totalidad de las 30 jornadas del calendario, y eso que en pretemporada el club, que presidía Dávila Valverde, consideraba imprescindible fichar un portero de garantías, se lee en la prensa del momento, porque no se tenía confianza en el gallego y con Piris no se podía contar por estar en la mili en Ceuta.

Foto publicitaria de la Copa Duward

No había ninguna confianza en aquel Granada, integrado en gran parte por jugadores de la tierra (siete en el equipo titular: Cea, Guerrero, Millán, Olalla, Rafa, Sueza y Vicente; completaban el once los medios Padilla y Valle, el interior Rius y el extremo Rodríguez) y sólo contaba el club con unos 700 socios que con su pago mensual no cubrían la nómina de la plantilla. A pesar de todo, en lo deportivo fue la 54-55 una temporada buena en líneas generales en la que el Granada empezó como líder del grupo II de Segunda y estuvo todo el calendario rondando el liderato, la única plaza que daba el ascenso directo, que fue para el Murcia. Quedó tercero gracias a la mano que echó el Jaén, que nada se jugaba, en la última jornada, derrotando (6-4) al España de Tánger al remontar un partido que al descanso perdía 1-2. Los norteafricanos eran los terceros y de haber ganado se habrían metido en liguilla de ascenso. Ese tercer puesto, con derecho a promoción fue para el Granada, que se trajo un 0-4 de La Línea.

La promoción de ascensos y descensos a mediados de los 50 consistía en una liguilla de seis: los 13º (Español) y 14º (R. Sociedad) de una primera de 16 en la que los dos últimos descendían sin más; los clasificados 2º y 3º de Segunda (Oviedo y Zaragoza del grupo Norte, que quedaron por detrás del próximo rival copero del Granada, Leonesa, ascendido como campeón; y Atlético Tetuán y Granada del grupo Sur). En la liguilla, la primera victoria rojiblanca no llegó hasta la jornada siete, 3-1 al Zaragoza. A esas alturas ya daba igual porque con sólo un punto obtenido en las seis jornadas anteriores ya nada había que hacer. Sólo ganaron los rojiblancos, que tenían prometido 100.000 por barba si ascendían, otro partido más, al Tetuán en la última jornada, y se adjudicaron el sexto y último puesto de aquella promoción de ascenso en la que se impusieron los dos primeras, Español y R. Sociedad, que así no descendieron. Si en las 30 jornadas que duraba por entonces la liga de Segunda sólo había encajado Candi 25 goles que dieron una Copa Duward, en los diez partidos de liguilla fueron 28 los goles que le marcaron al Granada, con dolorosas palizas en Tetuán, Oviedo y San Sebastián. La dimisión de Dávila por el no ascenso significó el comienzo de la era Bailón en la presidencia del Granada CF, el único de la historia que consiguió dos ascensos a Primera.

En la crónica ciudadana, mientras nuestro equipo jugaba la liguilla, acompañado de la reina Dina, el rey de Jordania Hussein I, lo mismo que hizo su abuelo Abdallah seis años antes, en 1949, se encontraba de visita turística en Granada, a donde llegó desde Sevilla en avión que aterrizó en Armilla; después de un día dedicado a visitar nuestros monumentos, siguió la pareja camino de Barcelona.

Por otra parte, el 30 de mayo de 1955 era la fecha señalada con antelación para que a partir de ese día dejara de funcionar el Tranvía de la Sierra por ser muy deficitario (800.000 pesetas anuales de pérdidas). Gracias a las gestiones del alcalde Sola Rodríguez-Bolívar, quien visitó ministerios en Madrid haciendo ver el interés turístico del ferrocarril serrano, y más cuando se llevara a cabo por fin el funicular previsto y aprobado que desde el Barranco de San Juan ascendería a los Campos de Otero. Sola consiguió que la decisión de suprimir el tranvía, ya decretada, quedara aplazada y así sobrevivió casi dos décadas más, pero del funicular serrano, aprobado y hasta presupuestado, no llegaron ni siquiera a iniciarse las obras para convertirlo en realidad y se quedó en el limbo, lo mismo que otras interesantes infraestructuras penibéticas programadas y nunca realizadas, que habrían potenciado bastante el turismo si existieran en la actualidad.

El Rey Hussein I de Jordania de visita en la Alhambra | Foto: ecorte de Ideal







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