No me gusta odiar. No me gusta utilizar la palabra odio. No odio a nadie.

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Leyendo FRASES sobre EL ODIO, he encontrado algunas que me gustan como:
  • El odio es la cólera de los débiles. Alphonse Daudet
  • El odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida. Charles Baudelaire
  • Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga. Victor Hugo
  • Basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera. Jean Paul Sartre
  • El odio no es más que carencia de imaginación. Graham Greene 
  • El odio es la demencia del corazón. Lord Byron
  • El odio es la cadena más abominable con la que una persona puede obligar a otras. Ugo Foscolo
  • Creo que el odio es un sentimiento que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia. Tennessee William
Sin embargo, mi admirado Luis García Montero dice al respecto:
  • Confieso en público que hay cosas que me parecen odiosas. Incluso estoy convencido de que es muy conveniente que una sociedad odie algunas cosas. Nunca el odio a las personas, pero sí algunas cosas que dicen o que hacen.
Y sigue Luis:
  • Me parece odioso que en Granada se ejecutase a García Lorca.
  • Me parece odioso que grandes empresas españolas se hicieran millonarias a costa de ese trabajo esclavo.
  • Me parece odiosa la gente que dice con buena o mala intención que lo mejor es olvidar.

Yo diría que respeto las palabras y opiniones de Luis García Montero y entiendo lo que le parece odioso (y más dicho tal como lo dice). Y sin embargo NO ODIO.

Si vamos al DICCIONARIO viene definido el odio como un sentimiento de profunda antipatía, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir a su objetivo. Es la emoción de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona o cosa.

Y es que el ODIO es el patito feo de las EMOCIONES. Y la realidad es que no me gusta oír a la gente que odia cosas de la vida cotidiana. Creo que es mejor decir que no te gusta una cosa o la otra. Así, hace unos días, en un grupo de whatsaspp criticaba los comentarios que hacía una enfermera en Instagram, porque decía: adoro ser enfermera, odio el colectivo de enfermería. Aunque matizaba bajo mi opinión, muy acertadamente, y decía: ODIO el ODIO, el RENCOR, la ENVIDIA. Me gusta.

Aunque, para mi, hablar de lo contrario del amor no es hablar del odio, sino sobre la INDIFERENCIA.

Síntomas y consecuencias del odio

Detrás del odio podremos encontrar muchas cosas como:

  • la baja autoestima
  • la inseguridad
  • la inmadurez emocional
  • el egocentrismo
  • la impaciencia
  • la escasa tolerancia o
  • la frustración.

Cuando no hay odio dentro, no hay enemigos fuera. Nuestra personalidad y forma única de ver la vida condiciona la manera en la que nos relacionamos con los demás. En determinadas situaciones proyectamos nuestras características a las personas de nuestro entorno, atribuyendo a otros comportamientos o pensamientos que en el fondo son nuestros. En esta línea, tener enemigos puede estar más relacionado con cómo afrontamos las situaciones en nuestra mente que con las circunstancias que objetivamente nos suceden.

A veces el peor ataque que podemos sufrir no viene del exterior, sino de nosotros mismos. En aquellas situaciones donde nos sentimos agredidos por ataques externos, condiciones internas como la rabia, la impotencia y la vergüenza social, es precisamente esto que viene de nosotros mismos lo que nos hace sentir débiles e inseguros, propiciando un caldo de cultivo para que veamos a los otros como enemigos. En ese momento, mal vamos.

Para nuestra estabilidad emocional es fundamental saber reconducir la rabia que estas situaciones nos producen. Saber qué situaciones y circunstancias nos suponen un agravio importante en nuestra vida es crucial para identificar a qué o quién nos enfrentamos.

No cabe duda de que el peor ataque nos provoca una autovaloración negativa, que acaba minándonos como personas. Está autovaloración negativa nos convierte en nuestro peor enemigo, ya que nuestro equilibrio emocional depende, en gran medida, de nuestra autoestima.

Los enemigos internos van ligados a nuestros pensamientos. Cuando los pensamientos negativos nos atrapan en un bucle nos van llevando al enfado, a la furia, al odio, haciéndonos ver al otro como un enemigo.

Aspectos a tener en cuenta ante cómo surge el odio:

El odio puede surgir por distintos motivos, algunos de los más comunes son:

A. Cuando la persona percibe que de forma continuada alguien daña directamente a su figura.

B. Cuando tenemos baja autoestima o sentimientos de inferioridad y envidiamos lo que otros tienen o son, es posible que se acabe por generar cierto sentimiento de repulsión u odio.

