Miguel López, presidente de Pilsa: “Construimos la empresa desde cero a base de tesón, ganas e ilusión”

El empresario granadino comenzó en un humilde taller en 1963 y ahora el grupo Pilsa -la antigua Pedro y López- exporta a cuatro continentes y factura 40 millones de euros al año

Presidente Yellow - Sara Castaño (16)
Miguel López, presidente de Pilsa | Foto: Sara Castaño
Juan PrietoJuan Prieto
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Conserva como si fuera una pieza de museo el primer frigorífico industrial que construyó hace casi 60 años para Casa Bienvenido, un restaurante de Monachil. Fue su primer trabajo en solitario, con 21 años, tras haber comenzado con 14 años como aprendiz en un taller de metalistería. La historia de Miguel López Muñoz (Granada, 1942) es la de un hombre humilde, nacido en la calle Real de Cartuja, que ha construido desde cero una empresa “a base de tesón, ganas e ilusión”, según afirma, y que fue creciendo hasta convertirse en la más importante de España en el sector. Primero se llamó ‘Pedro y López’ para, una vez saltadas las fronteras, convertirse en 2012 en Pilsa (siglas de Pedro y López Sociedad Anónima).

Y es que de un humilde taller en la calle Plegadero Alto en 1963 nació una sociedad especializada en la fabricación -de forma artesanal- de frigoríficos para el sector de la hostelería de Granada y algunas provincias andaluzas. En continuo crecimiento, en los 80 amplió su línea de negocio incluyendo menaje para la hostelería, y en los 90 se expandió con acuerdos con las principales cadenas hoteleras españolas para ofertarles cocinas industriales, cámaras frigoríficas, lavanderías, buffets, show cooking, etc. Este hecho supuso para la empresa un rápido crecimiento ligado con un plan de inversiones y de expansión. En 2002 inauguró un nuevo centro de producción en Armilla (Granada), con una superficie de 15.000 metros cuadrados, lo que le permitió abordar su proceso de expansión en mercados extranjeros.

En la actualidad, el grupo Pilsa factura 40 millones de euros, cuenta con 200 trabajadores y está presente en diversas ciudades de España, así como en países como República Dominicana, México, Emiratos Árabes, Marruecos o Maldivas. Tiene 13 delegaciones y oficinas técnicas que le permiten ofrecer servicio a clientes de 4 continentes, siempre con maquinaria de fabricación propia.

Pero, pese a esos datos abrumadores, Pilsa es una empresa muy familiar. De hecho, todos los hijos de Miguel López -y algunos yernos y nietos- ya pertenecen a la plantilla de trabajadores de una compañía que presume de valores como fidelidad, honestidad, transparencia, dedicación, sacrificio, espíritu de autocrítica, confianza, responsabilidad y comportamiento ético.

En esta entrevista concedida a GranadaDigital, el patriarca de la familia y presidente de Pilsa, se muestra como una persona llana, sencilla y con las ideas muy claras. Así, a su modo, cuenta la historia de esta empresa granadina que triunfa por el mundo.

Pregunta (P): ¿Cómo comenzó la historia de Pedro y López?

Respuesta (R): Empecé con 21 años, estando en la mili. Me establecí en un huerto de una casa de vecinos, en la calle Plegadero Alto, junto al Campo del Príncipe. Allí comenzó mi vida empresarial de forma muy humilde, como casi todos los empresarios de mi época. Empezar de la nada. Pero con tesón, ganas e ilusión se consiguen las cosas.

P: ¿Por qué se llamó Pedro y López?

