Más ‘Diario de…’ que nunca

Lo mío con las alarmas últimamente es surrealista. El lunes me puse el despertador a las 8.50 y cuando subí del paseo con los perros eran las 8.30: me la había puesto una hora antes

Claudia López Gascón Diario De
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Granada, 21 de abril de 2021

16:31 horas:

La alarma de la siesta me ha sonado hace cinco minutos; hoy he comido bastante más pronto de lo normal para que me diera tiempo a echarme un ratito, terminar la columna, ducharme y bajar a los perros antes de irme a trabajar. En este orden.

Y aquí estoy, empezando a escribir una nueva porque el ordenador se me ha apagado y cuando lo he encendido la columna no estaba. En ningún lado. Ni rastro de la copia de seguridad.

—Vale Claudia, respira hondo. No pasa nada. Total, sólo se han ido a la mierda dos horas y pico de tu tiempo, del libre, de ese que tanto escasea últimamente. Lo peor que te puede pasar es que no te dé tiempo a terminarla y tengas que posponerla al próximo jueves— me he dicho en voz alta, como si así fuera a resultarme más convincente el discursito o algo.

Vuelvo a respirar hondo.

Hago el amago de sonreír, de lado, apretando los labios, como hago siempre que me dan ganas de reírme de algo que no tiene ninguna gracia. Suele pasarme mucho, de hecho.

Lo mío con las alarmas últimamente es surrealista.

El lunes descansaba y entrenaba a las 10.

Me puse el despertador a las 08:50 para beberme un café rápido y bajar a los perros antes de irme.

Subiendo a casa de vuelta con Goku y Vegeta, me da por mirar el reloj y veo que son las 08:30 pasadas.

Espera, qué pasa, no entiendo.

Cortocircuito mañanero.

Se supone que la alarma aún no ha sonado, y yo ya estoy lista para irme.

—No Claudia, no puedes ser tan lerda de haberte puesto la alarma una hora antes.

Pues sí, lo fui, lo hice.

Me aferré a la certeza de que estaba de día libre y de que iba a ver a Emi y Nuria en breve y el enfado me duró dos minutos.

Ahora, dos días después, sigo con agujetas en los isquiotibiales y parece que la contractura me ha dado una tregua. La misma que me estoy dando a mí misma.

Emi dice que no contraigo bien el abdomen entrenando, que es una de las razones por las que la contractura no cesa. Yo creo que, además, es que tengo tres veces más culo que cintura, y claro, a ver cómo se sustenta eso sin dolencia.

También es que me paso una media de seis horas en la moto, así como dato.

No han pasado ni dos meses del huracán que decidió ponernos a mi vida y a mí patas arriba y, a pesar de que sigue aquí, hemos firmado un tratado de paz.

Yo me dejo empapar un poco de toda la energía que a él le sobra y él se va alejando, poco a poco, sutilmente, esta vez sin arrasar con todo lo que se tope por delante.

Total, ya lo hizo.

Vetusta Morla me enseñó que no es tan trágico jugar con la distancia y heredar su soledad.

Que lo importante es no confundir el duelo con hogar.

Y creo que el duelo y yo, de momento, vamos por el buen camino.

Anoche durmió mi amiga Marina conmigo. Nos conocemos desde hace muchos años, doce por lo menos. Es prima de mi expareja y amigo, Roberto, al que ya he mentado alguna vez por aquí.

Cuando dejamos de ser ‘primas’ empezamos a trabajar juntas, cada vez con más frecuencia.

Ahora, y tratándose sólo de nuestro vínculo, seguimos ejerciendo de familia.

Es lo que son sus brazos para mí.

Fuimos al súper de abajo, a mi súper, a comprar pollo y un par de cosas más para los burritos.

Allí estaba Afri, una de las carniceras.

Yo antes le llamaba Sandra, porque la verdad es que tiene cara de Sandra.

Derrocha alegría y amabilidad por todos los poros de su piel.

Sus ojos sonríen por toda ella, no le hace falta bajarse la mascarilla.

Empezamos hablando de un chocolate que está de moda y acabamos diciendo ciertas vulgaridades que mejor no voy a contar aquí. Nos reímos mucho.

Luego vino la cajera castaña de media melenita y me gastó una broma.

Y luego el de los pedidos a domicilio me dijo que parecía nueva no pesando el limón en frutería antes de pasar por caja.

Le contaba a Marina que hasta en el súper me siento en casa.

Que este barrio no es mi barrio, pero yo lo siento ya como mío.

Porque encajo perfectamente.

Porque ya ni me peleo con las abuelillas que intentan colarse.

Porque cada día, al abrir los ojos, cruzo los dedos deseando con fuerza seguir todo el tiempo posible con la vida que tengo ahora mismo.

Disfrutando de mi tiempo, de mi espacio, de mi soledad.

Llenando los vacíos que aún retumban de la manera más sana que sé.

Y supongo que sí, sigo haciendo ruido.

Me estoy leyendo un libro que quería desde hace muchísimo. Me lo dejó él en casa antes de abandonarla para siempre. Tuvieron que pasar varios días hasta que pude cogerlo sin que me doliese como una puñalada en las costillas. Ahora ya puedo. Y lo estoy devorando.

Hace unos días, la autora, Bebi Fernández, hablaba de la diferencia entre ser listo y ser inteligente. Yo nunca me había planteado la diferencia entre ambos términos y mucho menos como soy yo, si más lista o inteligente.

Explicaba que ser listo va de la mano de la audacia, de la intuición, de ver venir las cosas antes de que lleguen.

Que la inteligencia tiene más que ver con el coeficiente intelectual que con otra cosa.

Y que, bueno, al final ser listo te abre más puertas que ser inteligente.

Creo que quiero ser lista.

De momento, soy solo listilla.

Ahora son las 01:35 de la mañana del día 22 de abril.

El 22 de abril siempre ha sido un día marcado en mi calendario. Es el cumple de Alicia, la amiga y muñeca más bonita del mundo.

Me llama gordacaca, me hace reír, llora conmigo y me regaló el diario más bonito que he tenido nunca. Me admira y la admiro.

Felicidades, vida.

Antes he dejado la columna a medias porque Vegeta me estaba mirando con cara de cordero degollado. Quería calle. Y a mí me mira con esos ojos y yo me derrito.

Al volver he decidido saltar a la comba media hora y deshacerme de esa mala hostia que me había provocado perder la columna. Si me mordía la lengua me salía veneno.

Ahora vuelve a dolerme la cintura, o la espalda, ya no sé ni qué me duele exactamente.

Porque a pesar de los peros y mis quejas, supongo que esta vez sí sé dónde está la clave de todo; en mirar a mi alrededor y ver que, en realidad, todo está igual.

Que tengo los mejores amigos del puto mundo.

Y padres.

Y perros.

Que me tengo a mí misma, entera y segura, con mis miedos y debilidades bailando un vals con mis sueños y mi valentía.

Y qué bonito suena.

Os abrazo, siempre.







Comentarios

Un comentario en “Más ‘Diario de…’ que nunca

  1. Avatar for GranadaDigital

    Pablo Javier Tauroni Alonso

    O capitana , mi capitana…
    Siempre tu
    Siempre brillante

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