La urgencia del Gran Pacto Verde de la UE

gente y turismo en Granada
En Granada se prevé un descenso del turismo del 81 por ciento con respecto al anterior ejercicio | Foto: Antonio L. Juárez
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Las cifras de víctimas y afectados avanzando, el Gobierno atolondrándose para definir el formato 1-1-1 que permitirá la salida de nuestros imberbes a partir de este domingo, la oposición afilando zarpazos… y los expertos dibujando un panorama aterrador sobre la devastación que nos vamos a encontrar el día en que la sanación de enfermos deje de ser la prioridad. A las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), que pronostica una caída del 8 por ciento del PIB se sumaron las del Banco de España, más sombrías, que aumentan el retroceso hasta el 13 por ciento. Y ahora, en estos días, hemos conocido una traslación de esos negros augurios al particular de la economía provincial.

En el caso de Granada, los profesores Teodoro Luque y José Alberto Castañeda, de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, trazan un escenario descorazonador: una subida desbocada del paro hasta el 37 por ciento como consecuencia de esta paralización de la economía y una caída de la renta por debajo de los peores momentos de la anterior crisis, la de 2008. Temíamos en esta recóndita columna que los efectos de este episodio del coronavirus iban a dejar en un chiste los de hace doce años. He aquí el comentario trasladado a la opinión y el lenguaje de los expertos, basados en datos del Observatorio Turístico, los informes Exceltur, el Anuario Estadístico de Andalucía y las tablas Input-Output de la región, entre otros documentos.

No deben extrañar estas conclusiones si están basadas en un descenso del turismo que se calcula en el 81 por ciento con respecto al anterior ejercicio. Traducción a moneda contante: reducción de 671 millones de euros en impacto directo en la actividad y otro adicional, de 1.701 millones, desde el ámbito de la producción. Un 8 por ciento del PIB provincial. Que conllevará la pérdida de 22.000 puestos de trabajo, desde el 19 por ciento actual hasta acercarse al 27 por ciento de la población activa. Uno de cada cuatro -para que nos hagamos una idea- de personas en edad de trabajar, en paro. Y esto, en el cálculo más optimista. Hay otros índices y datos que dan más pavor…

Dice el estudio que sería necesaria una profunda reflexión en el sector servicios, en el que hemos fiado las bases de nuestro desarrollo, el más frágil ante cualquier escenario imprevisto, tan imprevisible como este año del coronavirus. Lo primero, acometer medidas estructurales que ajusten la desmesurada oferta, un modelo sostenible y no cuantitativo como el que triunfalistamente se mostraba estos últimos años. Un nuevo concepto de servicio turístico, en definitiva.

Es el momento, por tanto, del ‘EU Green Deal’, el Gran Pacto Verde de la Unión Europea, que planteaba Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, a mediados de diciembre pasado, cuando todos vivíamos ajenos a lo que se avecinaba. Aprovechar el problema para convertirlo en oportunidad llevando a la práctica las cincuenta medidas propuestas para una economía limpia, con emisiones cero y protección del hábitat, en una acción que tome la iniciativa en la defensa climática del Planeta, mejorando de paso el bienestar de las personas y de las empresas. Von der Leyen no ahorró en calificativos cuando presentó hace más de cuatro meses este ambicioso plan: se trataría del ‘hombre en la luna’, en parangón con aquel otro esfuerzo de la ciencia en los años sesenta.

Declarada la emergencia climática por el Parlamento Europeo en noviembre pasado, se trata de traducir en hechos la opinión ampliamente compartida por la opinión pública en la UE: el 93 por ciento aprecia la gravedad del cambio climático y hasta un 79 por ciento considera “clave” afrontar actuaciones para frenarlo. Se habló entonces de la creación de un fondo de transición de hasta 100.000 millones de euros, que representan solo el comienzo: hasta 2030, horizonte de las actuaciones, se necesitarían otros 260.000 millones anuales, que se financiarían con aportaciones también de la iniciativa privada.

He aquí un buen punto de partida para la recuperación. La recuperación económica, digo. Porque también es prioritaria la recuperación de la confianza en la Unión Europea, deteriorada por su inacción en momentos de crisis. Y una llamada a rebato a todas las fuerzas política. La prioridad es frenar y erradicar la pandemia. Pero a la vez que se afronta esa batalla es necesario que en paralelo se trabaje en ideas, propuestas e iniciativas con las que combatir los efectos de esta crisis, que comentábamos en los primeros párrafos de esta recóndita columna. Dudo que lo hagan, porque si nuestra clase política no ha estado a la altura de las circunstancias en el momento más trágico de las últimas décadas, ¿por qué vamos a confiar en que sabrán reaccionar ante la magnitud del escenario de devastación que nos espera?





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