«Lo estás haciendo muy bien»

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Una frase que necesitamos y deberíamos oír más a menudo | Fotos: Cedidas
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“Lo estás haciendo muy bien. No importa lo que otras personas digan ni lo que algunas piensen de ti por las decisiones tomadas, por lo que has dejado atrás o por hacer las cosas a tu manera, con pasión, estilo y carisma. Todo seguro que irá bien, aunque a veces tengas dudas de si la decisión tomada es la más adecuada. La vida es un proceso y este proceso es bello, y mientras tengas plena confianza en ti, el curso seguirá su camino en armonía, en tranquilidad. Y con ello, seguro que conseguirás lo que pretendes”. Con estas ideas, empieza un artículo de La mente es maravillosa, sobre esta frase que a veces necesitamos oír.

Estas palabras son las que a menudo deseamos escuchar en boca de alguien (jefe/a, amigo/a, pareja,…). No hay nada más desalentador que hacer bien el trabajo de uno (o una acción) y quien hace de jefe/a (o pareja, o completo/a,…) no tengan una palabra amable. Y también seguramente lo necesitamos oír.

Y seguro que nos preguntamos, ¿Por qué cuesta tanto reconocer el trabajo de los demás? Casi parece un milagro cuando tropiezas con un/a jefe/a (o compañero/a o pareja) que traslada a la realidad los mantras que nos repiten. Hay que cuidar del trabajador, a la pareja, a los amigos”. Es importante que cada persona se sienta valorada. Y más formando parte de un equipo donde su labor es imprescindible. Para ello, es imprescindible practicar la empatía.

Reconocer lo que se ha hecho bien y no señalar sólo los errores es clave. Una situación habitual es la de llevarnos una reprimenda por algún fallo. Es humano, es normal y hay maneras de lo más diplomáticas de llamar la atención. Y no es agradable. El ambiente laboral es fundamental, pero tampoco viene mal una conversación donde reconocer los esfuerzos y los logros. Por la ausencia de estos detalles, una persona puede estar muy cómodo en una organización y sentir que no sólo es un número sino que además, las ganas y el intentar hacer todo bien no sirve. No hay frutos. Ni en forma de decir «buen trabajo», “buena acción”, buena idea”.

Ello no significa que busquemos ser validados lo que pensamos, hacemos o decimos por otras personas o que el necesitarlo sea una prueba de que dudamos de nosotros mismos. A veces, un reconocimiento, un simple refuerzo positivo en el momento preciso y el instante adecuado, actúa como una caricia emocional y como un impulso vital. Todo el mundo necesita caricias emocionales. Y es que las caricias emocionales son el mejor alimento para el alma. Y utilizar las caricias como refuerzo, valoración, respeto o gratitud (caricias positivas) es muy importante. Acariciarse a uno mismo y acariciar a los demás. “Tú existes para mi. Tú eres importante”.

Por tanto, la frase «lo estás haciendo bien» o “lo estás haciendo muy bien” es esencial. Un elogio es en realidad mucho más que un simple refuerzo positivo. Es un modo de alentar a continuar, a seguir adelante, mientras alimentamos la autoestima, la confianza y la sensación de seguridad. A su vez, se erige también como una expresión que se centra en el proceso… más que en el propio resultado.

Asimismo, necesitamos de vez en cuando este tipo de interacción positiva donde, por un lado, se contiene el reconocimiento personal, y por otro, apoyo. Por ejemplo, lo necesita la madre o el padre que día a día lleva a cabo la compleja labor de crianza y educación de un hijo o una hija. Lo necesita esa persona que en un momento dado decide dar un cambio en su vida y alguien de su círculo cercano no duda en decirle que su decisión es acertada, que ese paso es todo un acto de valentía por su parte…

Para ello, lo primero es comprender, y para eso tenemos que escuchar, hacer preguntas abiertas, tener paciencia y dar crédito a la persona. No se trata de controlar, de encerrar, de calmar con fármacos, sino de establecer una relación. Esa es la clave. Y para ello, necesitamos sensibilidad y también simpatía. Necesitamos afecto para que haya efecto. Necesitamos ayuda y también apoyo.

La mayoría de las personas sensibles nos quejamos de que nuestro nivel alto de sensibilidad nos lleva más a sufrir que a disfrutar. Pero la sensibilidad también tiene ventajas increíbles. Nos permite vivir la vida a otro nivel. Porque ayuda a profundizar, a conocer, a vivir con más intensidad, a impregnarnos, a exprimir momentos que para otras personas pasan de puntillas. Pero a la vez, se sufre al mismo nivel que se disfruta.

Para poner la sensibilidad a raya:
Empezar a valorar, en lugar de criticar, lo sensible que eres.
Identificar qué personas, qué situaciones, qué detalles o qué momentos, disparan la parte negativa de la sensibilidad de uno
Aceptar y aceptarse
Decidir. Decidir cuál es nuestra línea de conducta en ese momento
Dejar pasar el oleaje.
Poder entablar también una conversación con las emociones que circulan a nuestro alrededor, pero no con la situación que nos la genera.
Cambiar el foco de atención.
La confianza es básica para que haya buena relación. Y para ello. La forma de reconocer el trabajo bien hecho por los trabajadores es algo a conseguir. Nuestra meta es llegar al final del camino, al final del proceso, satisfecho y en paz con los seres queridos y con nuestra conciencia.

Y para sufrir menos, es necesario gestionar la sensibilidad. Y mejor haciéndolo con el estribillo de la canción de Semen up:

Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien.



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