Los columpios fueron el alma de la jornada de Corpus este martes

La rebaja en los precios de las atracciones provocó una gran afluencia de familias con los más pequeños como protagonistas

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El Día del Niño supuso una fiesta para los más pequeños y un alivio económico para los padres en esta semana de Corpus | Foto: Antonio L. Juárez
Álvaro HolgadoÁlvaro Holgado
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Existe un debate dialectal en cuanto a las atracciones de feria en Andalucía. Cacharros, columpios, calesitas son algunos de los apelativos que dan razón de ser a los nombres que pueblan la otra mitad de cada recinto ferial, ajena a las casetas y la mezcla de folclore y reguetton que las acompañan. A pesar de ello, la esencia es siempre la misma. Miles de niños acompañados de madres y padres que apuran a sus hijos, no sin cierto temor, hacia el divertido vértigo de la velocidad y la altura. De esos escasos minutos no son pocos los que han construido ese reino lejano que llamamos infancia.  Prueba de ello son días como el de este pasado martes, en el que miles de asistentes poblaron el recinto de Almajáyar, grandes y pequeños, que dieron vida a una jornada de Corpus amenazada a lo largo del día por los más 30º perpetuos hasta bien entrada la noche.

Canonizado como ‘Día de los niños’, los martes de Corpus se han constituido como una jornada subrayada por los más pequeños en la programación de estas fiestas. Gracias a la bajada de precios, con una tarifa de dos euros por ticket en cada atracción, un gran número de granadinos, de todo rango de edad todo hay que decirlo, pudieron disfrutar de atracciones como La Rana, El Canguro, La Olla, El Barco Vikingo o la Mansión del Terror. Clásicos de ayer y hoy que hicieron las delicias de quienes saltaban entre los chirridos del metal y la música a todo volumen. Tras el parón vivido durante tres horas en la tarde del lunes para los niños autistas pudieran sumarse a esta tradicional fiesta local, volvió el ruido ensordecedor, en el que sólo se escuchaban los gritos de quienes se movían en todas direcciones a lo largo y ancho del cielo del recinto ferial.

Desde los pocos valientes que se aventuraron a las 17:30 horas, con el sol haciendo mella, hasta la masificación de última hora, ya al cierre de madrugada, los columpios no pararon la máquina. Entre los que se animaron a subirse a las atracciones se podían ver todo tipo de perfiles, uno tras otro. Por un lado, ya se sabe, siempre hay quien ocupa el oficio de temerario en estas lides, y la feria granadina no es excepción. El Tirachinas, esa atracción que te llevaba hasta las nubes y luego te bajaba hacia la tierra como si esta te fuera a tragar, ha mutado en otras atracciones del mismo pelaje, generando colas de adolescentes igualmente largas como cada año.  Abajo, los más prudentes se decidían entre El Tren de la Bruja y La Noria, al tiempo que los más pequeños se avezaban en las curvas del Dragón Elliot o la elegancia del Tiovivo.

La fiesta continúa con La Tarasca y el fin de semana en el horizonte

A pesar de las rebajas, no fue ni mucho menos uno de los días con más afluencia de esta semana grande, donde a las altas temperaturas del día se unió la realidad de la jornada laboral de muchos de los asistentes y el colegio de los niños, quienes a pesar de llevar sus horas de clase en el cuerpo disfrutaron lo indefinible a lo largo de la tarde.

A medida que estos iban enfilando el camino de vuelta a casa, se iniciaba la fiesta en las casetas y vibraba el albero con jóvenes y no tan jóvenes disfrutando ya en el ecuador del Corpus calculando, eso sí,  las horas de vuelo de cara a la mañana de este miércoles donde se llevará a cabo el tradicional desfile de La Tarasca y sobre todo en el fin de semana, donde se espera un lleno hasta la bandera para el colofón final de los fuegos artificiales.



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