No quiero, pero te voy a recordar siempre

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Absolutamente siempre, muy a mi pesar.

Todos y cada uno de nosotros lo vamos a hacer.

Qué ilusos fuimos aquel 31 de diciembre del 2019 cuando brindábamos por ese año que estaba a punto de empezar; tan redondito él, tan bonito que pintaba cuando lo veías escrito en algún lado, así como muy elegante: 2020.

Y cómo te has reído en nuestra cara, tío. Qué bien te ha salido la jugada y qué mal a nosotros.

Hace un rato le decía a mi madre que he sido incapaz de referirme a este año sin algún descalificativo o palabra malsonante delante. Creo que no lo he hecho ni una sola vez. Podría poneros algún ejemplo de ellos, pero no quiero que dejéis de tenerme estima, sólo que cuando estoy cabreada y digo tacos tengo la sensación de desahogarme infinitamente más.

Ay, 2020, qué difícil es hacer un balance sobre ti.
Qué largo y agridulce has sido. Cómo pesas a estas alturas y cómo lo seguirás haciendo durante tanto tiempo.

Llevo varios días pensando mucho sobre lo que he ganado y he perdido este año. Si finalmente lo intento borrar del mapa o si esas pocas cosas buenas que me ha dado son tan buenas que sería injusto no salvarlo. En si realmente siento que ha sido un año indeseable o sólo más duro de la cuenta.

Cuando me han puesto en la tesitura de darme una noticia buena y otra mala y tener que escoger, siempre elijo primero la mala. Es como que así la buena la voy a valorar más y la mala no dolerá tanto.
Pues yo voy a hacer lo mismo con mi resumen del año, empezaré por lo malo y concluiré con lo bueno.

Lo más duro ha sido, sin duda, ver como la pandemia hace mella en mi abuela y su demencia. Ayer vi un video suyo de la Navidad pasada donde salía pelándose las gambas, con sus ojitos color mar y esas manos tan sumamente bonitas que ha tenido siempre.
Mirando fijamente a la cámara.
Sonriéndome y diciéndome con la mirada todo lo que no es capaz de expresar con palabras.

A día de hoy no puede comer sola y esta Navidad no habrá gambas porque ella no estará.

Llevo sin verla más de 4 meses y siento pánico al pensar que cuando llegue ese momento ella no me reconozca. Que vea mis tatuajes y no me los toque y me los bese. Que no se rompa en una carcajada cuando le imite exagerando el acento de los de Huétor.
Quiero pensar que voy a llegar a tiempo de volver a vivir todo esto. Que vamos a hacerlo ambas.
Que no sabrá hablar, pero sacará fuerzas para decirme que me quiere, como hizo la última vez.
Porque si alguien entiende de fuerza y coraje es ella.

No puedo decir que he perdido el trabajo que tenía porque el equipo de Industrial Copera sigue siendo el mismo y volveremos pisando muy fuerte cuando todo esto acabe, pero si he dejado de ingresar dinero en casa al igual que todos los que nos dedicábamos al ocio nocturno.

He perdido la esperanza en algunas cosas, siento que me he desencantado con algunos aspectos de la vida y con algunas personas también.

La ansiedad ha venido a visitarme en más de una ocasión y de hecho no se ha ido; algunos días me da más tregua y otros menos.

Y no sé, creo que el resto de cosas que me han hecho sentir mal no son más que las pruebas que la vida nos pone por tener la suerte de vivirla, supongo.

Ahora voy a lo bueno, a ver si me cuesta menos que lo malo. He tardado dos cafés y una ducha en escribir 10 frases.

Sin duda alguna lo más importante de todo es que los míos están sanos. Y yo también. De hecho, creo que lo estoy más que nunca.

Hace bastante tiempo que amigos nuestros nos hablaron del TBT, un sitio de entrenamiento personal en el centro de Granada.
Pepe, mi chico, llevaba varios años acarreando un supuesto dolor de ciática que cada vez iba a más. Decidió ir a ver a la tal Emi, una chica que por lo visto hacía milagros en los cuerpos de todo el que pasara por sus manos.

Después de un par de meses entrenando con ella, le hizo un informe para que lo llevara al médico y pudieran hacerle una resonancia. Emi sospechaba que no era ciática, sino una lesión de cadera un poco compleja.

Efectivamente. Lo que no vieron los médicos lo vio una entrenadora personal.

Aunque claro, también es osteópata y será todo lo que se proponga en esta vida.

Casi un año después, ambos entrenamos con ella y se me llena el pecho de orgullo al decir que nos ha cambiado la vida. Creedme que es así.
Ahora entiendo a Pepe cuando, antes de que yo la conociera, me decía que podría prescindir de muchas cosas, pero que de “La Emi”, no.