R: Esto es curioso también. Con 14 años entré de aprendiz en un taller de metalistería, que tenía muy buenos oficiales. Mi maestro, el encargado, se llamaba Pedro. Yo tenía con él muy buena relación. Cuando me fui a la mili, decidí establecerme por mi cuenta. Y a los cuatro o cinco años, me lo encontré en la ferretería El Candado, en la calle Mesones. Me dijo que, si yo quería, se venía conmigo. Me sorprendió, porque en aquellos tiempos no se ganaba mucho dinero, pero él estaba bien pagado, porque era un buen profesional. Me lo tomé un poco a broma y le dije: “Pues venga usted cuando quiera”. Yo le hablaba de usted porque el respeto que había hacia los operarios u oficiales era diferente al que hay hoy día. Al cabo de un mes me lo volví a encontrar en el mismo sitio y me insistió. Le comenté que pensé que era broma y me explicó que si no se venía conmigo se tendría que ir a Alemania, porque el taller estaba de capa caída. Así que le dije que se viniera. Me comentó que no tenía dinero para darme mi parte, pero yo le contesté que aquello era un huerto que no valía nada, que ya era de los dos. Se vino, fuimos al 50% y así estuvimos 25 años de socios. A Pedro le tocó la lotería conmigo porque era una gran persona, un hombre serio, cabal, muy buen profesional, pero no era empresario. No sabía nada de clientes ni de calle ni de bancos, pero en el taller era un maestro. Nos complementábamos.

P: ¿Por qué cambiaron el nombre?

R: A nivel local éramos muy conocidos, pero cuando empezamos a salir al extranjero eso de Pedro y López extrañaba mucho. Nos pusimos en manos de una empresa de marketing especializada en esto y salió la marca de Pilsa, que viene de Pedro y López Sociedad Anónima.

P: Pese a la internacionalización, es una empresa muy familiar, ¿no?

R: Aquí trabajan mis cinco hijos, dos yernos, un nieto… Y aunque, aparte, somos 200 personas, somos una familia. Somos una empresa familiar, no porque esté metida la familia, sino porque es una empresa muy allegada a los empleados, no hay distancias entre ellos y nosotros, como creo que debe de ser.

P: Ha sido un crecimiento espectacular a lo largo de estos años.

R: Cuando me establecí por mi cuenta tenía la ilusión de tener un taller propio y un coche, que me compré uno de segunda mano, que era más chico que un 600 y con un motor de dos tiempos. Empecé con toda la ilusión del mundo, porque sin ilusión no se hace nada. Pero yo jamás en la vida me podía imaginar que iba a ser capaz de llevar esta empresa hasta donde está ahora. Y, por supuesto, no todo el mérito es mío, también de mis hijos y de mucha más gente, que nadie logra nada solo. Nosotros tenemos un equipo maravilloso.  He tenido la suerte de tener cinco hijos y todos se llevan fenomenalmente. La gente se sorprende porque trabajamos juntos todo el año y luego los sábados nos vamos a comer todos y también nos vamos de vacaciones todos los años. Es una suerte, porque cuántas empresas familiares hay que todos les ha ido mal por llevarse mal. Pero nosotros estamos unidos.

P: Unos comienzos humildes y ahora están ustedes en Marruecos, Emiratos Árabes, México, República Dominicana, es muchos lugares de España… ¿Con qué perspectiva se ve ese crecimiento?

R: El crecimiento se realiza con mucho esfuerzo, hacemos tres turnos en la fábrica y, aún así, vamos apurados. Ahora estamos montando una delegación nueva en la República Dominicana, porque la que tenemos se nos ha quedado pequeña. Allí tenemos una nave espectacular, con 300 metros de oficinas, 300 metros de exposición y 2000 metros de almacenes.

P: ¿Tienen más planes de expansión?

R: Pero si no tenemos límites. Estamos en los Emiratos Árabes y desde esa delegación vendemos más a otros países que allí mismo. Ahora hemos estado hasta en China, haciéndole un proyecto a Meliá.

P: Porque son ustedes proveedores de las cadenas hoteleras más importantes del mundo, ¿no?

