Luis Salvador cumple cien días como alcalde con claroscuros

Arranca el mandato con el viento de cara por el buen clima entre Ciudadanos y Partido Popular en Andalucía, lo que puede traducirse en proyectos interesantes, pero no está tan claro si ese entendimiento es extrapolable a Granada

Pleno Investidura nuevo alcalde Granada 2019-2023 Dani B-8
Luis Salvador, durante el discurso del pleno en el que fue investido alcalde de Granada | Foto: Daniel Bayona
Guillermo OrtegaGuillermo Ortega
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Hoy, 23 de septiembre, se cumplen cien días desde que Luis Salvador es alcalde de Granada. Los cien días es el periodo de cortesía que tradicionalmente se le han concedido a un político cuando accede a un cargo. Aunque la tradición, también es cierto, dejó de cumplirse hace mucho tiempo y ahora se lleva más atizar desde el principio.

Esta vez no se ha respetado el plazo (o al menos no lo ha hecho todo el mundo) pero también es verdad que ha habido circunstancias atenuantes, por así decirlo. Para empezar, la misma designación como alcalde estuvo rodeada de polémica. No sólo el día anterior, sino la misma mañana de la sesión de investidura, hubo un sinfín de encuentros, reuniones y, sobre todo, llamadas de teléfono para ver cómo quedaba la cosa.

Porque Granada no es una isla, ni en el mapa ni en lo político. Partido Popular y Ciudadanos incluyeron la ciudad en un pacto global en toda España que suponía repartirse gobiernos locales y autonómicos y también alguna diputación provincial. Sin mayor ánimo de entrar en polémica, lo que se decidió finalmente aquí fue que Luis Salvador, cuyo partido, Ciudadanos, había sido la tercera fuerza más votada en las elecciones municipales con 16.000 votos y cuatro concejales, fuera alcalde en detrimento de Sebastián Pérez, candidato del Partido Popular, que obtuvo siete ediles y 25.000 apoyos en las urnas.

Hay constancia de que algunos concejales del PP votaron a Luis Salvador en contra de su voluntad, sin disimular su disgusto y sólo porque, como comentó después una dirigente, «a veces es mejor empatar un partido que perderlo». Lo decía por dos motivos: por un lado, de no haber apoyado el PP a Salvador, la alcaldía habría sido para el socialista. Y ya se sabe que facilitar gobiernos socialistas es una de las líneas rojas que no debe cruzar la formación que preside Pablo Casado.

Pero hubo un segundo motivo: extraoficialmente, con un apretón de manos (metafórico o no) sin nada por escrito y en consecuencia sin carácter vinculante, el PP sostiene que acordó con Ciudadanos que Luis Salvador sólo sería alcalde los dos primeros años de mandato y que en junio de 2021 cedería el mando al candidato popular.

2+2, ser o no ser

Y ahí empezaron los problemas. Porque, cuando se difundió ese acuerdo verbal, bautizado con la expresión matemática 2+2, el alcalde, pese a que fue sistemáticamente preguntado al respecto, ni lo confirmó ni lo desmintió. Prefirió contestar que ésas son «cosas de la política» y que él estaba «en la política de las cosas» y, cuando le insistieron mucho, respondió que ese asunto de la alternancia no interesaba realmente, algo a lo que cualquiera podría haber replicado diciendo que si los granadinos son los que le pagan el sueldo al alcalde, serán ellos quienes decidirán qué es lo que interesa, y no el regidor.

El asunto no está cerrado. Ciudadanos, por medio de su secretario de Organización, el diputado nacional por Granada Fran Hervías, ha asegurado que lo que se acordó a nivel nacional fue que la alcaldía fuera cuatro años para el partido naranja y que él nunca habló con Teodoro García, número dos del PP, de ese 2+2. El PP, en la contrarréplica de la contrarréplica de un asunto que lleva prolongándose cien días, dice que ese acuerdo nacional tampoco ha visto la luz, no es público, nadie lo ha mostrado, y por lo tanto tiene tanto valor como el apretón de manos (metafórico o no) y el mismo carácter vinculante. En consecuencia, agregan los populares, sigue en pie lo que dijeron en junio: si no hay un compromiso claro por parte de Ciudadanos de que en 2021 habrá relevo, ellos están dispuestos a romper la baraja, dar por finiquitado el pacto de gobierno y pasar a la oposición. Si después de eso hay una moción de censura, vienen a decir, a ellos que los registren.

