El otro simultáneo

Todos los granadinistas de cierta edad recordamos muy bien el marcador simultáneo que durante tres décadas existió en Los Cármenes

Granada CF 70-71
El Granada de la 70-71 posa con el simultáneo sobre sus cabezas: Ñito, De la Cruz, Barrenechea, Fernández, Santos y Lorenzo; con: Lasa, José, Barrios, Fontenla y Juárez
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En los años de la nanica, cuando la hambrienta España empezaba a dejar de serlo, cuando los aparatos de radio eran un lujo además de un armatoste no transportable, cuando los hinchas irredentos no tenían más medio de conocer los resultados de la jornada balompédica que esperar a que por las calles los domingos se vocearan unas hojas volanderas impresas de urgencia y de forma casera (¡Ha salido Goleada!), llegó a nuestro país el marcador simultáneo.

Para el que suscribe, junto a las tardes de invierno soleadas, el olor a hierba recién segada y a puro y el batir de las almohadillas de la Cruz Roja sacudidas contra los muros, fue el marcador simultáneo, mientras existió, una de las principales liturgias de ese credo laico que es el fútbol. Todo un rito iniciático, con sus colorines y sus mensajes cifrados, algo fascinante a los ojos de un niño que empezaba a quedar captado para siempre por la secta diabólica del forofismo. Antes de enfilar la Gran Vía camino de Los Cármenes para ver al Granada o al Recreativo (sobre todo a éste), había que proveerse, además de los carnés de socio y de las almohadillas hinchables de plástico (de plexiglás, se decía), de la hoja del Ideal donde venían las claves del simultáneo.

Dicen que Paco Bru, singular e innovador personaje que en el fútbol patrio lo fue todo y que es el míster del Granada de su debut primerdivisionista, inventó, allá por los finales de la década de los veinte del siglo pasado, algo parecido al simultáneo. Pero fue a principios de los cincuenta cuando aparecieron en los campos españoles aquellos grandes tableros situados junto al marcador de cada estadio donde seguir los resultados de todos los demás partidos. Se importó desde Argentina, donde venía usándose con notorio éxito, y fue la agencia de publicidad “Dardo” quien lo comercializó.

Todos los granadinistas de cierta edad recordamos muy bien el marcador simultáneo que durante tres décadas existió en Los Cármenes junto al que señalaba el resultado del partido al que asistíamos, con su “L” de local y su “V” de visitante. Una auténtica sopa de letras y números y anuncios comerciales que podía contemplarse desde cualquier localidad, situado en la esquina que formaban las gradas de general y de la preferencia sur. Al lado del anuncio de una casa comercial un resultado, y junto a éste unas flechas de colores: amarilla, primera parte; verde, descanso; roja, segunda mitad; negra final; además de otros símbolos, como un círculo rojo que anunciaba un penalti en contra, o como un cuadrado negro que significaba que a ese equipo le habían expulsado un jugador. Había también otros signos cabalísticos menos empleados y, por eso mismo, menos conocidos. Lo que significaba cada anuncio se publicaba el mismo domingo en los periódicos locales.

Bastante menos sabido por el granadinismo es que ese marcador simultáneo no fue el primero con el que contó Los Cármenes. En casi todos los campos españoles apareció el simultáneo más o menos en 1952, pero a Granada no llegó hasta 1956, y lo hizo con el mismo modelo que venía usándose en los otros estadios, que era bastante distinto al que todos recordamos: no lucía marcas comerciales, las claves eran letras, tal como vemos en la ilustración que acompaña. Para ser más exactos, sólo aparecía una marca comercial, la del patrocinador del invento toda la temporada, el reloj suizo Certina, y cada letra de esa palabra era un partido de primera división, usando el color de fondo de cada letra en el mismo sentido de las flechas que después se impusieron (fondo amarillo, primera parte, verde, descanso, rojo, segunda parte, negro, final del partido), añadiéndole al final otras letras distintas que reflejaban los partidos de segunda que entraban en quiniela, informando sólo de los resultados de éstos al descanso y al final. Todo se completaba con la letra Z, normalmente destinada al encuentro de nuestro Granada, por entonces en segunda, cuando jugaba fuera y en Los Cármenes actuaba el Recreativo. Se hizo de obra casi en el mismo sitio en que después se instaló el que más conocimos.

