Los espías de la BBC

TDT television mando a distancia
Imagen de archivo GranadaDigital
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La pasada semana me tocó renovar la licencia de televisión, esa que te permite legalmente ver los canales en casa. Mi relación con la tele británica es intermitente: al principio escaso interés, luego algo más, de nuevo poco, te enganchas algún programa, al final te aburres del mismo… Cada año, cuando hay que renovarla, valoramos la situación: ¿ha merecido la pena? ¿hay algo interesante el año que viene que le haga ineludible? Generalmente la respuesta es no. Y renovamos.

En Inglaterra la televisión es un impuesto anual directo. 154,50 libras abonas para poder ver no solo la BBC sino el resto de canales privados, no incluyendo los otros de pago tipo Sky TV. Con este dinerito, la BBC se supone que se garantiza su independencia, se subvenciona y ofrece sus contenidos sin publicidad. Aquí os dejo un link donde todo queda muy bien explicadito en nuestro castellano.

https://trucoslondres.com/vivir/comunicacion/licencia-television-uk/

Lo de apoquinar por ver la tele se puede ver de dos maneras. ¡Madre mía en Inglaterra se paga por todo!, lo cual tiene bastante de cierto o lo más optimistas dirían: ¡Qué bueno que puedes elegir! Para mí la segunda es la más racional: si ves la televisión, pagas. Claro, que ahí entraríamos en el debate de la función social de las televisiones públicas del que ahora mismo me salgo. Recuerdo a un amigo de universidad que le irritaba especialmente pensar que el dinero de sus impuestos iba a parar a canales públicos como Canal Sur, el cual añadía no había visto en su vida. Él razonaba: “Que al menos yo pueda decidir en esto”. En Inglaterra hubiera sido feliz eligiendo, aunque por otra parte no tendría derecho a ver los otros canales como Telecinco o Antena 3. Tampoco sería la muerte .

No hay que reducir a un ermitaño o antisocial al que opta por no abonar el pago de la tele, hoy en día puede bastar con Netflix, la radio y con internet para estar medianamente conectado y entretenido.

Como creo que ya debe de haber prescrito y tampoco creo que le importe, os voy a confesar un leve delito que le sucedió a un conocido de origen polaco. Un día me confesó que él vio una vez la tele sin licencia. Era el Mundial o un Europeo de fútbol -no quiero aportar más indicios- y aquella tarde jugaba su país. Creía -y yo lo comparto- que eso era razón más que suficiente para cruzar el límite de la legalidad. Tecleó el canal por internet, introdujo su código postal y allí estaba, en directo, ya perdiendo su selección. Ya por la noche comentó el fiasco del partido a su compañero de piso, de la misma nacionalidad. Se lamentaron y el compañero le preguntó que cómo había visto el encuentro en la casa si ellos no pagaban -es una licencia por hogar-. Mi amigo, sin ningún tipo de base, le tranquilizó. “No pasa nada”. El sentido de la responsabilidad es algo que te introducen en la conciencia sigilosamente cuando eres pequeño y de mayor es un ruido insoportable. Vamos, que esa noche no pegó ojo a cuenta de la dichosa licencia. Al día siguiente, preguntó en el trabajo y sus colegas le comentaron que no había motivo para preocuparse, que no era importante. Y les formuló la pregunta: pero vosotros, ¿pagáis la licencia? “Of course”, coincidieron. Malestar y sudores fríos eran sus síntomas.

En este punto hay que introducir dos mitos-realidades acerca de la licencia de televisión: las furgonetas espías que supuestamente detectan los hogares que ven la tele sin pagar y los inspectores que se presentan en casa para comprobar si la usas o no. Yo no he visto nada de eso ni tampoco conozco a nadie directamente que pueda dar fe de su existencia. Rebuscando por internet, sí que he encontrado que las furgonetas existieron (confiemos en Wikipedia https://en.wikipedia.org/wiki/TV_detector_van). Aparcaban en la calle y captaban ondas electromagnéticas comprobando qué hogares estaban viendo la televisión en ese momento. Como el método tampoco era infalible y no sé en términos legales si hay un sustento suficiente para poder espiarte sin tu consentimiento, aquello no es que precisamente se airera y se mantuvo medio en secreto contribuyendo a que la fábula se expandiera y para que la gente lo tuviera presente. El papel de los inspectores tampoco está muy claro. Hay personas que dicen que otras personas le han contado que los han visitado, pero ¿pueden entrar en tu casa y hacer comprobaciones? Dicen que a veces son capaces de detectar desde fuera si la televisión está encendida solo por el reflejo de los colores de la habitación. Al final todo forma parte de un gran expediente X que no estoy dispuesto a desmontar porque particularmente me fascina.

Volviendo a los sudores fríos del polaco. Tras la charla con sus compañeros, decidió desde aquel momento que nunca más lo haría: no hablar con ellos, sino poner la BBC sin licencia. Y casualidades o no, ese día le llegó una carta de la compañía que gestiona las licencias en un tono muy intimidatorio informándole de que sabían que en esa casa no se estaba pagando (no es que sean adivinos, sino que me imagino que lo podrán consultar en su base de datos) y que debía confirmar “as soon as possible” que efectivamente el televisor estaba bien apagadito a riesgo de un juicio y multas de hasta 1000 libras. ¿Y qué hizo mi amigo?

Me contó que su primera reacción fue asomarse por la ventana (vivía en un bajo) y buscar a los inspectores con su super-visión de reflejos catódicos y una furgoneta negra -las espías que circulan ahora, al parecer, son de de ese color-. Estaba todo despejado. Luego le faltó tiempo para encender el ordenador y pagar la licencia. Se sentía libre. Ahora iba a poder dormir a pierna suelta y disfrutar viendo aquel campeonato de fútbol legalmente. Polonia cayó en la primera ronda.







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