Pero acuerdo de gobierno ha habido, y según lo que trasciende a la opinión pública, por ahora goza de buena salud. El reparto de áreas dejó al PP las más jugosas y complicadas (Urbanismo o el área de Economía y Hacienda) y las notas de prensa distribuidas desde que unos y otros trabajan juntos aseguran que ya se han hecho progresos en asuntos importantes como el periodo medio de pago a proveedores e incluso en la elaboración de un presupuesto municipal, algo de lo que Granada carece desde nada menos que 2015.

Capitalidad Cultural irrenunciable

Ciudadanos se ha quedado con Cultura, que engloba una de las banderas que ha ondeado Luis Salvador desde que es alcalde: la capitalidad cultural europea de 2031, un objetivo que se fija como algo irrenunciable, que vincula además al 500 aniversario de la existencia de la Universidad de Granada y que sirve como percha para casi todo. Proyectos de envergadura, como el recuperado Gran Espacio Escénico, para el que los presupuestos autonómicos consignarán una inversión para 2020, pero también otras muchas cosas. Sin ir más lejos, la semana pasada dijo que el Granada Sound y su éxito era una baza a favor para la candidatura granadina. No le falta razón: algo que lleva nueve años creciendo y que es capaz de congregar a 25.000 personas tiene que sumar en esa pelea.

Luis Salvador ha hablado de eso y también de la Granada importancia de vincular a Granada con la vanguardia tecnológica. Se podría decir que gracias a él ahora muchos tienen idea de lo que es una startup (compañía emergente, para los que aún no lo sepan), así como de proyectos como la marca Granada Human Tech para aglutinar “todos los proyectos tecnológicos, innovadores y proveedores del talento de la ciudad y el área metropolitana”. Argumenta, en ese sentido, que en la Unión Europea abundan los fondos para proyectos creativos e innovadores y que Granada no puede quedarse fuera de eso.

El pacto les ha permitido además anunciar un conjunto de ochenta medidas para Granada y el Área Metropolitana, entre las que se incluyen la Ronda Este (o cierre del anillo), el teleférico a Sierra Nevada o las escaleras mecánicas a la Alhambra. En lontananza también está el soterramiento del AVE, al que Luis Salvador recibió ya como alcalde en su primer viaje desde Madrid, el 25 de junio, pero sobre ese asunto tiene claro que quien debe sufragarlo es el Gobierno central, todo lo más con alguna ayuda de la Junta. «Este ayuntamiento no tiene dinero para costear esa obra», ha resaltado. Y en consecuencia, ha prescindido de la Mesa del Ferrocarril.

Apoyo de la Junta

Aunque todo eso es encomiable, lo que más le está llegando a la gente son iniciativas que no se han promovido desde el ámbito municipal (por falta de tiempo, sobre todo) sino desde el gobierno autonómico, en el que también son socios Partido Popular y Ciudadanos. Desde allí se han transmitido algunas buenas noticias, como el avance para unificar las sedes judiciales y acabar con el caro desorden actual, como la voluntad de acometer cuanto antes actuaciones trascendentes, como la mejora de los accesos a Sierra Nevada, o la posibilidad de ampliar la línea de Metro, ya sea haciéndola pasar por el centro de Granada o llevándola a otros pueblos cercanos.  Eso, unido a la restricción del tráfico por el centro de la capital, de lo que también ha hablado la Junta, podría tener un efecto muy beneficioso. Granada es ahora la tercera capital española en índice de contaminación atmosférica, algo que es principalmente culpa de los coches.

Si ese clima de entendimiento que PP y Ciudadanos parecen tener en el conjunto de Andalucía se traslada a Granada, Luis Salvador puede correr con el viento a favor. Otra cosa es que prevalezca lo que él llama «las cosas de la política». Por lo pronto, hoy, el alcalde tiene previsto hacer balance de su gestión y a su lado estará Sebastián Pérez. Como se dice en el ámbito de la prensa deportiva, el morbo está servido. Es seguro que le preguntarán por el 2+2 y es bastante probable que digan que eso, ahora, no toca.

 

 



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