Metro por el centro, 16 años después

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El Metro, a su paso por los paseíllos universitarios | Foto: GD
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Era 2003 y el Ayuntamiento estrenaba a partir de junio alcalde. Era José Torres Hurtado y era el PP eufórico en una mayoría absoluta que renovaría dos veces más. Era un Ayuntamiento que se empleó a fondo en su estrategia disuasoria contra un metro ligero por el centro que, en su axioma axiomático, calificaba de inviable. Sin más. José Moratalla, alcalde socialista hasta 2003, había optado por un tranvía por el centro y la Junta lo aceptaba, pero…

A aquel gobierno municipal popular de aquellos primeros días del verano de 2003 le surgieron aliados en su férrea oposición a un tranvía que discurriese por Gran Vía y Reyes Católicos, el eje que secularmente define el centro de Granada. Por ejemplo, rozaba lo grotesco la que esgrimió el gremio de los constructores, cuyo presidente de entonces invocó las dificultades que conllevaría para el discurrir de las sacrosantas cofradías de Semana Santa. Y no faltaron tampoco pentacolumnados reportajes y consiguiente pentacolumnada apertura en portada que alertaban del número centenario de incidentes que había causado en Bilbao en pocos días “el metro que quiere traer la Junta a Granada” (sic). Los granadinos aguardamos expectantes que en capítulos sucesivos nos informasen sobre las consecuencias que aquel centenar (más de cien) de incidentes registrados en la capital del Bocho (o era Botxo): si se había clausurado de forma inmediata el vehículo, si se había cesado -o procesado… o encarcelado, vaya usted a saber- a sus responsables…

Nos quedamos sin saberlo, aunque tal vez ahora, con el resurgir de la historia, lleguemos a enterarnos del destino de aquellos desalmados que tanto dolor habían causado en Bilbao y a quienes pretendía emular la Junta en Granada. Que no, en Sevilla. El caso es que dieciséis años atrás, entre unos y otros se creó el caldo de cultivo alarmista y suficiente para que la idea fuera desechada. El entonces concejal de la cosa urbanística del Urbanismo, Luis Gerardo García-Royo, cogió un día el metro -el de medir- y descubrió alarmado que mientras la anchura de Gran Vía es continua y permanente a lo largo de todo su trazado la cosa no es igual en Reyes Católicos. ¡Qué va! Ahí, la calle se ensancha en su confluencia con la estatua de Colón e Isabel pero mengua a la altura del Corral del Carbón y, claro, así es imposible cruzar dos trenes. Consecuencia: inviable.

En discusiones así fueron pasando los días y los meses y los años, mientras algunos malpensados elucubraban que en el fondo de aquel mantenido pulso dilatorio Ayuntamiento (PP)-Junta (PSOE) subyacía el hecho cierto de estirar los tiempos e impedir que unos u otros se viesen una luminosa mañana inaugurando con el triunfalista protocolo habitual una línea muy soñada y necesaria. Que si ahora soterrado, que si después semisoterrado, que cuando ya vamos poniéndonos de acuerdo en esto nos atrancamos en los Paseíllos universitarios, que si la curva en la Hípica no la gira el trenecito… Total, cuando hubo acuerdo empezaron a sonar los claros clarines de la crisis, ya no hubo el dinero que en 2003 se habría manejado a manos llenas…

Y entonces, asistimos a una película bien distinta, porque las laceradas arcas de la Junta eran incapaces de gestionar el proyecto cerrado, que entró así en un lánguido y desesperante progresar de años y años hasta la luminosa mañana en que todo un cortejo de ‘Medallas’ subió al metro en Albolote y llegó a Armilla en un viaje inaugural que se retrasó más de nueve años en la construcción de un trazado de dieciséis kilómetros y un derroche de 530 millones (de euros) que a trancas y barrancas el gobierno andaluz por fin pudo poner a funcionar.

Ahora, agosto de 2019, nos enteramos de que el Ayuntamiento llama a las puertas de la Junta y desentierra aquel proyecto al que con tanto ahínco se opuso. El alcalde ahora, Luis Salvador, es de Ciudadanos, pero en 2003 militaba en el PSOE, a cuyo liderazgo provincial aspiró. El caso es que no es del PP. Pero casi: es mayoritario en el equipo de gobierno, todo lo que se decida pasa por su visto bueno. Es posible que este regidor nuestro se haya enterado de la resurrección del proyecto por la prensa, como ya ocurrió con la suspensión del campeonato deportivo World Padel Tour. Eso sí, en la planta noble de la Junta habita ahora el PP, el partido que con tanto ahínco se opuso al trazado por el centro. Y en coalición con Ciudadanos. Comprensión debe haberla. Consenso, también.

Pero no hay que desesperar, que esta Granada mía y nuestra es así y si no media otra pentacolumnada apertura, lo mismo algún cofrade previsor avisa: habrá que suspender el tráfico de trenes en los días posteriores a Semana Santa para que se pueda proceder con el habitual derroche de agua a la limpieza de la mucha cera que caerá sobre el trazado de las vías (todo, antes que poner un caperuzón a las velas, que eso por lo visto es muy poco evangélico y ha sido condenado por el Vaticano…). ‘Ideal’ ha hecho una encuesta de urgencia y parece que hay consenso general, aunque los comerciantes no terminan de verlo (también se oponían a las peatonalizaciones de Mesones, de Navas… de todas; del ensanche de aceras en Recogidas… en fin). Y entre unos y otros entraremos en uno de esos debates y polémicas que tanto nos gustan en Graná: la mitad contra la otra mitad… ¡Quién sabe si esta recóndita columna no supone ya el primer aldabonazo que declara abierta la polémica! Y después nos extrañaremos de que proyectos que en Sevilla o Málaga cumplen el tiempo de previsión para entrar en servicios, aquí se eternizan nada más ser sugeridas. Mi querida Granada, esta Granada mía, esta Granada nuestra…



Comentarios

Un comentario en “Metro por el centro, 16 años después

  1. El granadino siempre ha estado al chavico. Pendiente en muchos casos del que dirán, del que harán otros, del vasco.

    Ahora le hacen trenes en Linares. La modernidad. ¿ a que esperas? Sin miedo. POR EL CENTRO.

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