Ochocientos goles

1) 16-11-27 Celta 3 Gr 1
Jornada 13, Celta 3-1 Granada. De pie: Ochoa, Kravets, Lombán, Foulquier, Vezo y Saunier; agachados: Carcela, Pereira, Tabanou, Uche y Samper.
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Ya se habían consumido doce jornadas y el Granada todavía no había ganado ningún partido. Ya había saltado del banquillo el míster Paco Jémez, en la jornada 6, y ahora el entrenador era Lucas Alcaraz en la que es -por ahora- su última etapa en el Granada. Ya ocupaba nuestro amado equipo por derecho propio el puesto de farolillo rojo desde hacía siete semanas, con sólo cinco puntos de otros tantos empates por ninguna victoria. Ya se habían ensayado todos los posicionamientos posibles: 4-2-3-1, 4-3-3, 5-2-3, sin obtener resultados… Y, lo que es peor, ya se había constatado que, con la plantilla con que contaba el Granada, la cosa por fuerza tenía que acabar tan mal como acabó, con la pérdida de categoría. Y eso que sólo estábamos todavía en noviembre, jornada 13.

La tarde del domingo 27 de noviembre de 2016, Ochoa; Foulquier, Rubén Vezo, Lombán, Saunier, Tabanou (Alberto Bueno 64’); Uche (Ponce 70’), Samper; Carcela, Kravets y Pereira (Atzili 65’), dirigidos desde la banda por Chus Cañadas, segundo de Alcaraz, sancionado, perdieron -por octava vez en lo que iba de curso- en Balaídos, 3-1 frente al Celta, y se reafirmaron en la cola de la clasificación. El resumen de lo que fue el partido casi puede a su vez resumir lo que fue la liga 2016-17 del Granada: un equipo paupérrimo y desganado, integrado por un babel de todas las nacionalidades, muchos de ellos sin nivel para la primera española, con una delantera inoperante, nula presencia en la parcela donde se fabrican las jugadas y con unos fallos atrás más propios de una peña de amigos de los fines de semana: “La temporada es un rosario de lamentos por los costosos errores atrás. Camina sobre muñones de tantos disparos al pie que se ha pegado este curso”, escribió Rafa Lamelas en su crónica para Ideal. Nuestro equipo sólo pareció tal los primeros veinte minutos, lo que tardó en encontrar una autopista por el carril izquierdo la bestia parda antirrojiblanca que se llama Iago Aspas, quien recibió todas las facilidades de nuestra pasiva zaga, incluida una ‘dejada’ de Vezo, para hacer el primer gol. Antes del descanso el propio Aspas servía en bandeja el segundo gol local a un compañero, con la complacencia de la defensa de camiseta de rayas horizontales. Faltando cuatro minutos para el final marcó el Granada su único gol por medio de Kravets. Pero en el descuento los celtiñas consiguieron el definitivo 3-1 mientras los defensas rojiblancos se limitaban a mirar sin siquiera estorbar a alguno de los de celeste. En internet están los goles de este partido.

Ese único gol del Granada aquella tarde viguesa es el que supone redondear un nuevo centenar, el de ocho, con el que se completa la presente serie. Su autor fue Artem Kravets, delantero internacional de nacionalidad ucraniana que actuó en la liga española nada más que esta temporada, cedido por el Dínamo de Kiev sólo tres días antes de que empezara la competición, y del que se puede decir que seguramente no sería tan malo como parecía de haberse integrado en un plantel rojiblanco más normal, distinto de aquella panda de dolientes que fue el Granada 16-17. El gol 800 de primera llegó casi de la única forma posible que podía llegar, por un regalo de los locales: tras un fallo enorme de un defensa vigués que quiso ceder atrás pero el balón se le quedó corto, lo que fue aprovechado por Kravets para burlar la salida del portero y batirlo de tiro esquinado y a puerta vacía.

El comienzo de esta negra temporada 16-17 significó también el comienzo de un nuevo ciclo en la historia del GCF, que acababa de cambiar de dueño. Ya los apellidos Pozzo y Pina eran pasado. El presente se conjugaba en chino. El nuevo propietario y presidente, Jiang Lizhang, no se puede decir que tuviera un aterrizaje feliz en nuestra tierra, aunque seguramente no fue suya toda la culpa de que en la temporada que nos ocupa, la de su estreno, completara nuestro Granada la peor de las 86 ligas (cualquiera que sea la categoría a la que nos refiramos) en que ha intervenido desde su fundación, al conquistar solamente el 17,54% de los puntos puestos en juego. Una plantilla de retales confeccionada muy a última hora (con la liga ya empezada vinieron ¡nueve! fichajes) a base de descartes, con abundancia de jóvenes que no daban la talla en un fútbol de primer nivel como el español, y con la particularidad de que la mayoría de los que vistieron de rojiblanco esta 16-17 actuaban a préstamo y esto se tradujo en una gran falta de implicación.

