Literatura de la China sanadora

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Imagen ilustrativa | PixaBay
Men Marías @MenMarias
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«La no existencia es el principio de la tierra y del cielo.»

Tengo un amigo formándose en Qigong. Es una de esas personas muy, muy (muy) insistentes que cuando descubren algo no paran hasta que lo pruebas. Pues bien, el pasado sábado al fin me animé y accedí a que me dirigiera en una sesión. El Qigong está compuesto por técnicas de la medicina tradicional china que unen mente, respiración y ejercicio físico y se encaminan al mantenimiento de la salud. Qué maravilla, oigan. Ahora entiendo tanta insistencia. Imagínense el estado de paz en que terminamos que, más tarde, entre cerveza y cerveza, ni siquiera aparecieron palabras como VOX, Juan José Cortés, Venezuela o taxistas. Nada. Todo era paz. El famoso wu wei de los taoístas, el «no hacer».

Me duró hasta el día siguiente, para qué engañarnos. Lo volví a intentar yo sola en casa con el gato y mi marido mirándome con cara rara, pero ya no me salía y, lejos de relajarme, acabé de los nervios. Fue entonces cuando decidí recuperar algunas lecturas que hacía meses que no hojeaba, lecturas que, de una forma u otra, nos transportan a la China más sanadora.

Bruce Lee no nació en esta región sino en San Francisco (California), pero todos conocemos su ascendencia. Si bien sus facetas más conocidas son la de maestro de las artes marciales y actor, Lee Jun-Fan nos dejó textos que todo el mundo habría de leer al menos una vez en su vida. Principalmente me refiero a su obra Pensamientos extraordinarios. Me atrevería a decir que el éxito de Bruce Lee radica en que entendía la vida desde el cuerpo y no desde la mente, algo profundamente complicado y que no está al alcance de cualquiera. A través de una serie de aforismos (unos ochocientos) recorre la espiritualidad, la liberación personal, la familia, el ser humano y otros asuntos regalándonos sus claves de acción (o de no acción). No utilizo la palabra «regalar» de forma gratuita, literalmente es un regalo lo que este maestro dejó al mundo en su obra. Un regalo que no tenía obligación de conceder y que desde el primer párrafo, dedicado a la vacuidad, desprende amor hacia la raza humana.

Las Nei Jing o Cuestiones básicas de Medicina Interna se componen de una recopilación de escritos médicos fechada en el año 1400 a.C. Me referiré en exclusiva al primer libro pues es el único que he leído. El Su Wen consta de dieciocho partes en las cuales el Emperador y su médico dialogan sobre diferentes asuntos: enfermedades, medicamentos, diagnósticos, tratamientos… comentando diferentes prácticas como la acupuntura o la herbología, todas ellas con finalidades terapéuticas. En consonancia con la filosofía china, el médico nunca se refiere a zonas concretas del cuerpo, pues la enfermedad responde a una descompensación general del organismo y, por tanto, ha de tratarse al completo. Más que recomendable, y, sobre todo, más que útil para la vida diaria.

El Tao Te Ching (atribuido a Laozi) es uno de los clásicos chinos más conocidos, y su fama es más que merecida. A pesar de no ser un texto largo, al menos en su primera lectura, nos ocupará bastante tiempo. La cantidad de conceptos para asimilar así como sus enseñanzas son terriblemente altas. Este es uno de esos títulos que tengo esparcidos por casa de forma que, a veces, lo tomo para leer un pasaje y le concedo el tiempo necesario para que asiente. Meses. Años. Su centro es la búsqueda del vacío, común al budismo y al confucianismo. En torno a esta búsqueda giran el uso de la fuerza, la riqueza, la preocupación, la victoria o la guerra, el control, la sabiduría, el retorno y numerosas cuestiones que son tan sanadoras —insisto, cuando asientan, no es un libro para sentarse a leer como una novela— como cualquier técnica terapéutica.

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