Mudanzas granadinistas

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El Granada CF de 1940. De pie: Sosa, Maside, Bonet, Bachiller, González, Liz, Marqués y Millán; agachados: Gárate, Trompi y Floro | Fotos: José Luis Ramos
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Ahora que se acerca el noventa cumpleaños del GCF me ha parecido conveniente refrescar la memoria de los amantes de su historia, los cuales, según mis cálculos, estaríamos dentro de lo que disponen las criptográmicas normas dictadas por Sevilla recientemente para regular las relaciones de la parte conviviente del ámbito familiar (¿o era la parte familiar del ámbito no conviviente…?), o sea, no más de seis, que además no somos de la misma unidad familiar, así que podríamos todos caber en un taxi de esos grandes.

Quiero referirme a los símbolos del club y a la persona que todo apunta a que es el principal responsable de las mudanzas experimentadas por dichos símbolos hace ya un buen montón de años.

Ser hincha de un club de fútbol significa sentir pasión por unos colores, un escudo, un nombre, es decir, por signos que involucran sentimientos e ideales. En casi todos los clubes de fútbol, sobre todo en los de más solera, su indumentaria, su emblema y su propio nombre son cosas que se dan ininterrumpidamente desde que el club existe y son símbolos poco menos (o poco más) que sagrados para sus fieles, de modo que puede sonar a sacrilegio plantear siquiera una mínima modificación de los mismos. Pero mire usted por dónde, el equipo de nuestros amores, el equipo que viste de rojiblanco y se llama Granada CF, presenta la peculiaridad de que ni su nombre ni sus colores son los mismos que le dieron aquellos que lo fundaron. Sin poderlo afirmar con rotundidad, todo apunta a que el responsable último de esos significativos cambios no fue otro que Ricardo Martín Campos.

Su vinculación con el Granada empieza en 1932, como vicepresidente del pintor Gabriel Morcillo, cuando el club con apenas un año de existencia ya tiene muy poca vinculación con los primos Amigo y con el ebanista Julio López, que son los auténticos fundadores del Recreativo Granada. Las funciones de directivo las alternará Martín Campos durante varios años con las de secretario técnico.

Al finalizar la temporada 35-36 el Recreativo es un club de segunda división en profunda crisis, sin jugadores y sin un céntimo, y también sin directivos. La situación es desesperada y se ve como muy posible su desaparición. Pero Martín Campos da el paso adelante y al frente de una comisión ejecutiva integrada por cuatro ex directivos se hace cargo del Recreativo en mayo de 1936. Eufrasio Martínez, “Martinenc” desde las páginas de Granada Gráfica alaba su valentía y lo compara con la Roca Tarpeya romana.

Los tres años que dura la Guerra Civil es un periodo de inactividad total para todo lo que se relacione con actividades de ocio, pero en la posguerra el camarada Martín Campos retomará la situación que existía antes de empezar las hostilidades y se pondrá al frente del club con su inseparable puro desde sus oficinas del Salón Nacional (Regio se llamaba antes de la República y a esa antigua denominación volvió a partir de los años cincuenta), del que era propietario. Fue un buen presidente que alcanzó gran popularidad y dejó grato recuerdo de su gestión, y su labor fue oficialmente reconocida por el club al nombrarlo presidente honorario de la entidad cuando dimitió en 1943 al resultarle insufribles los insultos de una horda de energúmenos que lo cercaban a la salida de un partido en Los Cármenes, culpándolo de que la dichosa pelotita no quisiera entrar en la puerta contraria. Cosas del fútbol y sus irracionales pasiones desatadas. Años después volverá a ocupar el sillón presidencial.

De Recreativo Granada a Granada CF en agosto de 1940.

La Guerra Civil, en definitiva, vino a salvar la pésima situación por la que atravesaba el Recreativo en 1936. A su término, con una situación más favorable, renació el club y muy pronto llegó a la máxima categoría. Y si la guerra sirvió al menos para evitar la defunción de nuestro equipo, también a ella hay que achacar gran parte de la culpa del cambio de los símbolos granadinistas más señeros: sus colores y su escudo. Motivos de fuerza mayor, o sea, las escaseces de todo tipo que sufría un país en ruinas y aislado cuando acabaron los cañonazos trajeron el cambio de indumentaria al no poder hacerse con las equipaciones deseadas y tenerse que apañar con lo que se encontró, y el equipo que oficialmente vestía de azul y blanco pasó a lucir desde entonces y hasta ahora mismo blusones a rayas rojas y blancas, aunque esos colores no eran una completa novedad para nuestro club puesto que ya los había vestido en su segundo año de vida, en 1932. Algo más de treinta años después modificará el sentido de esas rayas, de vertical a horizontal.

En la Granada de 1939, por no haber, no había ni tiendas donde se vendieran artículos deportivos. Los directivos recreativistas desplazados a Madrid buscaban unas equipaciones en azul y blanco, pero después de recorrer infinidad de comercios del ramo no encontraron nada que se ajustara a lo que querían, así que tuvieron que conformarse con un sucedáneo, unas camisetas rojiblancas. A los comisionados viajeros les ocurrió algo parecido a lo que sufrían en propias carnes millones de compatriotas, que a la hora del almuerzo comían tortilla de patatas sin huevos y hasta sin patatas, con boniatos, o que si querían tomar un café habían de contentarse con una infusión de granos de cebada, y si lo que querían era echar humo por sus fauces tenían que acercar el yesquero a un liado de hojas de chasca de la vega elaborado con tomillo o perejil si había suerte.

Respecto del cambio de nombre del club, aunque esto no está tan claro, parece ser que una de las razones que lo motivaron fue el deseo de acabar con cualquier cosa que recordara a la República, nacida a la vez que el Recreativo Granada. Desde 1940 el club pasó a ser conocido como Granada CF, abandonando así el nombre que los primos Amigo le pusieron al alegre grupo familiar que fue el embrión de nuestro Granada CF, el Recreativo Español, fundado en 1924. También fue una razón de peso el deseo de que el club deportivo más representativo de esta tierra llevara su nombre como primera denominación. El cambio de colores y de nombre trajo como consecuencia la modificación de su emblema, el escudo de la entidad.

Todas esas mudanzas, las más importantes en la historia del club en lo que se refiere a su simbología, ocurrieron siendo presidente Ricardo Martín Campos. Siempre podrían haberse recuperado posteriormente tanto los colores como el nombre original (cosa que hizo el propio Martín Campos para el filial, ya en 1947, cuando inició su segunda etapa al frente del club), pero el fútbol es un juego en el que, como tal, tiene mucha influencia la suerte, y como ésta acompañó al rebautizado Granada CF, a nadie se le ocurrió reivindicar la vuelta a los orígenes.

Portada de la revista ‘Penalty’ de 1934, con Ricardo Martín Campos.







Comentarios

Un comentario en “Mudanzas granadinistas

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    José Luis Entrala

    Pocos años después en Granada solo había una tienda de material deportivo donde me dijeron que las camisetas para un eo de baloncesto eran siete. Por cierto me suena mucho esa portada de la revista Penalty. Un abrazo

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