El lado oscuro de la Navidad

Desajuste emocional, daños medioambientales, consumismo desorbitado y desechos de comida son algunos de los aspectos negativos en estas fechas

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Fuente de los Gigantes | Foto: Archivo GD
María Soldevilla MéndezMaría Soldevilla Méndez
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La Navidad ya está a la vuelta de la esquina, esa época del año en la que todo parece ir bien, en la que aprovechamos para ‘cambiar’ algún aspecto de nuestra vida o de nosotros mismos y en la que las relaciones personales, incluso con los cuñados y suegros, van sobre ruedas. La calle está iluminada, la programación televisiva cuenta empalagosas historias americanas a todas horas y las familias van a ver el belén del ayuntamiento.

Pero, no es oro todo lo que reluce y la manzana de la Navidad parece estar un poco podrida realmente. Sí, estas fiestas tienen un lado oscuro y no es pequeño precisamente.

Lo primero que hay que dejar claro es que la Navidad es un periodo “atípico e irreal”. Las cenas constantes por todo lo alto, las reuniones con antiguos compañeros, los regalos y la felicidad que la caracteriza hacen de la celebración una especie de burbuja que aleja a las personas de lo cotidiano. Psicológicamente, esto puede causar, para muchos, algún desajuste emocional, debido a la perfección que exige el estereotipo que rodea a estas fechas, y que no todas las personas creen alcanzar. Los motivos pueden ser varios, como la soltería en un momento en el que todo nos recuerda, desde anuncios a planes, los beneficios de estar en pareja, o la sensación de acabar otro año sin haber logrado ciertos objetivos profesionales. Además, en los casos en los que hay seres queridos que faltan, tanto porque viven en otra ciudad como porque ya no están, la pena incrementa, debido al alto carácter familiar que implica la Navidad. Por todo ello, estas fiestas pueden causar una presión extra para muchos.

Dejando a un lado el aspecto psicológico, la Navidad también es perjudicial para el medio ambiente. En cuanto a energía, el gasto energético crece considerablemente en esta temporada, principalmente por la iluminación. El alumbrado decorativo de las calles, tiendas y hogares suma al consumo 3,6 millones de KW, que es igual a lo que gastan unos 1.200 hogares al año, según un artículo de la escuela de negocios Cerem International Business School. Algunos ayuntamientos, concienciados por lo perjudicial del alumbrado, han llevado a cabo iniciativas que suavicen el daño, como es el caso de Dúrcal, que, en 2015, sustituyó el consumo de luces decorativas por la contratación de 20 ciudadanos con un sueldo de 700 euros durante 15 días. Esto, además de sus múltiples beneficios, refleja la equivalencia económica de la iluminación navideña, que en este caso sería de 210.000 euros.

Además, también contribuye al gasto energético el uso de electrodomésticos como el horno, el cual se utiliza mucho en estas fiestas para hacer platos típicos como el besugo, el cochinillo, el pavo relleno o algunos postres.

Hablando de comida, esta también supone una problemática medioambiental. Son muchos los caros y deliciosos platos de reuniones navideñas que acaban en la basura, en concreto el 40% de los alimentos producidos. Y es que, el consumismo, sin ninguna duda, es el gran aliado de la Navidad. El derroche va implícito en estas fechas, en las que las compras se convierten en el mejor pasatiempo, y a veces, en el peor enemigo. Ropa nueva para lucir en las fiestas, citas en la peluquería, comida en cantidades ingentes para destacar como gran anfitrión ante la familia política, decorativos para ambientar la casa al más puro estilo americano y, sobretodo, regalos, los cuales suponen la mayor fuente de emisiones de Co2 en Navidad, con un 48%, según la escuela de negocios Cerem International Business.

Finalizando, es cierto que la Navidad es una época de celebración y felicidad para muchos, pero no hay que olvidar que, como dijo Bill McKibben, “no existe la Navidad ideal, solo la Navidad que tú decidas crear como reflejo de tus valores, deseos, queridos y tradiciones”.

 







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