R: Nosotros estamos en el Caribe por Meliá. Ya eran nuestros clientes en España y nos dijeron que para trabajar en el Caribe teníamos que poner una delegación allí. Para nosotros era un mundo, a 9000 kilómetros, estábamos asustados. Pero le echamos valor y fuimos. Gracias a eso le trabajamos a las mayores cadenas hoteleras que hay, nacionales e internacionales. Trabajamos con cadenas americanas. No le decimos que no a nada ni a nadie.

Momento de la entrevista con Miguel López | Foto: Sara Castaño

P: Son conocidas sus líneas de negocio con Pilsa y Yelow, pero ¿cuál es la vocación de Pilsa Educa?

R: Ayudar a la gente de la hostelería, sin ningún ánimo de lucro, todo lo contrario. Por ejemplo, ahora damos cursos de preparación para gente joven de 18 y 25 años, o para desempleados de 30 a 55 años. Son totalmente gratuitos y les damos formación. También vienen de restaurantes o cafeterías y nos piden que formemos a sus camareros.

P: ¿En qué situación diría que está ahora mismo su empresa?

R: En la gloria, ahora mismo estamos en la gloria (ríe). Qué te voy a decir, en lo máximo.

P: ¿Cree que la gente de Granada conoce que existe una empresa tan importante como Pilsa? ¿Se le reconocen esos méritos?

P: La gente nos conoce, aunque muchos más por Pedro y López que por Pilsa, aunque depende del nivel. A nivel profesional todo el mundo sabe dónde estamos. Son muchos años ya.

P: E importantes a nivel nacional.

R: Somos la empresa que más factura del gremio en España.

P: Eso, tras haber empezado de una forma tan humilde, será un orgullo.

R: Y seguimos siendo humildes. La humildad tiene que ir siempre por delante.

P: Pero, con la perspectiva del tiempo, se sentirá orgulloso.

R: No me va a dar orgullo… Si no quiero morirme por eso, porque me voy a morir en lo mejor

P: Tratándose de una empresa tan familiar, ¿cuáles son los valores que usted y sus hijos tratan e inculcar como Pilsa?

R: Humildad. El acercamiento a nuestra gente, queremos lo mejor para nuestros trabajadores porque nosotros también hemos sido trabajadores, yo lo he sido siempre. Nací sin nada. Mi familia no era rica, era una familia trabajadora. Creo que el trabajador tiene que estar a gusto en su trabajo, porque ya suficiente tiene con tener que vivir más en la empresa que con su familia. Por lo menos que se encuentre a gusto, que sea respetado, eso es básico. Sé que hay empresarios explotadores, lo mismo que hay algunos trabajadores que son… como son. La empresa tiene que ser una familia, el que viene a trabajar tiene que venir a gusto, porque si no vienes a gusto a trabajar poco vas a rendir.

P: ¿Realiza Pilsa algún tipo de acciones de responsabilidad social corporativa?

R: Colaboramos desde hace años con Proyecto Hombre. Por ejemplo, todas las cocinas que tienen montadas se las hemos donado nosotros. También colaboramos activamente con las cadenas hoteleras nacionales e internacionales, adhiriéndose a sus programas de sostenibilidad y respeto del medioambiente. Somos un grupo comprometido con el sector y el desarrollo profesional de la hostelería. A través de Pilsa Educa promocionamos la formación del sector sin ánimo de lucro. Como ejemplo, actualmente se está desarrollando el programa Activing, destinado a la creación de empleo cualificado e impulsar la hostelería de calidad. Esta formación es totalmente gratuita para los alumnos, y está destinada a jóvenes de 18 a 30 años y desempleados de 30 a 55 años. En Pilsa consideramos que el sector hostelero debe promover la igualdad de oportunidades, en particular la de generar empleo sin establecer distinciones entre hombres y mujeres.

P: ¿Su hobby es el trabajo o tiene alguna afición más?

R: Yo tengo pocos hobbies, por eso tengo que seguir aquí (ríe) porque es que no tengo cómo entretenerme. No sé jugar a las cartas ni al dómino. Lo único que me gusta es el fútbol: mi Madrid y mi Granada.