Las claves del primer simultáneo y una foto de la hinchada feliz por el triunfo rojiblanco en el partido Recreativo 4 Malagueño 2, septiembre de 1956

Este primer simultáneo funcionó por primera vez en el partido Recreativo- Malagueño (4-2, victoria local) de la jornada 2 de la 56-57, grupo XI de tercera, 16 de septiembre de 1956. El Granada, en segunda categoría, jugaba a la misma hora ese domingo, también su segunda jornada de liga, en el campo de La Viña frente al gallito Hércules, de donde se trajo los dos puntos que lo reafirmaban en el liderato del grupo II tras vencer 4-2 al Murcia en la jornada inaugural. Uno de los primeros movimientos que registró el nuevo marcador fue precisamente el 1-0 en contra del Granada con el que el minuto seis se adelantaron los herculanos, pero, tal como refleja la crónica de Ideal, hubo estallidos de entusiasmo entre el público que abarrotaba Los Cármenes, a pesar de ser el filial el que actuaba, al subir al simultáneo el empate del Granada al filo de la media hora y poco después al señalar el segundo gol rojiblanco (ambos de Navarro), y ya la apoteosis forofística llegó, sombreros al aire, flamear de pañuelos y atronadora ovación, cuando al filo de las siete de la tarde la letra Z, blanca sobre fondo negro, indicaba que en Alicante había terminado el partido y los dos puntos volaban hacia Granada. El estreno puede catalogarse como un rotundo éxito.

Menos mal que el debut del simultáneo a todos complació, habría que decir. Y viene esto a cuento porque en el mundillo del hinchismo, mucho más que en otros ámbitos humanos, impera la irracionalidad. Y si no que se lo pregunten a la empresa Publisol, que en 1950 denunció que en Los Cármenes, en un partido que el Granada perdió frente al Hércules, unos altavoces para emitir publicidad que dicha empresa había instalado no hacía ni un mes fueron destrozados a golpes por un grupo de energúmenos pretextando que estos aparatos eran gafe y habían traído la malarrarra a nuestro equipo. También recuerda servidor que cuando en 1973 fue sustituido el marcador que lucía la L y la V por otro más moderno patrocinado por la firma de electrodomésticos Aspes, luminoso y con la leyenda en sus dos ventanas de Granada CF y Visitante, ante los malos resultados cosechados por el Granada de Pasieguito se generalizaron (al menos en el sector en que uno era socio) los comentarios de que el nuevo tanteador era gafe asimismo y por eso nuestro equipo no levantaba cabeza; la cosa no pasó a mayores quizá porque ese nuevo marcador quedaba fuera del alcance de las iras del forofismo.

Efímera fue la vida del primer simultáneo. Para la temporada siguiente, con el Granada recién ascendido a primera, el campo de Los Cármenes fue objeto de una gran reforma para aumentar el aforo, en la que se ampliaron las gradas de general subiendo varios escalones e incorporando las barras metálicas apropiadas para ver el fútbol de pie y también para evitar avalanchas. Al mismo tiempo, se terminó por fin la tribuna, que todavía contaba en algunos puntos con sólo cuatro escalones, se derribó la obra del primer simultáneo y se construyó la torreta del marcador que ya sobrevivió hasta la demolición del viejo Los Cármenes, y en ella, junto al oficial, se instaló el nuevo simultáneo, ya con profusión de nombres de marcas comerciales, que es el modelo que pudo verse en todos los campos españoles hasta la década de los ochenta, cuando ya todo el mundo disponía de transistor. Ese segundo simultáneo se estrenó en el partido Granada 0 R. Madrid 2, segunda jornada de la 57-58, en un partido que acabó en escándalo por la parcial actuación del trencilla Ortiz de Mendívil. Colchón Flex equivalía al Granada-Madrid.

Miranda vio así en Ideal el estreno del primer simultáneo







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