Kravets, autor del gol 800 del Granada en Primera.

Seamos benévolos y descarguemos la mayor parte de la culpa del desastre en la inexperiencia del inversor oriental, que no estuvo acertado en confiar toda la parte deportiva al dúo Pere-Piru, o sea, el hermanísimo (de Pep) Pere Guardiola (que ni siquiera puso un pie en esta tierra) y “Piru” (Javier) Torralbo, una pareja que dejó acreditada su incompetencia (incluido el pasaje esperpéntico del no fichaje de El Zhar) confeccionando una plantilla casi íntegramente nueva pero muy poco competitiva. Todo complicado por la vehemencia del míster que se eligió en primera instancia, Paco Jémez, que fichó por tres temporadas y se vendió como el no va más de la innovación y la agudeza balompédica pero que sólo sumó dos puntos en los únicos seis partidos en que se le aguantaron sus cosas, y que encima fue el responsable de la marcha de algunos futbolistas que sin duda habrían dado mejor rendimiento que los que vinieron a sustituirlos. Cuando Lucas Alcaraz se hizo cargo del equipo quedaba mucha liga para intentar escapar de la quema, pero, como dice el dicho, de donde no hay no se puede sacar nada y tampoco el granadino logró remediar el desaguisado. La temporada terminó bajo la dirección técnica de un estrambótico personaje que asumió el cargo «para patear el trasero de los futbolistas» y que éstos reaccionaran, pero más bien pareció que las únicas posaderas pateadas fueron las suyas propias: ni un solo punto consiguió Tony Adams en los siete partidos en que calentó el banquillo rojiblanco, pero sí que logró que nuestro equipo acabara la liga ocupando el puesto 20 y último y descendiera a Segunda tres jornadas antes de terminar la liga.

Con esos ingredientes, la 2016-17 del Granada es por derecho propio la peor de toda su historia, la única junto con la 60-61, a la que arrebató tan dudoso honor, en que nuestro equipo acabó una liga como farolillo rojo en cualquiera de las categorías en que ha militado. Si por algo pasó a los anales rojiblancos esta nefasta temporada es porque durante su desarrollo nuestro equipo batió varios récords negativos, algunos con más de cincuenta años de vigencia. El Granada desde la 16-17 es el equipo de primera división que más goles encajó en una liga: 82. Y eso que precisamente la portería era de las pocas cosas salvables de este Granada y estaba bien cubierta por el internacional mejicano Guillermo Ochoa, que jugó todos los partidos, un buen portero que poco podía hacer ante las infantiles cantadas de sus compañeros de cobertura que fueron el pan de cada día en este menos que mediocre Granada 16-17.

En la crónica ciudadana, el mismo día en que el Granada era derrotado en Vigo los periódicos granadinos, como los de buena parte del mundo, habían puesto en circulación números especiales dedicando amplísima información sobre la vida y obra de Fidel Castro, que había muerto el día antes en Cuba. Al día siguiente las portadas las copaba la multitudinaria manifestación que ese mismo domingo, por la mañana, recorrió el centro de la ciudad encabezada por el doctor Candel, en demanda de dos hospitales completos para Granada frente a la reforma sanitaria de fusión de hospitales que pretendía llevar a cabo la Junta de Andalucía.

Sólo unos pocos días antes un gentío había inaugurado el centro comercial Nevada a pesar de que por allí sólo circulaba un Metro en pruebas, sin viajeros. Casi diez años antes había comenzado a construirse este moderno medio de transporte al que le faltaba todavía casi un año para empezar a admitir pasajeros entre Armilla y Maracena. Un nuevo retraso en su puesta en funcionamiento acababa de anunciarse motivado porque no terminaban sus responsables de ponerse de acuerdo en lo tocante al paso del Metropolitano por los terrenos de Adif, antigua Renfe, en la estación de Andaluces. Había comenzado a construirse casi diez años atrás, el tiempo que llevaba media ciudad empantanada, y en teoría debía de llevar ya seis años funcionando, pero ya sabemos, en Granada cualquier obra pública de infraestructura tarda en estar terminada cuatro veces más que en otros lares.

Samper, por los aires.





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