P: ¿En ese orden?

R: No, primero Granada y después Madrid, eso está claro. Soy muy defensor de Andalucía. Ya he tenido algunos problemas en reuniones profesionales donde ha habido 300 personas y alguno, no voy a decir de qué región, ha puesto a los andaluces de flojos. Y he tenido que ponerlo en su sitio. Porque a mí que no me toquen mi Andalucía. Que seguro que aquí hay gente que no vale, pero la mayoría es gente muy válida. Y muy buenos trabajadores.

P: Entonces le gusta mucho el fútbol, ¿no?

R: Me gusta mucho. Fíjate mi Granada, que este año estamos muy contentos con ellos, y mi Madrid, aunque esté peor este año… por lo menos va delante del Barcelona. Pero con el Granada estoy disfrutando mucho.

P: Como empresario, ¿cómo ve a la ciudad y la provincia de Granada? ¿Qué cree que le falta a Granada para dar el salto definitivo?

R: Amor propio, como el que tienen los malagueños. Las ciudades prosperan con tesón. Y no sé qué pasa con los granadinos, que hay muy buenos empresarios aquí, pero en conjunto nos falta chispa, nos falta amor propio. Teniendo esa Alhambra que tenemos, esa Sierra Nevada… Si eso lo tuvieran los malagueños…

P: ¿Cuál es el secreto para que un empresario triunfe?

R: Es muy fácil: trabajar, trabajar y trabajar. Y también ser serio y honesto. Si no eres serio, no llegas a ningún sitio. Yo llevo casi sesenta años trabajando y a mí nadie me puede poner colorado, porque he sido el tío más honrado. No he engañado jamás en la vida a nadie. La honradez siempre por encima, con clientes, con empleados y con todo el mundo. Y también constancia. Tengo cinco hijos. Yo salía de mi casa a las siete de la mañana y estaban acostados y cuando volvía eran las 3 o 4 de mañana ya estaban durmiendo porque era muy tarde. Los veía los sábados y los domingos. En esa época estaba yo con mi socio Pedro y mi mujer me regañaba: “¿Pero, por qué Pedro está en su casa a las ocho de la noche y tú no?”. Ella lo veía llegar porque vivíamos en dos chalets uno pegado al otro. Y yo le decía: “Pedro tiene una misión y yo tengo otra”. Yo soy como soy. Yo sin Pedro no sería nadie y él sin mí tampoco.

P: ¿Qué recuerda de su socio?

R: Fuimos socios 25 años y fue elegante hasta para irse. Se jubiló, porque no era un hombre con grandes aspiraciones económicas. Tenía la vida resuelta. Compró vivienda para él y sus hijos, compró coche… Nos llevábamos de maravilla. Yo compraba un coche para mí y otro para él, un jamón para mí y otro para él. Compré dos apartamentos en Salobreña y le dije: “¿Quiere usted uno?”. Porque yo le hablaba de usted por la costumbre. Y los compramos. Cuando me dijo que se quería jubilar me sorprendió, porque entonces nos iban muy bien. Pero fue muy honrado. Valoramos la empresa, me dio facilidades para que le pagara su parte. Muy elegante.

P: Y el secreto del triunfo lo ha tenido también en la familia.

R: Hemos trabajado mucho, pero también la gran suerte de que a mis cinco hijos les ha gustado esto y se llevan muy bien. Y eso que no todos ganan todos lo mismo, tienen sueldos dispares, dependiendo del cargo que tiene cada uno. Y ellos están de acuerdo. Eso sí, todos tienen la misma proporción de acciones, aunque la mayoría las tenemos mi mujer y yo. Gracias a la empresa vivimos bien y eso lo tienen todos muy claro. Pero somos una piña (se emociona). ¿Que hay algún problema? Piña. Siempre unidos.



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