A la memoria de mi padre, Manuel Sola

cielo
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… Abrazarte fuerte, ojalá pudiera, ojalá volviera el calor a tus manos y todas aquellas veces que pude abrazarte y no lo hice… Hoy te escribo esos abrazos para poder gritarle al mundo que sigues vivo en mí, que te echo de menos sin más y que daría media vida por una última vez.

Cierro los ojos y dibujo letras con todos los te quieros que ya no podré decirte, te respiro lento y hoy más que nunca siento tu ausencia y tu amor infinito.

Hoy la distancia se convierte en km de amor y vuelvo a escribirte aquellos besos que ya no podré darte… La vida dictó sentencia, sin tiempo para nada, ni siquiera para una última mirada.. Nunca antes la vida me trató con tanta violencia, esa clase de crudeza que a pesar del paso del tiempo no logras sacudirte. Un disparo al alma y nunca más nada, como el que apaga una luz y cierra una puerta para siempre.

No hubo tiempo para besos, ni siquiera para un poco de calor en tus manos, en ese instante donde te ahogas en tu propio llanto. Ni un segundo de más para desearte un buen viaje a la otra orilla, en ese último momento donde todo sobra, todo menos ese tiempo que nos faltó, ese que no tuve para abrazarte fuerte y hablarte bonito por última vez.

El tiempo y sus caprichos que a veces falta y en ocasiones sobra, pero con ese mismo tiempo que no tuve para un último te quiero, he aprendido a cerrar los ojos y respirar tu ausencia, a sentirte cerca, a llenarme los bolsillos con tu sonrisa y a tocarte con mis letras.

Contarte que no corren buenos tiempos para los abrazos, que las sonrisas viven escondidas bajo una mascarilla, que el mundo se paró y aún no ha recuperado su ritmo, las calles vacías y mudas, aplausos que rompían el silencio al final del día. Son muchos los que se han ido y lo hicieron solos, sin despedidas, sin el calor de unas manos queridas, sin ese último momento de amor, de respeto y de dolor compartido por el fin de la vida. Familias enteras separadas para poder protegerse unos a otros.. Tiempos locos donde los besos y los abrazos se convirtieron de repente en armas y donde no ver a la familia era un gran gesto de amor. Hemos aprendido que lo importante no es dónde, ni cómo, sino quién, a volar detrás de una ventana, a tener los ojos llenos de ganas de vernos y a guardar esas ganas para más tarde… Abrazos, sonrisas y besos, pequeños lujos que se han convertido en grandes tesoros.

Mi padre querido: Tengo el alma llena de emociones de colores con momentos tuyos, de muchas ganas de volver a pensarte a través de mis líneas, para poder así seguir sorteando el olvido y que mucha gente te siga recordando, ya que es la única forma de que sigas vivo. La memoria de los tuyos y mis cartas al mundo te harán inmortal. Cuida de todos nosotros, regálanos calma y un poco de amor extra, para seguir siempre unidos en estos tiempos tan revueltos donde se hace difícil vivir como queremos.

La sutileza de tu risa susurrada al oído, me hace escaparme contigo a ese lugar donde nacen las palabras y donde tus recuerdos bailan con ese lazo de amor que nos une… Te espero allí en ese lugar donde nacen las emociones de mis letras, para brindar contigo en este día del padre, que como siempre viene cargado de vientos fríos. Para contarte que nunca me acostumbraré a este silencio, que son infinitas mis ganas de volver a escuchar tu voz, que si pudiera controlar el tiempo yo volvería una y mil vidas a intentar volver a ser yo, para poder coincidir contigo y ser parte de ti en todas mis vidas. Escribirte es como acariciar tu alma desde lejos, es junto a los recuerdos la única forma de lenguaje entre los dos. Contigo escribo presentes y futuros, de la mano de ese pasado que hoy nos mantiene unidos…

Cierro los ojos y reconozco la vital esencia que nos hace ser parte de un mismo alma, me aferro al profundo valor de lo que fuimos, con la esperanza de volver a ser juntos eso que éramos y que nos permite seguir siendo hoy.

Eres ese tiempo infinito, ese lazo inquebrantable y eterno que siempre nos devuelve un trocito de esa vida juntos, de abrazos de cuna, de carcajadas de hermanos, de mimos para esas rodillas y codos llenos de raspones y mercromina… Eres esa lucha incansable para darnos un futuro más amable, fuera de ese campo donde crecimos felices y jugando, a costa de mucho sudor y sacrificio, eres ese esfuerzo de sol a sol para que tuviera una vida mejor, ese brillo en los ojos al mirarme lleno de orgullo y ese amor infinito que me dio la gran oportunidad de poder ser libre. Eres ese aguacero de recuerdos y te quieros, el abrigo del atardecer y el sol de todos mis veranos, ese amor que me cura las heridas de tu ausencia y esa magia que une tu mundo y el mío con tus huellas, un respirarte lento que me despierta ese tiempo que a veces se me duerme y me invita a vivir con ganas y a seguir recordándote para que nunca abandones mi alma y el mundo jamás te olvide.

Abrázame fuerte, ojalá pudieras, a cambio yo te regalaría unos de esos abrazos eternos que nunca se acaban.

No te olvides que te quiero y no te olvides las señales. Feliz día del padre.







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