C. Cuando sientes que alguien es responsable o culpable de alguna situación negativa que hayas podido experimentar.

D. Tras una ruptura en una relación, muerte de un ser querido, etc.

E. Personas con problema de agresividad.

F. El odio a primera vista muchas veces no se origina en una agresión o un mal gesto de la otra persona. A veces son los prejuicios los que nos guían o los filtros que aplicamos sobre la información que recabamos los que nos confunden. En cualquier caso, somos nosotros y no la persona a la que “odiamos a primera vista”. El odio a primera vista podría ser simplemente el resultado de un prejuicio. Te dejas guiar por la apariencia y asocias un determinado aspecto con unos valores o antivalores específicos. No olvides que las apariencias son muy engañosas.

G. Hay personas que se preocupan demasiado por la impresión que causan en los demás. De hecho, destinan muchos recursos a intentar proyectar una determinada imagen. De manera inconsciente, los demás detectan esta artificialidad o teatro que produce rechazo. A veces les delata el contenido de su discurso o su lenguaje corporal (levanta el mentón para hablarle a los demás). Esto suele dar origen a más de un odio a primera vista.

H. Cuando el contraste entre dos personas es muy alto, es posible que se caigan mal desde el primer momento. En este sentido, lo diferente puede atraernos o despertar en nosotros una actitud de rechazo. Que se dé una u otra reacción dependerá de muchos factores, entre los que se encuentran nuestro estado de ánimo o la manera en la que el otro se posiciona respecto a estas diferencias. También depende, y mucho, del grado de compromiso que tengamos con nuestra opinión sobre un tema. Si somos muy sensibles a determinadas políticas será complicado que alguien que las desprecia nos caiga bien.

I. Hay personas que no han desarrollado sus habilidades sociales. Eso ocasiona que a primera vista caigan mal. Es como si fueran personas que no encajan, que rechinan. No tienen idea de cómo establecer un vínculo con otros de manera espontánea. Es posible que esto dé origen a un odio a primera vista. La falta de destreza en el trato, cuando todavía no hay complicidad, puede convertirse en un obstáculo para una posible relación. Simplemente hay que darle tiempo al tiempo para saber quién es esa persona realmente.

J. A veces, por más que lo piensas, no logras entender por qué alguien te cae tan mal, incluso sabiendo que es una persona muy valiosa. Sucede que esa persona puede recordarte a alguien con quien tuviste una experiencia negativa. Inconscientemente asocias a esa persona con otra.

Por todo ello, y teniendo claro que el odio es una emoción que generalmente va acompañada de otras connotaciones negativas, como la rabia, la ira o la agresividad, es evidente que el odio es un sentimiento común que, llegado el momento, si lo experimentamos, es muy difícil de controlar por su intensidad. Además, mantener este sentimiento durante un tiempo prolongado provoca la aparición de problemas, tales como estrés, ansiedad, insomnio, pensamientos obsesivos, problemas de agresividad, debilitación del sistema inmunitario, etc.

Lo peor de este sentimiento radica en que aquellas personas que viven bajo el odio, y en ocasiones también bajo el rencor, no son capaces de sentirse en paz y con tranquilidad. En ocasiones, consideran que las consecuencias producidas en el ser odiado generan justicia, pero esto es un error, porque el mayor daño se genera sobre sí misma cuando experimenta este sentimiento.

A pesar de que en ocasiones la persona que odia cree tener alguna razón de base para hacerlo, la realidad es que el daño que le genera el haberse sentido engañado, acusado o abandonado es la causa que despierta ese sentimiento negativo tan fuerte.

El discurso del odio se basa en argumentos dispares, adopta expresiones diversas y adquiere diferentes niveles de gravedad, desde manifestaciones difamatorias hasta discursos que llaman abiertamente a la violencia. El discurso del odio a menudo se ampara en la libertad de expresión, una libertad que no es absoluta y está limitada cuando colisiona con otros derechos como la igualdad, el derecho al honor o la dignidad de la persona.

Los argumentos utilizados en el discurso al odio se basan en prejuicios y estereotipos sobre colectivos que, por su simplicidad y repetición, calan en la población con facilidad, sobre todo en un contexto de crisis económica y social. Un discurso que, además, ha encontrado en Internet el canal de propagación ideal, entre otros motivos por el anonimato e impunidad que la red permite a sus autores. El también llamado ciberodio, en el cual las redes sociales son un espacio habitual, es un fenómeno creciente contra el que urge una actuación.

Eliminar el odio, algunas pautas a seguir

Aprender a interpretar lo sucedido de una manera distinta, más racional y relativizar la importancia de lo ocurrido ayuda a disminuirlo.

Asimismo, ser capaces de evaluar la intencionalidad existente en aquél que creemos que nos ha dañado, así como generar una mayor tolerancia hacia los actos o palabras de los otros y trabajar los pensamientos o ideas negativas generadas, ayudará al sujeto a desarrollar otro tipo de sentimientos menos perjudiciales y más adaptativos.