Y bueno, yo quizás podría prescindir de ella, pero no pienso hacerlo nunca.

¿Cómo prescindir de alguien que con su trabajo hace que sea mucho más segura que antes?
¿Cómo prescindir de quién te ha quitado con su profesionalidad de un soplido una tonelada de tonterías con las que te machacabas día si día también?
Que no que no, paso.
Paso de estar sin Emi.
Y si, es una declaración de amor y admiración en toda regla.
Porque creo que la quería antes de conocerla solo por el hecho de ver cómo Pepe estaba cada día mejor.
Y afirmo que lo hago ahora porque es imposible no querer a una persona con el alma tan, tan bonita.

Otra de las mejores cosas de este dichoso año ha sido mudarnos.
Soy de esas personas que los cambios importantes intenta disfrutarlos y exprimirlos al máximo.
Y así fue, y tanto que así fue.

Nos tiramos más de un mes buscando piso mañana, tarde y noche.
Lo que nos gustaba era excesivamente caro y lo que nos podíamos permitir no nos gustaba.

Hasta que de repente veo un anuncio de un piso de 3 habitaciones supuestamente entero reformado, pero del que solo ponen dos fotos. Llamamos para ir a verlo y conforme entramos, nos miramos y dijimos: este.

No aceptaban perros y pedían aval.

Al chico de la inmobiliaria le caímos en gracia y se lo transmitió a la casera. Ella propuso conocernos y fue un flechazo a primera vista por parte de todos.
Tiene un asadero a 5 minutos de casa y a veces nos trae pollito asado.
Lo primero que hizo cuando empezó la cuarentena fue escribirnos para decirnos que si no podíamos pagar no nos preocupásemos.
Me llama cariño y Trini, mira que te diga, cariño el que te tengo yo a ti.

Vivimos en un piso precioso al que le da el sol hasta que se pone.
Nuestra relación se ha fortalecido desde que vivimos aquí porque ambos somos más felices que antes.

Ojalá y sea el último alquiler que paguemos antes de tener algo nuestro.

Y para ir terminando, porque estoy a punto de excederme de las 1200 palabras recomendadas para una columna, no podía irme sin mencionar lo que más me ha hecho crecer a nivel personal: estar escribiendo aquí y ahora.

No sabéis lo agradecida que estoy por tener esta oportunidad y la plenitud que siento cuando alguien me dice que le he llegado con mis palabras.

Estoy cumpliendo un sueño y ojalá dure mucho.

Y, ahora sí, adiós 2020.

QUE TE DEN.

Pese a todo has arrasado con demasiadas cosas como para guardarte ni un ápice de estima.

Lo que más deseo con todas mis fuerzas es que el 2021 nos devuelva con creces todo lo que nos has robado en forma de salud y buenas noticias.

Que nos besemos tanto y tan fuerte como no lo hemos podido hacer este año.

Que si echamos de menos no sea porque no podemos vernos por culpa de la pandemia.

No quiero, pero te voy a recordar siempre, 2020. Y no elegante precisamente.

Te deseo con todo mi ser, 2021.

Una vez más, os abrazo muy fuerte.

 







Comentarios

3 comentarios en “No quiero, pero te voy a recordar siempre

  1. Qué emocionante Claudia! Las lágrimas caían por mi cara mientras leía tú columna y es qué cada día te superas! Y lo mejor nos haces sentir lo qué escribes de forma tan bonita y tan bien contado! Qué bien escribes! Un día más te FELICITO con mayúsculas! Gracias por hacernos este regalo lleno de Sentimientos y de tu gran Corazón y Talento. Vamos a por 2021. 😘😘😘👏👏👏👏👏

  2. Avatar for GranadaDigital

    JUAN CARLOS

    Pues una vez más Claudia……, CHAPEAU!!!
    Me encanta como escribes pero sobre todo con esa cercanía con que lo haces y con la facilidad con que llegas a nuestros adentros.
    Efectivamente, al 2020, QUE LE DEN!!
    Disfruta de tu piso. No dudes que si necesito a “la Emi” te pediré su dirección y teléfono.
    Un besico guapa

  3. Estimada Columnista,
    Le responde aquí una que un día la conoció en la cuesta del Chapiz.
    En esta declaración de intenciones al 2021 solo me queda decirte (con el mismo cariño que le procesas a tu casera ) que te deseo todo lo mejor y sobre todo que sigas transmitiendo con pasión todo lo que tu mente y tu alma inquieta quieren gritar al mundo.
    “Que tu compromiso con las palabras sea eterno, como la mirada de tu abuela”…….

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