Los alumnos del Centro San Matías recuerdan la importancia del Día Internacional de la Alfabetización

El domingo 8 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Alfabetización, donde se pretende recordar la importancia de aprender a leer y escribir para cualquier persona

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Alumnos, profesores y responsables del Centro de Educación Permanente San Matías | Foto: Sara Castano
Andrea Piñar AnguitaAndrea Piñar Anguita
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El domingo 8 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Alfabetización, donde se pretende recordar la importancia de aprender a leer y escribir para cualquier persona y la necesidad de que los gobiernos faciliten oportunidades para que todos los ciudadanos puedan acceder a una buena educación

No importa la edad, ni tampoco las circunstancias cuando de verdad se quiere algo, los años son solo un número y la situación, como mucho, una ‘coma’ en la historia de la vida de cada persona que puede continuar un poco más tarde.

Esto lo demuestran los alumnos del Centro de Educación Permanente San Matías, que a pesar de su avanzada edad o las zancadillas que la vida les haya podido poner, no pierden la ilusión por seguir aprendiendo y superándose cada día.

Alumnos del Centro de Educación Permanente San Matías | Foto: Sara Castano

Manuela García, Isabel Villanueva, Pedro Carrillo y María Nieto son una pequeña representación de todas esas personas que, en Granada, después de superar todos los retos que la vida les haya podido poner, se marcan otro que superar con nota.

Sus historias de superación, su ilusión y ganas de aprender, esa tremenda alegría que transmiten y todo empeño y cariño de estos cuatro alumnos, hacen que sus profesores no se planteen ni por un momento abandonar esta profesión.

Manuela García tiene 82 años, y cuenta que esta oportunidad “le ha dado la vida”, aunque ella vida y alegría ya la traía de serie. Esta mujer se vio obligada a salir del colegio con doce años y se dedicó a su negocio, pero nunca perdió su interés por seguir aprendiendo, por lo que cuando cerró su tienda decidió volver a clase.

Manuela García es una mujer a la que le gusta ponerse retos y no se queda solo con las clases, sino que también se apunta a todo lo que el centro oferte, informática, clases de baile, cualquier cosa para poder estar con sus amigas y seguir aprendiendo de lo que dice que para ella “es un orgullo estar en las clases”.

Isabel Villanueva comenzó porque aprender es una motivación personal para ella y eso unido al impulso de su hija, no hubo marcha atrás. “En el colegio soy feliz y me gusta mucho venir, así salgo con mis amigas, que son como mi familia y aprendo mucho” cuenta Isabel Villanueva

Salir de casa y de su rutina es lo que más motiva a esta mujer a continuar asistiendo a clase y no importa si llueve, nieva o hace frio o calor, porque ella nunca falla.

Pedro Carrillo es el más joven, 27 años, y tiene Síndrome de Down. Todas sus compañeras se deshacen en elogios para él, y no es para menos, a parte de su sentido del humor, lo inteligente que es y el cariño que desprende, también sabe cantar, bailar y hacer poesías.

“Todos los días me dice guapa y claro eso me anima” recuerda Manuela García. Pedro Carrillo tiene palabras bonitas para todos, el colegio, los profesores, sus compañeras y sobre todo a su profesora de baile Mamen de la que dice “es muy cariñosa pero lo mejor es que baila increíble”.

María Nieto es la mayor del grupo, tiene 85 años y desde muy joven tuvo que hacerse cargo de su familia cuando su madre murió y después su padre. De cuidar de sus hermanos menores pasó a cuidar de su familia cuando se casó y la situación que vivía no le permitía disponer del tiempo necesario para poder estudiar.

Un triste acontecimiento fue el que finalmente le hizo decidirse a entrar en el colegio: “La vida me ha dado muchos palos y ahora en la escuela me siento feliz” cuenta María Nieto. Dedicar su tiempo a sus clases hace que se sienta mejor y es por ello que es la más puntual de este grupo.

Estas cuatro personas, con sus historias tienen algo en común, su ilusión por aprender y coinciden en que en el centro San Matías han encontrado una familia donde compañeros y profesores son sus miembros.

El sentimiento es reciproco y la profesora del centro María Dolores, que lleva diez años con estos grupos, no cambiaría por nada estos alumnos. Le impresiona ver la alegría, el entusiasmo y el empeño que le ponen a aprender.

María Dolores procura hacer una atención personalizada a cada uno de sus alumnos, haciendo hincapié en las necesidades de cada uno de sus alumnos.

Alumnos y profesores del Centro de Educación Permanente San Matías | Foto: Sara Castano



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