Para conseguir encontrarnos mejor, es importante trabajar la comunicación y las habilidades para solucionar problemas. Esto nos permitirá hablar con la persona que nos ha generado el daño y transmitirle cómo nos hemos sentido ante sus comportamientos, lo que nos proporcionará un desahogo. A partir de ese momento, la reacción del otro puede no ir por el camino que nosotros esperábamos, e incluso puede llegar a no satisfacernos su actitud, pero en este momento y si es así, debemos aceptar las consecuencias y sus actos o palabras sin juzgarlo y aceptando la posible decepción que esa persona nos ha generado, tomando de esta manera otras actitudes más acordes con la situación actual.

Una persona puede sentir el odio como una reacción de irritación o de cólera causada por la indignación de sentir vulnerados sus derechos. Todos nos hemos indignado en alguna ocasión porque ha sucedido algo injusto en nuestro entorno (un político que ha actuado fraudulentamente, una mujer que ha sido maltratada) y esa indignación ante una injusticia es digna de respeto.

Pero el problema se plantea cuando el odio, se utiliza como tapadera de nuestro miedo, de algo que hemos hecho mal. En estos casos, cuando la indignación ya no tiene el objetivo de reaccionar frente a una injusticia, se convierte en una simple manifestación de ego, que demuestra la imposibilidad de controlar y gestionar correctamente nuestras emociones.

¿Cómo controlar a los enemigos?

En las relaciones personales hay un amplio abanico de situaciones a las que nos tendremos que enfrentar. Y hacerlo bien evita reacciones peores.

Para lidiar ante situaciones de conflicto, lo correcto es:

  • No pelear por el simple hecho de pelear
  • No pelear para inflar nuestro ego.
  • No pelear para exaltar nuestro orgullo.
  • No pelear para vencer a nuestro adversario o para castigarle.
  • Pelear solamente para obtener un fin mayor.
  • Luchar para conseguir superar nuestros problemas.

Y además, no ODIAR.

¿Cómo no odiar o dejar de odiar a alguien?

  1. Pensar bien de los demás en lugar de pensar lo peor. A veces Probablemente, damos por hecho que todos los que nos rodean está ahí para hacernos daño, enfadarnos o molestarnos de alguna forma. Es importante darnos cuenta de que los demás pueden ayudarnos a mejorar nuestra vida. Si le damos una oportunidad a cada persona por separado, veremos que aquella persona que nos hable, tiene las mejores intenciones, en lugar de pensar lo contrario.
  2. Aprender a disfrutar de las conversaciones banales. Aprender a disfrutar de las conversaciones y a conectar con otras personas en lugar de mirar a cualquiera que nos hable como si estuviesen haciéndonos perder el tiempo o como si nada de lo que dijesen nos importara. Sonreír más y ser simpático. Demostrarles a la gente que estamos dispuestos a conversar. De esta forma, los demás serán más sinceros con nosotros.
  3. Hacer cumplidos. Alagar de forma sincera a las personas que verdaderamente nos importen, ayuda a demostrar que les prestamos atención. Esto nos ayudará a ser personas más positivas y a mirar las cualidades buenas de los demás. Además, cuanto mayor sea el número de personas a las que halaguemos, más atención y respuestas positivas recibiremos de la gente, por lo que crearemos energía positiva.
  4. Abrirse a la gente. Al abrirnos un poco a los demás tenemos más posibilidades de encontrar comprensión, compasión y amistad. De esta forma, no sentiremos tanto odio hacia la gente y veremos que merece la pena esforzarse para hacer nuevos amigos en el mundo. Si hablamos más con la gente, veremos que no somos tan diferentes de ellos. De esta forma, te resultará más fácil conectar con la gente.
  5. Pensar en todas las formas en que la gente puede ayudarnos. Otra forma de dejar de odiar a todo el mundo consiste en darnos cuenta de que la mayoría de la gente que nos rodea puede ser un recurso sin explotar. Si creemos que todos los que nos rodean están ahí simplemente para hacer de nuestra vida algo miserable, seguiremos odiando a la gente, inevitablemente. Una forma de entender que las personas pueden ser un gran recurso de ayuda para nosotros consiste en hablar más con ellas y así podremos ver cuánto pueden ofrecernos. Si nos sentimos más conectados con la gente, seremos menos propensos a odiar a los demás.
  6. Hacer actividades de voluntariado. Si hacemos el esfuerzo de preocuparnos por alguien más que por uno mismo y de colaborar para que nuestra comunidad mejore y crezca, pronto nos acercaremos a una perspectiva más empática, y empezaremos a querer a los demás en lugar de odiarlos. Además, conoceremos a otra gente que nos ayudará a desarrollar una perspectiva más positiva y a dejar de verlo todo negro.

Todo ello sirve para avanzar, para no odiar, para crecer, para querer, para mejorar, para buscar soluciones, ….. Por tanto, el odio es una emoción que se derrota a sí misma: el odio deja señales en nuestro corazón. 



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